jueves, 27 de octubre de 2016

Reseña: ¿De dónde vienen los perros? - Francisco Leal Quevedo

Siempre he sido amante y fiel enamorado de los gatos. Su independencia, pereza y fidelidad con quien aman, son características que van muy de la mano conmigo. Tengo una fijación tremenda por ellos.

Lamentablemente vivo con una persona que es alérgica a los gatos, y de manera obligatoria me he visto en la penosa tarea de alejarlos de mi vida por un tiempo (tengo entre mis planes comprar un esfinge y solucionar el problema). No fue tarea fácil, e incluso muchas veces llevé a casa gatitos callejeros que me encontraba por la calle, los bañaba, alimentaba y cuidaba, para descubrir que al otro día mi mamá les había encontrado un nuevo hogar, o los había regresado a la calle.

En esa búsqueda de compañía que significó el tener que separarme de ellos, me encontré con pollitos de colores que ganaba a la salida del colegio, con canarios afinados que se escapaban por la puerta de la terraza, por hámsters que emprendían su camino por el desagüe, o con caracoles que arruinaron el jardín familiar.


Después de tantas opciones, los peces se hicieron un lugar en mi familia. Pero la paz que transmitían al sentarme a verlos no era suficiente; necesitaba un amigo al cual consentir, y sacarlos a ellos del agua no era recomendable.

Lucas llegó a mi vida gracias a una de las clientas a las que ayudaba manejando la parte financiera de sus empresas. Tenía apenas dos meses y al verme movió su cola y corrió a mi encuentro. Desde esa primera cita ya han pasado seis años junto a él.

Puede que Lucas no sea el perro más educado, que esté tremendamente loco y su energía sea desbordante hasta el hastío, que durante mucho tiempo se orinaba de alegría luego de un rato jugando con él, que al igual que su dueño no engorde lo suficiente, que quiera hacer el amor con la pierna de cualquiera, que se ponga celoso cuando consiento a otro animal, o que le guste matar palomas y jugar con cucarrones, pero él se ha convertido en esa parte que de alguna u otra manera me hacía falta.

Ayer recibía el cambio y me bajaba del taxi, y mientras iba caminando con las llaves en mano hacia la casa, él se asomó por la terraza y sus ojos se iluminaron al verme. Un chillido de felicidad y una cola batiéndose en el aire es todo lo que necesito para que mi día sea un poco mejor. Nunca podré agradecer lo suficiente a Lucas por llegar a mi vida.


Desde hace mucho tiempo le venía siguiendo la pista al libro del que vengo a hablarles el día de hoy, pero fue hasta hace muy poco que decidí comprarlo. "¿De dónde vienen los perros?" del médico pediatra Francisco Leal Quevedo, y que llega a las librerías gracias a Editorial Panamericana, es el protagonista de esta reseña.

Aquí nos encontramos con la historia de un chico que empieza a ver un nuevo escuadrón de visitantes por la zona en la que vive. Este particular grupo está compuesto por un nombre y 12 perros... Bueno, un hombre y 13 perros. Nicanor vaga por las calles junto a sus compañeros de cuatro patas quienes son tremendamente organizados, pero juguetones a la vez. Tanto Nicanor como cada uno de los perros, llevan una historia a cuestas, y este libro nos ayudará a descubrirlas.

Lo primero que debo resaltar es el magnífico trabajo de Rocío Parra Parra en el apartado gráfico de esta obra. Los detalles que evidenciaban los cambios de época en la historia, la identidad que da a todos y cada uno de los personajes con los que nos encontramos, entre muchas otras cosas, le dan un valor tremendo a lo que es en definitiva esta novela infantil, que puede ser leída y disfrutada por cualquiera. Las ilustraciones deben hablar con la historia y conectarte con ella. Objetivo logrado y con creces. 

Además de todo no puedo dejar de mencionar lo acertado de elegir papel tipo fotográfico para las páginas y tapa dura para la cubierta; par de detalles que se agradecen y hacen de la lectura una mejor experiencia. 

Este autor ibaguereño nos regala una serie de relatos que individualmente resultan enternecedores, formativos y muy divertidos y los empaqueta de manera brillante en una sola historia que es todo lo ya mencionado y mucho más. Francisco Leal Quevedo nos cuenta la historia de un hombre víctima del tiempo que no se dejó amedrentar y decidió seguir adelante, y lo hizo en gran parte gracias a cada uno de los amigos que lo siguen en su camino. Cada uno de los canes también terminó en la vida de Nicanor por un motivo, y poder estas razones resulta importante.

