jueves, 29 de diciembre de 2016

Reseña: Un gato callejero llamado Bob - James Bowen

Hay muchas historias alrededor del origen del mundo en el que vivimos, y quizá la de mayor resonancia sea la teoría propuesta por la religión cristiana, en la que un ser todopoderoso creó el universo, nuestro planeta y a todos los que en él vivimos en un lapso de siete días.

Desde ese séptimo día en que todo estuvo consumado, no hemos estado solos en la tierra, y no me refiero a término personales, sino como especie. El creador se encargó de darnos compañía y sustento gracias a los animales y las plantas que también son habitantes del planeta Tierra al igual que nosotros, así nos empeñemos en sentirnos todopoderosos y reyes indiscutibles de lo que nos rodea.

Con el paso del tiempo y el desarrollo del pensamiento humano, diferentes civilizaciones han tomado figuras animales como deidades y parte central en la estructuración de su mitología. Un hombre con cabeza de león llamado Apedemak, un toro sagrado de la fertilidad llamado Apis, un macho de cuernos largos como personificación de la abundancia llamado Cernunnos, un murciélago chupasangre llamado Dúkur Bulu o una cabra representante de la divinidad rural llamada Egipán.

Apedemak, Apis, Cernunnos y Egipán
Quizá por la cercanía generada por los procesos de domesticación en los que se han visto envueltos, o por la magia que esconden sus ojos impenetrables, los gatos son en la actualidad los animales más populares del mundo (y por supuesto, nuestro reyes sin discusión), y una de las figuras más representativas de la mitología universal gracias a dioses como Bastet, Sekhmet, Freyja, Li Shou o los bakeneko, entre otros.

Indómitos, seductores, apacibles, perezosos, fieles, insaciables, hedonistas, cautivadores, selectivos, ágiles, inteligentes y mil cosas más. Es prácticamente imposible resistirse a un felino.

Los bakeneko, Bastet y Sekhmet
Pero la relevancia de los gatos no queda ahí. De la mano de la literatura, el cine y la televisión, personajes como Hello Kitty, el gato con botas, Chesire, los aristogatos, Garfield, Bola de nieve, Silvestre, Tom, Félix, Don Gato o Doraemon se han ganado un papel en la historia y en nuestra memoria.

Chesire, Doraemon, Félix, Garfield, Hello Kitty y Silvestre
El mundo avanzó a pasos agigantados y gracias a la tecnología las puertas de los medios de comunicación se abrieron a todo aquel con algo por mostrar, y eso le abrió paso a personajes del común al estrellato, y por supuesto los gatos no son ajenos a este interesantísimo fenómeno. Nala, Coby, White Coffee, Grumpy Cat, Pusheenn, Meredith (la gata de Taylor Swift), Tama o Maru aparecen en los feed de las diferentes redes sociales que visitamos diariamente, usualmente por las cosas que hacen y definitivamente por el hecho de ser abrumadoramente enternecedores.

Meredith, Grumpy cat, Nala, Maru, Tama y Pusheen
Del mismo modo en que nuestro universo tuvo un origen, la relevancia de los gatos en el mundo de las redes sociales también lo tiene. Quizá hubo otros antes que él, pero estoy seguro que gracias a Bob todo cambió para los felinos.


Este personaje saltó a la fama a nivel mundial gracias a los videos que le tomaba la gente en las entradas de diferentes estaciones del metro de Londres, en las cuales acompañaba a James Bowen, músico callejero, vendedor de periódicos y autor de "Un gato callejero llamado Bob", el catseller más vendido de la historia (también llevado a la pantalla gigante), protagonista de esta reseña.


Aquí nos encontramos con un relato autobiográfico en el que Bowen nos cuenta cómo un gato llamado Bob, quien un día apareció frente a la puerta de su apartamento en Londres, llegó a su vida para ser pieza clave en su proceso de transformación.

Este es un libro sencillo en todos los aspectos que puedan imaginarse. El lenguaje es sumamente digerible, la trama es muy cotidiana y ciertamente plana, y el texto no tiene mayores complicaciones ni giros inesperados. A primera vista podríamos aseverar que estamos ante un libro sin alma y algo vacuo, pero no es así, pues este posee un grado de emotividad envidiable.

El fuerte de la historia de este hombre en pleno proceso de rehabilitación a su adicción a las drogas es el tinte de superación personal que sin querer venderse ni mostrarse de ese modo, termina entregando. Aquí no tratan de decirnos como debemos actuar para cambiar nuestra vida, ni de darnos pasos para ser mejores personas, o mucho menos adoctrinarnos en una serie de rutinas para hallar nuestro equilibrio emocional, sino de ponernos frente a un relato sincero e íntimo de la travesía desde la oscuridad a la luz de un hombre común y corriente, el cual es realmente valioso de cara a ejercicios de reflexión frente a la vida. Un libro girar las tuercas de tu pensamiento, sin necesidad que en la portada, la sinopsis o el contenido se repita hasta el cansancio que te va a cambiar la vida.


Todo en la existencia de James sigue un curso normal entre sus jornadas de conciertos improvisados en diferentes estaciones del metro de Londres y sus visitas al centro de rehabilitación que sigue su proceso, hasta que un día un pequeño compañero de tonos naranja (¿sabían que los gatos de este color suelen ser más activos y juguetones que los demás?) algo maltrecho, está sentado sobre el tapete que está frente a la puerta del apartamento en el que vive. Sin importar lo que cada uno hubiese hecho antes de conocer al otro, ambos deciden que de ahí en adelante sus vidas estarán ligadas. No imaginan la impensable y encantadora relación que este par nos regalan. Tal como dice James en un paraje del libro, "no hay nada más bonito que encontrar a alguien, y que ese alguien también te encuentre a tí".

El día a día de este par de amigos está lleno de situaciones algo divertidas, muy tiernas, y ante todo, agradecidamente inspiradoras. El grave problema del asunto, es que el desarrollo de la novela y el transcurrir de las acciones se siente demasiado repetitivo en gran parte del libro, lo que sin duda alguna termina afectando la experiencia de lectura.