Este libro puede ser un regalo perfecto para un niño, pero les aseguro que el obsequio será aún más valioso si la lectura la realizan ambos, pues la obra es abiertamente perfecta para ello. 

Padres e hijos podrán dar un vistazo a la Colombia de hace unos años, en donde la locomotora era el medio de transporte por excelencia y la tecnología no había llegado a cambiar el orden de las cosas. De igual manera podrán entender o replantear la importancia de las cosas o conceptos como la amistad y la fidelidad. Adicionalmente el libro permite crear conciencia sobre la responsabilidad que confiere el tener un animal, y sobre la importancia que tiene el darles el cuidado correspondiente y tratarlos de manera adecuada. ¿Hay más cosas? Por supuesto, pero ya será tarea de ustedes identificarlas.

"¿De dónde vienen los perros?" es un libro precioso tanto por fuera como por dentro. Una lectura que además de entretenerte, te hará reflexionar sobre muchas cosas de la vida que van perdiendo espacio, pero que no deberíamos dejar perder. 


miércoles, 26 de octubre de 2016

Reseña: Adicto (Adicto #1) - Matt Winter (Recomendado para mayores de edad)

El sexo. Las relaciones sexuales. Casi todos los días pienso en ello. Es algo que se pasea casi todos los días por mi mente.

No importa si estoy sentado en la silla azul con espaldar dañado en la oficina, en una cafetería dando un sorbo a mi cappuccino, en un taxi revisando mis redes sociales camino a casa, o en una librería buscando algo que me interese; los impulsos sexuales pueden aparecer en el momento y en el lugar que menos esperas.

Provocado por algo que vi en televisión, por el par de piernas que veo pasearse frente a mí, por la sonrisa que del otro lado de la calle me regalan, por la escena que se acaba de desarrollar en la película que estoy viendo, por la historia que está siendo contada en la novela que estoy leyendo, por el trasfondo personal de la canción que estoy escuchando, por un recuerdo malicioso que llega de repente, por algo que veo en la ciudad, o por el simple paso del viento a mi alrededor; la excitación aparece y con ella pensamientos placenteros (o algunos risibles depende del caso). No hay nada que hacer… Bueno, en el peor de los casos, tratar de disimular sus efectos.

Antes del sexo pienso en sexo. Después del sexo (rudo preferiblemente) pienso en más sexo (no creo ser ninfómano, pero nunca se sabe). Pensando en cualquier cosa puede llegar a pensar en sexo. Ese estado de éxtasis en el que no eres consciente de nada. Ese grado de magnificencia que alcanzas al perderte del todo. Ese simple contacto que puede hacerte explotar. No todas las experiencias serán buenas, pero siempre habrá mejores (si me equivoco, lo siento mucho).

Es imposible sacar el sexo de mi mente. Es algo natural en mí y poco puedo hacer. Espero no ser el único. Perdón por las molestias y los malos pensamientos.

Soy una persona bastante visual y cuando veo una portada de un libro que me atrapa, no puedo hacer más sino buscar la forma de tenerlo en mi poder y ver que me ocurre con lo que tiene por contarme. Esto me pasó con “Adicto” de Matt Winter, el primero de una serie de tres libros eróticos en donde los protagonistas son hombres comprometidos que terminan involucrados sexualmente. Este es el libro del que vengo a hablarles en esta oportunidad.

Aquí nos encontramos con Matt, un hombre estándar de clase media con pocos viajes en su haber y con un trabajo que lo hace feliz pero que para el resto puede no llegar a ser nada del otro mundo. De un momento a otro su novia Pam le pide cambiar los planes de vacaciones para poder viajar a juntos a Miami, ya que allí se celebrará un reencuentro de la universidad donde ella se graduó. El principal aliciente para Pam es reencontrarse con su mejor amiga Eve, a quien no ve desde que esta última se mudara a vivir a Europa. Gracias a este reencuentro Matt conoce a David, el novio de Eve, quien es un fisioterapeuta deportivo bastante acomodado económicamente y muy buen mozo. Desde el primer vistazo Matt percibe algo, una especie de buena onda o una simple complicidad de hombres que tendrán que compartir el fin de semana y ver que hacer mientras sus novias adelantan agenda. Con un par de tragos encima, Matt se dará cuenta que lo que percibía era algo completamente diferente…

Mi primera experiencia con literatura erótica, también con una pareja homosexual como protagonista, vino de la mano de “Todo llega” de C. Santana, y no pude haber perdido la virginidad de la mejor manera. Quizá por eso (y por la explícitamente atractiva portada con la que cuenta “Adicto”) es que llegué con tantas ganas de devorarme lo que Matt Winter había escrito.