Pero si hay algo que me agradó de esta propuesta, y de todas las que incluyen animales, es que generan conciencia respecto de la relevancia y el papel que juegan estos compañeros de vivienda en lo que somos como personas, y los efectos positivos que pueden llegar a formar en nosotros. Conozcan a Bob. Cuiden a los animales. Protejan a los que tienen la calle como su hogar. Aprendan de ellos.

"Un gato callejero llamado Bob" es un libro que se lee en par patadas, que logra entretener al lector y aportar algo con base en las lecciones de vida que trae implícitas. Nunca subestimen lo que puede lograr el maullido de un gato, bien dicen por ahí que ellos son los verdaderos dueños del mundo.


Tomada de enelnombredelgato.com


Reseña: El despertar de la sirena - Carolina Andújar

La mitología hace parte de nuestra cultura y por ende, de nuestro ser. La mayoría de mitos con los que hayamos tenido la oportunidad de interactuar, y también esos que ni siquiera sabemos que existen, tienen en su mayoría una connotación sagrada y fantástica, que podríamos asemejar a lo religioso. La mitología es una huella imborrable en la historia.

Nace de la tradición y, en su mayoría, de ese incansable intento del ser humano (y quién sabe de que otras especies) de explicar algo para lo que aún no se ha escrito ni determinado una explicación de fácil entendimiento.

Los mitos son explosiones de imaginación que demarcan de manera importante las diferentes etapas de la historia universal, así como la identidad y forma de pensamiento de los diferentes pueblos (entendido esto como grupos humanos) que han habitado nuestro planeta (nórdicos, griegos, egipcios, romanos...).

Gran parte de las cosas que inmersas en las expresiones artísticas que se han elaborado durante los años y que han marcado al ser humano en sus diferentes facetas, han devenido de la influencia y la magia de la mitología, incluida la literatura.

Hoy vamos a hablar de una autora que ha tomado éste como el insumo base para creación de su obra. En esta oportunidad vamos a hablar de "El despertar de la sirena", el tan esperado regreso Carolina Andújar, la autora nacional más aclamada y seguida por el público juvenil colombiano.

Aquí nos encontramos con la historia de Casandra, quien emprende un viaje en el cual tendrá que atravesar el océano (al que tanto le teme) con el fin de reencontrarse con su abuela Marion en la costa del mar Báltico. En este trayecto, y durante el tiempo que pasa en la casa de su familiar, Casandra verá como su aversión al océano y al mar (y todo lo que tenga que ver con agua) llegará a otro nivel al conocer a Jūratė.

Mi primer y único acercamiento previo con el trabajo de la autora caleña se dio con "Pie de bruja", que si bien no terminó por atraparme del todo debido a su inclinación hacia el romance, si me dejó clara lo avezada y comprometida que es Carolina Andújar en esto de no solo incluir referencias mitológicas en sus libros, sino construirlos a partir de ellas.


Todo transcurre entre Alemania (país natal de Casandra) y Finlandia (lugar en donde la acción tuvo lugar) hace muchos, pero muchos años; tantos que había que esperar meses para recibir con alegría desmedida una carta que había viajado cientos de kilómetros dentro de algún navío proveniente de otro lugar del planeta. 

La contextualización de la historia en términos temporales y geográficos, y los detalles característicos incluidos dentro del desarrollo de la trama al respecto, son realmente destacables. La construcción de las relaciones interpersonales y la forma de ser de cada personaje son muestra clara de la época en la que viven, y demuestran el juicio y la disciplina con la que la autora ha trabajado en este proyecto. El amor (instantáneo como muchos lo denominan) que surge entre dos de los partícipes principales, la inocencia e ingenuidad de Casandra, entre muchas otras cosas, son propias de un momento en el tiempo en el cual las vías de comunicación eran mil veces más restringidas y el globo terráqueo se dibujaba en tamaño familiar. Acierto total la inclusión de estos detalles que saben a novela histórica y que realmente aportan valor a la obra.

La de Ámbar es una antigua leyenda lituana que puede clasificarse dentro de la mitología nórdica. En ella nos cuentan la historia de la diosa del mar, una sirena que no sabía lo que era el amor verdadero hasta que conoció a Kastitys, un pescador que solo con su mirada le robó el corazón (bueno, este es un pequeño resumen, espero no me crucifiquen por ello). Jūratė, quien es la protagonista de esta leyenda, es a su vez uno de los personajes centrales en la novela de Carolina Andújar, quien no se queda en volver a contar la historia o en darle ciertos tintes para hacerla ver distinta, sino que le da la vuelta completa al asunto para ofrecer un relato fresco, sombrío y (casi) totalmente diferente.


Pero Carolina no se queda con darle tintes históricos a su narración mitológica, sino que le introduce detalles contemporáneos y realistas que lo único que hacen es hacerla más disfrutable a la lectura. Críticas tímidas a la religión, un esbozo claro del sistema político y el papel de las masas en la construcción de una sociedad, una visión completa del amor (no solo cogida de manos, flores y chocolates, sino todo lo que este sentimiento encierra), y muchos otros detalles que se encontrarán en estas pasadas 100 páginas.

Estamos acostumbrados a la figura de la sirena pacífica y enternecedora que nos pintó Disney con Ariel (La sirenita), pero aquí nos encontraremos con un ser matizado de forma precisa entre el deseo, el sufrimiento, la añoranza y el duelo. La vida de Jūratė, y ella en sí misma, es quizá el punto más fuerte de toda la obra, pues le da a una historia romántica un toque de sensatez que la hace diferente de la gran mayoría con la que nos encontramos en las librerías. 


Lanzamiento del libro en Bogotá
Hay algo en lo que no me sentí tan a gusto con el libro, y es que deja muchos detalles clave en la construcción de personajes y situaciones en el aire, lo cual hace que varias cosas con las que nos vamos encontrando se sientan fortuitas y poco soportadas. Quizá unas cuantas páginas más hubieran aliviado este efecto. 

Finalmente, y algo que aplaudo en lo que es esta mujer como autora y en la apropiación que tiene del papel que desempeña, es la relación que tiene con sus seguidores y que es notoria en esta obra. Según cuenta Carolina, la base del tratamiento del amor que se da en su libro proviene de las historias que vivieron varios de sus lectores. Brillante mujer (y si no me creen, síganla en twitter y enamórense).

"El despertar de la sirena" es un texto corto en papel, rico en ideas y con una prosa elegante. Un viaje aterrador, tremendamente jocoso (Reijo es EL personaje), preciso, aterrizado y bien logrado. La puerta que necesitaba para meterme de lleno en el mundo de Carolina Andújar.

En Colombia hay talento y letras para todos. Eso lo reafirmo día tras día.






miércoles, 28 de diciembre de 2016

Reseña: Canción de dos mujeres - Gonzalo Mallarino

Hace poco hablamos y aún no sé como sentirme al respecto. Creí que ya todo había muerto, y eso me hace aún más iluso de lo que pensaba, porque nunca nació nada; nunca vimos la luz a pesar de que la tuvimos a una palabra de distancia.

Nos miramos a los ojos con un café haciendo las veces de celestino, y aunque mi voz nunca se quebró y no hubo titubeos en mi discurso, el ritmo de mi centro cardíaco era el esbozo más claro de lo que estaba sintiendo.

No había nada particular en el ambiente, ni una cadencia especial en sus palabras, pero sus ojos azules y su sonrisa maciza fundían mis sentimientos en una preparación inexplicable entre nervios, deseo y añoranza. Llevaba décadas soñando con despertar a su lado, hacernos uno en las noches y volar en nuestros ratos libres a conocer el mundo. Pero ese sí nunca llegó aunque lo tuvimos atorado en la garganta, rogando por salir con cada cosa que decíamos y ahogándose entre todo lo que callamos. Me fui con muchas preguntas y sin haber solucionado ninguna de las dudas que todavía me albergan.

Y hoy mientras los buses van cargados de conversaciones y silencios, la lluvia hace las veces de banda sonora en esta escena de la cual soy protagonista sin saber qué papel se me asignó. La pantalla de mi celular se enciende y veo su nombre junto a un mensaje muy claro. Hoy, en lados diferentes del teatro, quizá quede un acto que podamos preparar.

Las letras me han llevado a conocer mil universos, interiorizar mil sentimientos y problematizar mil realidades. Pero dentro de esos miles y miles en la cuenta había un pendiente que quería marcar en mi lista. En esta oportunidad vamos a hablar de "Canción de dos mujeres" del poeta y escritor colombiano Gonzalo Mallarino.

Aquí nos encontramos con la historia de Adriana, quien gracias a una beca está en una ciudad de Europa estudiando su doctorado, y Ana, una solitaria estudiante de pregrado que trabaja en un museo de esa misma ciudad. Años después de que ambas coincidieran, Adriana desde su habitación en Bogotá nos cuenta los pormenores de la historia que juntas vivieron.

Si hay algo claro y que se nota a leguas en la lectura de este libro, es la influencia del oficio de poeta de Gonzalo Mallarino. Con una prosa abiertamente cercana a lo lírico, esta novela se fabrica y avanza entre versos desesperados y agónicos de una relación de amor bastante particular y emotivo.

Cada parte de esta historia tiene una esencia diferente y un desarrollo muy propio que hace hasta cierto punto irreal que terminen conectándose, pero en eso también es acertada la propuesta del autor, pues el amor es inesperado e ineludible, y este canto afectivo así lo profesa.

Ana y Adriana son caras de la moneda totalmente opuestas, pero al fin y al cabo monedas, que personifican los diferentes roles que se pueden llegar a asumir cuando decidimos compartir nuestra vida sentimental con otra persona. Quizás el modo en que actúan se sienta algo extremo y los pensamientos que las rodean sean desmedidos, pero eso es lo interesante de la literatura, pues abre la posibilidad de contarnos los que somos y prever lo que podemos llegar a sentir, sin limitación ni prejuicio alguno.

Hay un par de elementos que acompañan las notas y las voces con las que las trovadoras del siglo XII nos van narrando este romance, y que hacen tremendamente interesante el recorrido por la nostalgia de las calles del viejo continente: el arte y la música (entendida esta última como la poesía misma). Todo se va construyendo con base en ellas, y lo que no les compete, igual termina siendo permeado y elucubrado al ritmo que ellas propongan. Leemos a este par de mujeres inquietas, marchitas y expectantes, mientras sus voces nos entregan melodías inesperadas e inspiradoras.


Lo que se desencadena en este libro es una pequeña pero portentosa definición del amor sin etiquetas y sin apellidos en sí misma. Todo labra poco a poco ese concepto universal, espectral y lleno de aristas que hace parte de nuestro día a día. Todo baila en una sincronía excelsa por una ruta drásticamente real y dolorosamente tangible.

Pero además del amor, hay otro protagonista implícito que ronda las pasadas 100 páginas de este libro y que en algún resquicio de tiempo ha dormitado a nuestro lado y ha sido nuestro compañero en el camino así no goce de toda nuestra estima. La soledad es uno de los hilos conductores de esta crónica amatoria, y se presenta de manera genuina y práctica.

"Canción de dos mujeres" es un poema extenso y dibujado de novela muy bien lograda en la cual dos sentimientos opuestos y extrañamente complementarios se revelan de manera notable. Una de las mejores lecturas de mi 2016.



lunes, 26 de diciembre de 2016

Reseña: George - Alex Gino

Parece que desde el preciso momento en que la mujer recibe la noticia de que lleva una vida en su vientre, la sociedad entera toma un aparato, lo carga y nos llena de etiquetas por todos lados. Tener características particulares y cosas que nos diferencien no resulta nada malo, al fin y al cabo no somos iguales así tengamos muchas cosas en común. El problema es que esas diferencias muchas veces se establecen como estigmas que nos marcan y nos hacen objeto de burla y rechazo.

Ya sea por nuestra estatura, forma de caminar, manera en que hablamos, cómo nos comportamos, aspecto físico, lo que callamos, lo que no hacemos, o por cualquier cosa que puedan llegar a imaginar, estamos abiertos a ser discriminados.