Pero lamentablemente la experiencia no fue la mejor. La propuesta del autor peca en ser demasiado plana, obvia, precipitada y sin alma.

Esta novela corta se siente como una película porno mal hecha, en donde los actores exageran todo buscando generar excitación pero no transmiten mucho, gimiendo indiscriminadamente y regalándonos gestos que cuando mucho dan pena.

Las descripciones que realiza el autor quedaron muy en deuda, pues lo que lograron despertar en mí fue más bien poco. Winter no fue tan explícito como pudo haber sido, pero tampoco manejó la sutileza suficiente para despertar tu mente (sin contar con que son muy pocos los encuentros sexuales en el libro). La obra se queda en un término medio en donde sabes que debería pasar algo, pero tu cuerpo no termina por responder. Eché muy de menos algo más real y vívido, y no tan cliché.

Además de lo anterior, la apuesta por músculos, cuerpos perfectos, cabello rebelde y ojos verdes se siente demasiado trillada y genérica, y para una historia con tan pocos condimentos adicionales como esta... Poco más por decir.

Finalmente, el lazo que surge entre los protagonistas es poco creíble, y el toque oscuro que el autor trata de darle a la trama se siente como un intento de “50 sombras de Grey” que no va para ningún lado (y si va para alguno, no lo sabré jamás pues no pienso continuar con la serie de libros).

“Adicto” es poco más que una fachada bonita. Un polvo, pero de los que quisiéramos olvidar.




jueves, 20 de octubre de 2016

Reseña: La corriente - Juliana Restrepo


Eran más o menos las 6 de la tarde y ahí estaba, en plena avenida principal con mi mano levantada. Había salido a almorzar con un par de amigos y luego de risas y todo lo que suele suceder en ese tipo de reuniones, vi como el sol iba apagándose y salí despavorido del centro comercial a buscar un taxi que me llevara lo más deprisa posible a casa. Odio profundamente que el último día de descanso del fin de semana me agarre la noche estando en la calle, y ese lunes festivo no era la excepción.

Esperé 15 minutos hasta que un bólido con varios años encima respondió a mi mano levantada. El conductor era un hombre de uno 55 años aproximadamente, poco canoso para lo que valdría imaginar, con una notoria baja estatura, una barriga no tan tímida y en evidente proceso de crecimiento, un saco azul oscuro y una camisa de cuadros blancos y azul claros. Desde el espejo retrovisor pude ver sus ojos y algo del rostro, con lo cual me hice la imagen de un hombre bonachón, trabajador y algo tierno.

Apenas habíamos avanzado una cuadra cuando mi olfato percibió algo que no me gustó. El conductor me sonrió antes de preguntarme si había olido algo raro, a lo cual asentí no sin antes restregar una mano en mi nariz y abrir la ventana tanto como pudiera.

La noche del viernes de ese mismo fin de semana un par de señoritas entaconadas, de vestido corto, con iphone en mano y una cantidad exorbitante de alcohol en sus cuerpos habían subido a ese taxi que planeaban las llevaría desde la zona más prestigiosa de rumba de la ciudad, hasta la casa de una de ellas, ubicada en uno de los barrios más cachesudos del país.

El tono de voz de ambas había adquirido un deje peculiar, que incluso podría llevar a pensar que estaban hablando en un idioma que ellas mismas hubieran inventado. Sonreían incluso sin tener motivo, tecleaban insistentemente sus teléfonos celulares y maldecían nombres masculinos a diestra y siniestra. En cierta etapa del trayecto le pidieron al conductor poner una emisora de radio en específico y con notas desafinadas y un baile sensualongo le regalaron a este un espectáculo inolvidable.

Eran más o menos las tres de la mañana cuando el taxista percibió lo mismo que mi olfato había sentido ese lunes festivo, pero elevado a una fracción incalculable. "Boba, bautizaste el carro" dijo una de las chicas riéndose de manera contagiosa, mientras la otra dejaba los restos de una rumba más, tatuados en la tapicería del vehículo. El conductor abrió la puerta y mientras salía para tratar de ayudar a sus pasajeras, estas se alejaban tambaleantes del carro, sin rumbo fijo, y con sus carteras al hombro y los tacones en la mano.