He sido víctima y victimario. He padecido con el uno y "disfrutado" con el otro. He aprendido que una palabra mal dicha o en el momento inoportuno puede ser el detonante que termine por arruinar una vida, u otra proferida en el instante indicado puede llegar a salvarla. Voy asimilando poco a poco las lecciones que he recibido, las bofetadas que me han dado y las que aún faltan por llegar. Día a día intento ser más tolerante y comprensivo, pues estoy convencido que aunque somos muchos y muy distintos los unos de los otros, hay un lugar para cada uno, y qué mejor que ayudar a que todos lo disfrutemos al máximo, con el respeto como bandera.

De a poco mi colección de libros con protagonistas y tramas cercanas al universo LGBTI (o las siglas utilizadas en su país) ha ido creciendo, y el día de hoy vengo a hablarles de "George" de Alex Gino, uno de los ejercicios más interesantes con los que me he encontrado al respecto.


Aquí nos encontramos con la historia de George, una chica de 10 años que no se siente identificada con el cuerpo con el que nació. En su escuela están preparando una obra de teatro en la cual él desea personificar el papel principal, y esa búsqueda lo llevará a ver qué es lo que realmente quiere en la vida.

Este es un libro que seguramente fue concebido para chicos de entre los 7 y los 11 años, y Alex Gino lo trabaja de manera perfecta para ese público objetivo. La narrativa con la que nos encontramos es agradable, amena y muy sencilla, y la terminología utilizada y las explicaciones derivadas de ella son apropiadas y entendibles.

Sin embargo, y a pesar de lo tremendamente simple que puede resultar la historia como tal (la participación de George en la adaptación de su escuela a "La telaraña de Charlotte"), considero que la manera en que es tratada la problemática central del libro y las aristas que se tocan, de cara a una sociedad tan prejuiciosa como la nuestra, es particularmente adecuada para visibilizar y ayudar a problematizar la transexualidad a cualquier tipo de público.

Pero sin duda alguna esta sencillez que permea todo el texto puede llegar a ser un grave problema para la obra, pues de cara a un público más conocedor o exigente quedarán muchas explicaciones sin darse, y varias de las cosas que se comentan puede parecer algo banales e incluso mal planteadas. Y sí, tienen toda la razón, en "George" no hay un alto grado de profundidad en la ejecución problemática del libro ni mucho a menos un estudio pormenorizado de la cuestión que se está abordando, pero no creo que ese haya sido el objetivo del autor, y tal como ya lo mencioné antes, de cara a un ejercicio introductorio y de generación de conciencia, "George" resulta muy adecuado.

Todos hemos sido niños y sabemos lo que eso significa, y desde esa perspectiva es que deben ser observados los personajes de esta historia. Desde uno u otro flanco, todos los partícipes de la realidad de George terminan viéndose involucrados en lo que durante sus días de colegio vive, y eso es algo bastante agradable, pues nos permite identificarnos con ciertas situaciones y ciertos roles que hemos asumido en ese mismo sentido. A pesar de que George es el protagonista, no puedo dejar de profesar mi amor por la encantadora Kelly, quien es su mejor amiga y mi personaje favorito. Ojalá puedan conocerla y saber lo fabulosa que es.

En mi país la realidad para las personas homosexuales y transexuales no es nada fácil, y me atrevería a decir que si "George" se llevara a cabo por esta zona del mundo, quizá la historia pudo haber sido mil veces más cruda. Lo anterior no se da con el ánimo de demeritar lo hecho por Alex Gino, pues el desarrollo que le da a su novela es correcto para la contextualización que tiene la misma, sino para tratar de mostrarles que tenemos mucho por trabajar en la construcción de una sociedad más incluyente para todos, y que cada uno de nosotros tiene la tarea de ayudar a la consecución de este objetivo. Sé que no es fácil pues tenemos metida hasta la médula una filosofía bigénero y un régimen heteronormativo, pero vaya, no es más que sentarse a ver el mundo y evaluarnos a nosotros mismos para darnos cuenta en el lugar en el que nos encontramos y la diversidad social que nos cobija.

"George" es una novela que dentro de la sencillez y la ternura que la revisten, enfrenta de manera sobresaliente una temática tan fuerte en nuestros días como lo es la discriminación sexual o de género. Un libro que seguramente tendrá mayor efecto si se lee en familia y se digiere de manera concienzuda, observando el mundo que nos rodea, y dejando en el cajón de los recuerdos los prejuicios que hemos alimentado con los años.



jueves, 22 de diciembre de 2016

Reseña: El dragón blanco y otros personajes olvidados - Adolfo Córdova


Habiendo recuperado casi todas las partes de la destruida puerta blanca con flores rosadas que servía de túnel dimensional entre el mundo de los monstruos y el cuarto de Boo, Mike Wazowski se la presentó a su mejor amigo de toda la vida, James P. Sullivan, quien se quedó inmóvil al verla. Sully guardaba en su carpeta de indicadores un dibujo que Boo había hecho de sí misma junto con la única pieza que faltaba para que la puerta estuviera completa.

Desde el día en que se despidieron, Sully se recostó en su cama todas las noches pensando en lo felices que fueron los días cuando esa pequeñina de coletas y blusa violeta le enseñó el verdadero sentido de la vida. Cada jornada acompañaba a Mike en su búsqueda de energía a base de la risa de los niños deseando poder volver a ver a Boo, y la oportunidad estaba en ese pedazo de madera que mantenía muy cerca a cada minuto de la jornada.

El grandulón de pelos atrevidos y sonrisa enternecedora encajó su pieza en la estructura que tenía al frente, mientras el jocoso demonio de un solo ojo le avisaba que la luz roja estaba encendida. La conexión entre la habitación de Boo y el mundo de los monstruos estaba restaurada.

Sully abrió lentamente la puerta, temeroso y a la expectativa de lo que pudiera haber del otro lado. ¿Boo aún se acordaría de él?, ¿habría cambiado de casa?, ¿lo odiaría por haberla abandonado?, ¿realmente todos los juguetes en esa habitación estaban libres de toxicidad humana?

Tomada de snopes.com

La puerta se abrió y Sully vio que todo era tal como lo recordaba, con un tapizado de líneas franjas rosadas gruesas y otras de color blanco un poco más delgadas con flores en su interior, el suelo minado de juguetes y obras de arte infantiles decorando el espacio.