El personaje que me estaba llevando a casa era el mismo que había sido víctima, por decirlo de algún modo, de este par de señoritas que se encargaron de darle un desagradable nuevo capítulo a las memorias que junto a su carro amarillo llevaba 15 años creando, según me dijo. Cuantos cuentos vamos escribiendo a diario sin proponérnoslo.


Dentro de las cosas bonitas que me ha dejado abrir este espacio, hay una que resalto cada que puedo, y es la oportunidad de conocer propuestas independientes y diferentes, y más cuando provienen de la casa. Angosta Editores nace gracias al trabajo conjunto de muchas cabezas, lideradas por el autor colombiano Héctor Abad Faciolince, quien un día decidió que había que crear un micrófono para que nuevas voces con mucho por decir tuvieran la oportunidad de ser escuchadas. "La corriente" de Juliana Restrepo es el primer hijo de esta iniciativa, y el libro protagonista del día de hoy.

En pocas más de 100 páginas la autora recopila una serie de cuentos cotidianos que al parecer recogen vivencias seguramente personales, otras tantas ajenas, y probablemente algunas producto de la imaginación.

Juliana Restrepo no escribe historias, sino que se sienta a nuestro lado como si fuera una amiga de años y nos las cuentas. Más que un ejercicio de lectura, "La corriente" se siente como una charla con la autora, quien nos habla en nuestro lenguaje, con nuestras palabras, y de cosas que nos pudieron haber pasado hace un rato. Este sin duda alguna es el mayor logro en la propuesta, pues hace que leer sea una experiencia mucho más íntima.

El estilo narrativo es sumamente agradable y no permite desconexiones. Leer "La corriente" es cuestión de suspiros en un paseo al parque, de fantasías en medio de clases, de recuerdos en una pista de baile, de esperanzas en pleno vuelo a París, de apretones de manos sorpresivos, o de remordimientos por los amores que no fueron y que siempre se llevaremos encima. Aquí no hay complicaciones, estructuras complejas ni palabras rebuscadas; aquí hay un lenguaje sencillo, textos amables y de mucha calidad.

A pesar de que la mayoría de historias transcurren en una atmósfera social acomodada económicamente, por así decirlo, el trasfondo de cada uno de los cuentos es la corriente por la que la vida de cualquiera puede sumergirse. Pasearte por estas anécdotas es descubrirte a ti mismo, a tu yo de hace unos años, a tu vecino, a tu compañero de oficina, a la persona que está a tu lado en el transporte público, e incluso a aquellos a quienes no has tenido la oportunidad de tan siquiera ver.

Además de lo ya mencionado, y como plus, el libro guarda un sabor antioqueño que se siente en gran parte del contenido y en la mayoría de los cuentos, y que seguramente significará un apretón más en el lazo que se cree con la obra para los coterráneos de la autora que la lean.

"La corriente" es una muestra de que para hacer grandes cosas, no se necesitan ni "grandes" nombres ni libros gruesos. Juliana Restrepo sorprende con un estilo ligero, fresco, ágil y chévere, con el cual es muy fácil encariñarse. Este es uno de esos libros que sencillamente no puedes parar de leer.



martes, 18 de octubre de 2016

Reseña: Y por favor, miénteme - Fernando Araújo Vélez

Escríbeme, como el otro día, que no me tome tan en serio a mí mismo, y explícame de nuevo aquello de que patético no es ridículo pues viene de pathos, de pathos pasión, de pasión padecer. Explícamelo de nuevo con tu letra de antes de la guerra y con tus palabras, no con las de los psiquiatras que te atienden, y cuéntame una vez más cómo fue aquella tarde en la que llegaste a la sublime conclusión de que si te tomabas en serio, tan en serio, si nos tomábamos así, íbamos a tener que matarnos todos de aguda gravedad.

Dime que lo que escribiste entonces aún es cierto, que has preferido contemplar, como los griegos, a invertir; que el futuro ya no te persigue; que los perros y los gatos y los caballos deberían tener tantos derechos sobre el mundo como nosotros los humanos, como tú o como yo; que el mejor amor puede durar sólo 20 días y luego ser un perfecto y cada vez más perfecto recuerdo; que la culpa, las culpas, ya no son puñaladas que te desangran gota a gota, pues tú no puedes ser culpable de ser tan humana, perversa, frágil, bondadosa, arrogante, vanidosa y humilde a la vez.

Envíame una carta, una de esas cartas de sellos y buzón, si es que te dejan salir un rato, porque quiero sentir la ansiedad de aguardar a que llegue el cartero y deje el sobre bajo la puerta de mi casa, como ocurría antes. Quiero que la ansiedad y la espera me lleven al mito, a imaginarte cada una de las horas de los días que te faltan por salir, y no verte ya como eres, sino como te recuerdo, o como prefiero recordarte. Agrégale un dibujo, si quieres, un dibujo de lo que ves por tu ventana para que yo pueda ver lo mismo, para que por unos minutos me sienta en algo como te sientes tú, y ser tú.

Miénteme, que las mentiras a veces son un bálsamo, y a estas alturas, yo las prefiero a esta eterna culpa que me corroe. Miénteme, por favor, y dime que ya olvidaste, que ya no sabes quién llamó al sanatorio aquella noche de lluvia y que tampoco entiendes de dónde salieron las cicatrices que rodean tu muñeca.



Las personas como los libros: hay miles de millones en el mundo, pero encontrar aquellas que conecten contigo y quieras llevarlas prensadas a ti (de alguna manera) por el resto de tu vida, no muchas. Afortunadamente, y no tan de vez en cuando como solía pensar, hay una que otra obra que llega, sorprende y se instala descaradamente en la memoria, en las fibras y en el ser. La cita inicial de esta entrada hace parte del libro del que vengo a hablarles el día de hoy: "Y por favor, miénteme" de Fernando Araújo Vélez (sí, el columnista de "El Espectador").

Lo primero que vale la pena mencionar, y que es obligatorio e imperante decir, es que gracias a este libro descubrí una propuesta editorial independiente de las muchas que hay en este país intentando abrir puertas, dar alas a las letras y nuevos ojos a los lectores. Sílaba Editores le apuesta a ediciones de calidad, cuidadas, con detalles en la impresión que se agradecen y que llevan en el alma vivencias que dejan con muy buen sabor de boca, como de la que vengo a hablar el día de hoy. 

"Y por favor, miénteme" nos cuenta la historia de la familia Vila, poderosa económica y políticamente en la costa Caribe colombiana por allá en los 1900, la cual es aparentemente perfecta, pero guarda en sus entrañas una serie de secretos que la carcome sin reparo alguno.

Cuando me tope con este libro, me encontré con una portada sencillamente maravillosa, con una combinación de colores acertada y un punto de conexión con lo que guarda dentro de sí misma muy significativo, y que bien podría deberse al hecho de que fue el propio hijo del autor quien la elaboró. Sencillamente maravillosa.

Fernando Araújo Vélez nos regala un idilio poco idílico entre los primos Vila, Helena y Dionisio, el cual se desarrolla en un ambiente político sesgado a más no poder (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia), en medio de una sociedad colapsada y recién abriendo los ojos (la carta que sirve como derrotero para esto último es simplemente soberbia).


Este es uno de esos textos que parecen estar contándote una historia pequeña y de dimensiones muy personales, pero que a medida que van avanzando encierran un sinfín de elementos que los convierten en algo macro, lleno de significado y que se pintan en un contexto global; algo así como el efecto que puede llegar a tener una mentira que consideramos piadosa, de esas mismas que con el paso de las páginas vamos a ir viendo. "Y por favor, miénteme" consigue hacer de la historia de una familia el reflejo verídico y perenne de un mundo corrupto e inequitativo en donde los órdenes y preceptos no son ciertamente justos, y la vida se convierte en un ejercicio de supervivencia para la gran mayoría.

El libro nos habla de una Colombia desigual en donde quien tiene el poder se aferra a él y busca al modo que sea mantenerlo e incrementarlo, sin importar por encima de quien pueda llegar a pasar; nos cuenta verdades llenas de mentiras en donde la traición es la única certeza; nos cuenta una historia de amor espinosa e improbable que perdura en el tiempo y se transforma como el cuerpo después del último respiro. El libro nos narra un pasado que sigue siendo un tiempo contemporáneo, así nos empeñemos en decir que vivimos tiempos mejores.

Algo particular en el estilo de la novela es la presentación que tienen los diálogos, pues el autor no acude a las comillas o los guiones que normalmente se ven, sino que pone a conversar a sus personajes al mismo ritmo y al mismo son al que la historia va bailando. En un solo párrafo piensas, sientes, hablas, ves y respiras, y lo mejor del cuento es que te sientes bien con la manera en que todo sucede. Adicionalmente el libro trata de hacer un juego de tiempos y de momentos mediante el cual se va pintando el recorrido pieza por pieza hasta que el rompecabezas queda completo.