Boo acababa de lavarse los dientes y recibir el beso de buenas noches de su mamá, pero no tenía sueño. Llevaba semanas soñando con todas las aventuras que había vivido del otro lado de la puerta de su armario, y dibujando a esos seres extraños que la habían acompañado. De la nada, sintió el chirrido de la puerta al abrirse y con todo el valor ganado luego de vencer al monstruo reptil Randall, centro su vista en la puerta dispuesta a todo, pero lo que vio, no hizo más que hacerle latir el corazón de emoción.

Sully escuchó un "Gatito" que le pintó la sonrisa más grande de su vida en el rostro, y lo hizo correr de emoción a abrazar a la pequeña Boo. Ese pequeño cuarto se transformó de pronto en un campo azucenas y tulipanes en donde el sol brillaba con fuerza y el viento mecía el césped ante la carrera de las mariposas de miles de colores que competían por quedarse con el mejor polen. En el centro de todo, un abrazo fundido y silencioso entre dos seres de características y mundos diferentes que se amaban de un modo fraternal e inexplicable.

Al separarse, Sully notó parte del pelaje de su pecho aplastado por el efecto de las lágrimas de la pequeña que lo miraba extasiada. Él apartó cuidadosamente los juguetes del suelo pues sabía que cualquier ruido podría hacer que los padres de la niña fueran a revisar, y ahí sí que tendría problemas.

Boo se sentó en el suelo junto a Sully, y le entregó un oso mediano de peluche de color morado y olor a fresa, mientras ella se corrió por el vaquero que yacía junto a la puerta por la que su amigo había entrado hace un rato.

Habían pasado meses desde la última vez que se vieron, pero la conexión entre ambos seguía latente. Entre juegos, risas ahogadas y muchos abrazos, este par amigos volvieron a ser felices.

Sully no supo si habían pasado minutos u horas cuando Boo dio su último bostezo y cayó profunda entre sus brazos. Él la recostó en la cama junto al oso y al vaquero, y luego de abrigarla lo mejor que pudo, le dio un beso en la frente y regresó de nuevo a su mundo.

Pero ese no sería el único reencuentro que le esperaba a la niña quien dormía plácidamente, pues contra todas las apuestas y atravesando casi medio mundo, Randall había logrado dar con su paradero, y se disponía a irrumpir en la casa por el tubo exterior de la chimenea con el único objetivo de saldar las cuentas pendientes que tenía con Sully desde la universidad...


Hay libros, películas, obras de teatro, novelas, series y videos musicales que al terminar, me dejan muchas inquietudes, y la más recurrente de ellas es qué pasaría más adelante con la historia que se estaba contando, especialmente con la de aquellos personajes que sin ser protagonistas, son realmente significativos en el desarrollo de todo. Actualmente la literatura infantil y juvenil está recibiendo una oleada de retellings que están dando nueva vida a los cuentos con los que muchos crecimos, y es allí donde me encuentro con "El dragón blanco y otros personajes olvidados" del mexicano Adolfo Córdova.

Para iniciar, debo destacar la presentación de este libro y de gran parte de la colección infantil e ilustrada que maneja el Fondo de Cultura Económica, pues es de altísima calidad a un precio tremendamente competitivo. Si quieren dar un buen regalo y no quedar endeudados, pueden pasarse por el catálogo del FCE y encontrarán muchas cosas interesantes.

Aquí nos encontramos con seis personajes secundarios de varias de las historias más importantes de la literatura infantil y juvenil, que nos cuentan cómo llegaron a ser lo que conocimos, o qué pasó luego de leer el punto final en donde ellos no eran protagonistas.

Un gato sonriente proveniente del país de las maravillas, un dragón blanco habitante de un mundo interminable, una niña de pelo turquesa vecina de un pequeño al que le crecía la nariz cuando decía mentiras, un príncipe a quien un saco sin terminar le jugó una mala pasada, un mono volador amigo de un león y un hombre de hojalata, y unos adultos que recuerdan con nostalgia esos años en que anduvieron perdidos por tierras desconocidas, son los héroes de este libro.

Adolfo Córdova construye grácilmente seis historias cortas completamente inéditas a partir de las bases ya planteadas por otros autores en relatos que muchos ya hemos al menos escuchado mencionar. 


Los mundos que el autor levanta para cada uno de los homenajeados son particularmente interesantes y agradecidamente apegados a la narrativa de sus historias origen, sin que esto dé la percepción de estar visitando lugares comunes y ya recorridos. Resulta emocionante verse de repente en un tren de pensamientos mientras los cisnes se hacen hombres y los platos están completamente vacíos en una cena en la que todos están satisfechos sin haber probado bocado alguno.

Hay otra cosa que se mantiene firme respecto a los cuentos de los que estos personajes surgieron, y es la intención de transmitir un mensaje que sirva de enseñanza para el público objetivo que son los niños en paso a la adolescencia (y si el efecto se traslada también a los más grandes pues mucho mejor). Cada una de las historias cuenta algo fantástico y entretenido, sin dejar de lado ese trasfondo reflexivo y social tan necesario. Se abordan temas tan relevantes como la amistad, la aceptación, el derecho a recordar y la libertad de expresión, entre muchos otros.

Las tramas son bastante sencillas y pueden calar perfectamente en todo tipo de público sin importar la esfera por la que se mueva, pero no pasa lo mismo con el lenguaje utilizado que también se mantiene firme respecto a las historias origen, pues por momentos se siente demasiado elaborado y no tan ligero como debería, y de cara a un lector principiante o solitario puede no ser algo tan positivo.


El punto más fuerte de esta obra es el apartado gráfico que la acompaña y la potencia. No hay adjetivos suficientes para describir el trabajo de Riki Blanco. Los tonos tierra empleados son correctos y le dan al libro un toque sobrio y antiquísimo, las imágenes tienen el grado de detalle adecuado y se dibujan entre trazos elegantes, y la intención del autor está eficazmente plasmada en imágenes. M A G I S T R A L. Nada más por decir.

Algo que agradecí al terminar de leer varios de los cuentos, fue el contar con un lienzo con una parte vacía en la que puedo seguir construyendo la historia a mí manera, lo cual es una de las mayores cualidades que tiene un literatura, especialmente la dirigida a niños y jóvenes, y es la capacidad de despertar y poner en marcha la imaginación. Aún estoy pensando qué andaría haciendo Peter mientras las campanas de la iglesia sonaban...

"El dragón blanco y otros personajes" es un libro entrañable que disfrutarán tanto quienes no conozcan nada de las historias base que dan el punto de partida, como aquellos que regresen a mundos conocidos para vivir nuevas experiencias. Una obra inteligente, fantástica y sumamente divertida.

Gracias a Abril por mostrarme a través de la literatura, un poco de todo el talento que emana de Latinoamérica.


Reseña: Utopía (Multiverso 3) - Leonardo Patrignani

Hace poco conocí a una de esas personas que no necesitan estar mucho tiempo en tu vida para marcarla y ganarse un espacio especial en ella. Una de las palabras que siempre se me viene a la mente al pensar en ella, además de cultura, es esa improbabilidad de alcanzar un grado de satisfacción, perfección, alegría o bienestar con el cual nos sintamos plenos llamada utopía.

Encontrarán mi definición de este concepto muy alejada de la percepción generalizada que lo concibe como un sistema de gobierno en el que logra construirse una sociedad justa, equitativa y perfecta, lo cual es delito de este ser inexplicable que me ha dado a entender muchas más cosas de las que ella misma se imagina, incluida la necesidad de hacer de nuestro día a día una búsqueda incansable de nuestra utopía personal, convirtiendo así este concepto en algo mucho más íntimo.

¿Cómo alcanzar esta utopía? La verdad me sentiría algo pretencioso tratando de encontrar una verdad absoluta al respecto, así que me limitaré a contarles lo que hago para hallar la mía: día a día, sin importar cuanto odie madrugar o lo tediosa que pueda resultar la rutina, trato de sacar tiempo para hacer lo que amo, me llena y me apasiona; día a día trato de hacer que la cosas para quienes están a mi alrededor no resulten tan tortuosas, pedir permiso, dar las gracias, disculparme cuando es necesario y de regalar sonrisas para tratar de romper esa sábana de indiferencia e individualidad que nos está ahogando. ¿He logrado encontrar la utopía? Soy muy cobarde y no me atrevo a dar una respuesta definitiva, pero lo que sí puedo contarles, temiendo tomar un tono algo Coelhista (PECADO MORTAL), es que vivo más tranquilo y soy más feliz desde que decidí revisar mi lista de prioridades y darle un vuelco por completo, poniendo en el tope lo que considero verdaderamente importante. Ya veremos cómo despierto el día de mañana.

Anna logra escapar con las muestras necesarias para partir a otra realidad y mantener latente en otro multiverso la existencia de Jenny, Alex y Marco, quienes a su vez yacen sobre el suelo de Mnemónica luego de ser atacados por la policía. Pero en uno de esos otro miles de multiversos, Marco abre los ojos y se encuentra en un lugar que nunca había visitado, en el cual ni él mismo se reconoce. Sobre la mesa junto a su cama, hay una nota de una tal Anna, que hará un click en su mente para llevarlo a recordar quien verdaderamente es.

Este es el cierre de "Memoria" y a su vez el punto inicial de "Utopía", el tercer y último libro de la saga "Multiverso" de Leonardo Patrignani, del que nos ocuparemos en esta reseña.


"Multiverso" es el planteamiento, "Memoria" la sustancia y "Utopía" la ejecución. Precedido por el halo de complejidad que reviste a la entrega anterior, y que es en sí el cimiento principal y el valor más notorio dentro de la propuesta diferenciadora de esta trilogía frente al ejército de clones distópicos juveniles sin grado distintivo que inundan el mercado (con "La reina roja" de Victoria Aveyard como abanderado), este capítulo final es algo así como el componente práctico luego de la explicación teórica. 

Sí, "Multiverso" es una distopía en donde hay un régimen opresor y totalitario que vive su propia utopía, ejecutado de manera muy similar a todos los demás que ya hemos visto, pero Leonardo Patrignani le da los condimentos necesarios para lograr que esto sea solo un ingrediente en el platillo que está preparando.

El libro más grande de la trilogía, y que da cierre a la misma, está lleno de nombres, saltos en el tiempo, tuercas por acomodar y giros por doquier que lograrán que a pesar de lo pesada que pueda sentirse la lectura por toda la información que entrega, en ningún momento pierda el toque entretenido que desde el principio la ha acompañado.

Leonardo Patrignani cambia por completo el juego de mesa, pero mantiene inquebrantables las reglas que nos planteó desde el preciso momento en que Jenny y Alex estaban de pie en un mismo lugar del mundo, sin saber que se encontraban en multiversos diferentes. El autor nos mueve por lugares y momentos distantes, y nos cambia de zapatos y de roles cada que se le da la gana, con lo que consigue mantenernos atentos en todo instante, esperando saber qué va a pasar y cómo terminará solucionando todo al final. Por supuesto, este componente que tanto me agrado a mí puede generar que muchos otros lectores se sientan abrumados pues la historia propuesta por Patrignani tiene un toque propio y una identidad muy definida en la complejidad de la teoría del multiverso.

Es destacable de igual manera el adecuado uso de las descripciones que se da principalmente en este libro, gracias al cual cada lugar que se nos va presentando y vamos visitando se siente muy real. Patrignani es virtuoso en eso de transportar al lector y hacerlo sentirse dentro del lugar que le está mostrando, lo cual genera una conexión interesante con su obra.

Con el pasar de los libros hay algo que se hace evidente, y es que la prosa del autor crece de manera impresionante, haciéndose más madura, certera y limpia. "Multiverso" es un esfuerzo que se agradece pues resarce hasta cierto punto la tan maltratada literatura distópica juvenil que lentamente ve como la zona de confort la va enfermando tomo a tomo de cada una de las trilogías series y sagas infinitamente parecidas a todas las ya escritas. Patrignani no subestima al lector ofreciéndole todo en bandeja de plata, sino que lo desafía constantemente y le pide ser partícipe activo de lo que se está escribiendo, y eso es algo digno de reconocimiento.

Por el lado de los personajes hay algo bastante particular con la saga en su totalidad, especialmente con este último tramo, y es la transmutación de personajes aparentemente principales que tienen Jenny y Alex, a unos secundarios importantes y claves en el desarrollo, pero secundarios al fin y al cabo. Aquí aplaudo detenidamente al autor pues toma un riesgo tremendo al desdibujar algo que parecía ser su bandera de batalla, para regalarnos a un Marco omnipotente, magnánimo e inolvidable. El simple hecho de conocer a este personaje hace que leer esta trilogía valga la pena. Un hombre memorable.

"Utopía" de Leonardo Patrignani es la cereza que le hacía falta a este delicioso postre llamado "Multiverso". Un paseo de despedida que te exige, te hace sufrir, te reta, y que se vive al máximo. Un cierre nostálgico sin llegar ni rozar el drama desproporcionado, con un epílogo tan precioso y reflexivo como lo es cada uno de los días de nuestra vida. Sin lugar a dudas, la trilogía que más disfrute en 2016.

Gracias por los riesgos Leo. Mil y mil gracias.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Reseña: Las ciudades de acero (El constructor de árboles 1) - Chris Howard

Para nadie es un secreto que las riendas de este mundo las llevan en sus manos unos cuantos que se han encargado de que todo funcione a su antojo, mientras el resto simplemente caminamos como borregos, ya sea de manera consciente o inconsciente, hacia el rumbo que ellos quieran fijarnos. Por supuesto que hay excepciones a la regla, pero en una sociedad colapsada, iracunda e indiferente, asumir ese rol es algo ingrato, demandante y en muchos casos inútil.

Nos hemos montado en un bólido que va a toda velocidad con el crecimiento como destino, sin importar a quien se lleve en el trayecto ni los efectos que su carrera sin paradas puedan generar; quizá no hemos comprendido aún el concepto de desarrollo y lo valioso que este resulta. Vivimos en un mundo de resultados, mediciones e indicadores en donde los seres humanos hemos adquirido un rol mecánico que ha devenido en la pérdida o transformación de nuestra esencia, algo así como una especie de "evolución" de nuestro estado en el universo que al menos a mí, me resulta bastante particular.

En la literatura, el cine, la televisión, la música, y en las demás formas de expresión humanas existentes se ha tratado de vislumbrar el futuro que nos espera de continuar el camino que estamos siguiendo, pero ¿qué nos espera en el horizonte? La respuesta a esa pregunta aún no ha sido escrita, pero a mi modo de ver, no es la más alentadora.

Soy un seguidor ferviente de este tipo de historias que intentan jugar de adivinas en el destino del mundo, y gracias a eso llegué al libro protagonista de esta reseña. En esta oportunidad vamos a hablar de "Las ciudades de acero" de Chris Howard, la primera entrega de la trilogía "El constructor de árboles".

Aquí nos encontramos con la historia de Banyan, un constructor de árboles de acero y materiales reciclables en una era en donde el hombre se encargó de acabar con casi toda la fauna y la flora del planeta, quedando apenas maíz (producido y controlado por una empresa omnipotente) y langostas como sobrevivientes de esta extinción masiva. Banyan pierde a su padre y debe enfrentarse completamente solo a todas las situaciones que le plantea el mundo en el que vive, hasta que un día ve algo que hace que su existencia vuelva a tener un objetivo...


Lo primero que debo resaltar, y que ya es algo reiterado, es la calidad del producto que Panamericana Editorial ofrece, tanto en el trabajo de edición que se le hace al texto original, como en la propuesta física de lo que entregan. En serio, es de agradecer que en un país en donde el precio de los libros está por las nubes, tengamos la opción de conseguir tapa dura, impresión sobresaliente y papel de calidad por un precio tan bueno (publicidad política no pagada).

Adentrándome un poco en la historia, me es fácil definirla en una palabra: frenética. A medida que vas leyendo te va llegando información por todo lado, de todo tipo y sin espera, además que pasa de todo en todo momento, lo cual hace que el ritmo de lectura sea muy ágil y que no quieras parar de leer. La trama que se plantea está llena de acción, giros interesantes y un grado de complejidad perfecto para que cualquiera pueda disfrutar de esta distopía. Ojo, los primeros capítulos pueden tornarse algo lentos, pero tranquilos, después no hay forma de disminuir la velocidad.

Sin embargo, ese ritmo arrebatado deja la sensación de que hay muchas cosas que se dan por entendidas, que no se explican, que se explican sin sustento lógico o que terminan por ser simples adornos que nada tienen que ver con lo que se está contando. Puede que muchas de estas cosas estén sembradas para recogerse en los dos libros siguientes, pero dejan un sabor de boca poco agradable durante la degustación de esta primera entrega. Grave problema.

Chris Howard crea un mundo post-apocalíptico con todas las de la ley, con descripciones claras y un grado de detalle que se agradece, pues no se queda en decir que el mundo afrontó una crisis que lo llevó al estado en que se encuentra y que muchos buscan perpetuar, sino que nos cuenta a qué se dedica la gente, cómo vive, cómo se transporta, de qué se alimenta, dónde vive y cómo llegó allí (gracias por darnos un contexto, así sea extraño e ilógico), y además de eso nos regala una langosta y un tarro de maíz para que nos dispongamos a viajar con un traje de protección violeta por medio de carreteras desoladas en donde lo único seguro es que la arena puede castigarte y que la humanidad ha logrado sobrevivir sin importar la falta de árboles (¿?). Claro, no puedo dejar de decir que este mundo me recordó mucho al propuesto por George Miller en la soberbia "Mad Max" (una distopía DEL CARAJO), el cual es oscuro, mórbido y desconcertante, pero Howard tiene la habilidad para hacerlo muy suyo y dotarlo de elementos que le dan identidad y lo hacen hasta cierto punto diferente, aunque algo dudoso para mi gusto.

Lo anterior aporta sobremanera a lo vívidas que se sienten las situaciones que se van sucediendo sin pausa en el recorrido por las pasadas 300 páginas que componen esta historia, pues el sentido explícito y de especificidad que se maneja hace que todo se sienta muy cercano y que te involucres con las acciones y los sentimientos que los personajes van atravesando.

En este mismo sentido los personajes están puestos casi todos en el lugar indicado y cumplen con una función importante en la trama, aunque a veces no terminemos de entenderlos por completo debido a la cantidad de cosas que les pasan y lo imparable del ritmo del libro. Aplaudo que el autor haya querido salirse de la corriente de tópicos y generalidades que abundan en las distopías juveniles, tratando de alejarse de algunas de ellas con respecto a la forma que deben o no deben ser los personajes, aunque hay otras en las que cae con todas las ganas del mundo. Amé con locura a Alfa, y espero con ansias saber qué le depara el camino.

El principal motivo por el que elegí está lectura es por mi sentido ambientalista y por la promesa que pensé el título me estaba realizando, la cual Howard cumple hasta cierto pues toda la acción se centra en las repercusiones que tienen las acciones de los hombres sobre el destino del planeta, y el planteamiento de un futuro a partir de ello, con los árboles con pilar. Desafortunadamente muchas de las explicaciones y de los hechos que soportan todo, se me hicieron bastante absurdos, desatinados y salidos de todos los cabales habidos y por haber; y sí, en la literatura se puede hacer lo que se quiera, pero esto es algo que no terminó de convencerme. Problema gravísimo desde mi punto de vista.

Sin embargo, Howard logra que las fallas y las desconexiones causadas por la manera en que explicaba ciertas cosas (y las cosas que ciertamente no explicaba), pasen a un segundo plano por lo poderosa y adictiva que resulta su narrativa, lo cual considero es uno de los mayores logros que un escritor puede tener, y que no todos ostentan.

"Las ciudades de acero" es la primera parte de una saga con importantes fallas y errores garrafales de planteamiento, que no resultan suficientes para opacar una historia oscura, rauda y curiosamente innovadora. Un trayecto sombrío, entretenido, lleno de sangre, cargado de sentido aleccionador y de tramos de acción apasionantes que a pesar de un soporte irracional, quiero seguir caminando. Espero poder ver muy pronto como se desarrolla todo lo que ha quedado en el tablero. Sé que esta reseña puede parecer bastante rara, pero esa es la manera de describir mi experiencia con esta obra, la cual es tremendamente extraña.


Reseña: Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto - Manuela Espinal Solano

Su melena canosa y despeinada, el montón de arrugas a lo largo de su rostro como marca de la vejez, su eterna expresión de ternura y desconcierto, y su bata de un blanco inmaculado eran mi debilidad y mi camino a seguir. Desde la primera vez que vi su rostro y parte de su obra en uno de los fascículos de la enciclopedia de ciencias que venían junto al diario de circulación nacional más importante de Colombia todos los martes, me dije a mí mismo que un día tenía que ser como él. Yo no soñaba con ser futbolista, policía, médico, bombero o Superman, sino con ser científico.

Por aquellos días me la pasaba buscando información sobre la teoría de la relatividad, sobre la física estadística y la mecánica cuántica, o tratando de entender el concepto de gravedad y los factores que lo soportaban. En navidad no pedía carritos ni balones de fútbol, sino microscopios y telescopios, pues mi hambre por ver más allá de lo que estaba frente a mis ojos y conocer los confines de nuestra naturaleza y del universo entero era insaciable. No importaba si se burlaban de mí en el colegio o si mis papás se sentían extrañados porque yo no jugaba con lo que los demás niños lo hacían, pues me sentía feliz con lo que estaba descubriendo.

Los años pasaron y con ellos nuevos ciclos y nuevas experiencias fueron llegando. Entré a un colegio comercial para estudiar el bachillerato (secundaria), y se despertó el cariño por las ciencias económicas y administrativas, con lo que de a poco la pasión por la física fue apagándose. Pero no fue sino hasta tercer año de bachillerato en que todo murió, gracias a un profesor que durante una charla me dijo que estaba loco si pensaba dedicarme a la física pues cerraría mi futuro a dedicarme una vida entera a un proyecto con resultados imprevisibles o a la docencia.

Hoy en día, cuando mi camino sigue nuevas rutas, no puedo evitar preguntarme qué hubiera pasado si esa charla no hubiese tenido el efecto que tuvo, y mi intención de ser el mejor científico de la historia se mantuviera vivo. Nunca lo sabré.

2016 fue un año de sorpresas y descubrimientos muy gratos, entre los cuales destaco lo que está empezando a construirse en Medellín bajo el brazo de Héctor Abad Faciolince. Angosta Editores es un proyecto precioso que estoy seguro dará a conocer letras maravillosas como las de Juliana Restrepo en "La corriente", o como las de Manuela Espinal Solano en "Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto", el libro protagonista de esta reseña.

Aquí nos encontramos con la historia de una adolescente que desde que tiene memoria ha vivido rodeada de música y de todo lo que ello comprende, y bajo la influencia de una madre con notas como sangre y ritmo en lugar de venas.

Desde la perspectiva de quien apenas aterriza en la mayoría de edad, nos enfrentamos a una prosa madura pero sin complejidades innecesarias, y que plantea una serie de preguntas que todos en algún momento de la vida nos hemos hecho o nos haremos.

Manuela Espinal imprime en las apenas 72 páginas de este libro un texto sincero, cotidiano y amable. Con tintes autobiográficos, la autora nos habla de la vida y de los sueños, de lo que es y lo que se quiere, de lo que está y lo que se extravía, de las luchas y las victorias, de las derrotas y los nuevos comienzos.

Esto último fue lo que logró conectarme de manera muy clara con la novela, y es la honestidad con la que se narra la introspección que realiza la protagonista de la historia en su camino por encontrar lo que quiere en realidad. Puede que pierda objetividad por la etapa de la vida en la cual me encuentro y la fase de descubrimiento que estoy atravesando, pero la lírica que plantea esta obra me atrapó sin poder hacer nada al respecto.

"Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto" es una novela de corta extensión que nos muestra y confirma que para construir textos importantes, valiosos y con sentido, no es necesario hacer que en la imprenta se preocupen por ver como hacer que la máquina haga encajar cientos de páginas en el cartón que servirá cómo cubierta, sino simplemente tener la sensibilidad suficiente para saber decir las cosas y generar lazos con quien está frente a lo que está escrito.