Las descripciones que se realizan tanto de los personajes, como de las locaciones por las que se mueven y el momento histórico en el que estos viven van al punto y son muy precisas contextualmente hablando. Resulta fácil sentirse identificado con la locura, desespero, deseo, animadversión, sorpresa, envidia, dolor y demás estados por los cuales el libro transita mientras de fondo un ingenio azucarero es construido a la luz del sol cartagenero que invita una cerveza luego de una extenuante jornada.
Esta novela de aires históricos y poéticos cuenta con un compendio de voces que al unísono se transforman en el punto más destacado dentro de toda la propuesta. Fernando Araújo Vélez les da una identidad marcada, pero que muta conforme la situación lo va mandando. Los personajes van de la mano de lo que sucede y actúan de acuerdo a sus instintos, sus impulsos y sus sensaciones. Nos son seres inertes y sin alma así sus acciones digan lo contrario. El autor nos regala seres reales, fuertes y que no temen hablarte y hacerte testigo de sus miedos y secretos.

Pero sin lugar a dudas es el narrador omnipresente y recóndito el verdadero ganador en esta partida, pues gracias a él es que la novela adquiere aires inesperados y una narrativa que es difícil de abandonar. El autor saca muchas cosas de su ser y las deposita en este compendio de páginas para ofrecernos algo íntimo y ciertamente subjetivo; puede que los hechos allí narrados surjan de la inventiva y la imaginación, pero el evidente toque de realismo que los impregna termina imponiéndose.

Tuve la oportunidad de sentarme a tomar café con Fernando, mientras hablamos de la vida, de lo efímero del sentir humano en la actualidad, de la emoción de vivir un gol de tu equipo favorito, del vanidoso mundo editorial, de la importancia de no imponer sino acompañar en el ejercicio de crear dentro de la academia, de las cuitas detrás de su primera novela, de la apuesta por lo alternativo y no por lo evidente, y de muchas otras cosas que me dejan clara la brillantez del personaje que tenía sentado frente a mí en ese instante, cosa que confirmo luego de leerlo.

"Y por favor, miénteme" es un libro inesperado y que sorprende de la manera más grata posible. Un relato individual que transmuta a lo universal, sin hacerse vago o perdiendo en el camino su esencia. Un compendio de lecciones que no basta dejar de repetir para ver si algún día las entendemos. Una historia melancólica y cargada de sentimientos, tejida en una prosa exquisitamente elaborada. Sin duda alguna una de las mejores lecturas de mi 2016.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Mi tiempo con Giuseppe Caputo...

“Un mundo huérfano” es una historia de amor fascinante y enternecedora que refleja una Colombia en donde el común denominador está marcado por el odio, la violencia y la discriminación. El autor logra con su primera novela marcar un precedente, y no solo por la historia que propone, sino por la manera en que la escribe y logra desarrollarla. Aquí les dejo un poco de mi tiempo con Giuseppe Caputo, exponente claro de la nueva ola de la literatura colombiana...


Tomadade eltiempo.com
Yo soy de esos que conquista con cartas, salidas, detalles y demás. El mundo ha cambiado y ahora con un “Hola, tengo sitio”, puedo terminar algo que antes tardaba mucho tiempo en solo empezar. La tecnología nos ha dado una serie de facilidades que nos han hecho solitarios, tal como lo explora Alberto Fuguet en “Sudor”.

Creo que antes sin redes sociales la sensación de compañía era mucho mayor. También creo que uno puede estar durmiendo al lado de alguien en la cama y sentirse completamente solo. De igual manera creo que pasar tu vida al lado de una misma persona no es garantía de sentirte acompañado.

En la parte de la ruleta dentro de la novela trato de hablar un poco de eso cuando se toca el tema de Grindr y de todos los tipos de usuarios que se pueden encontrar allí, como por ejemplo los descabezados que se encierran en el anonimato y en sus torsos desnudos.
                                                     
Verdades absolutas. Hablemos de eso.

No estoy de acuerdo con disciplinar el tiempo y estandarizar las cosas. No hay que definir nada, y mucho menos la literatura. Yo me relaciono con ella de una manera muy personal; leer me hace feliz. Yo trabajo con libros y me gano la vida gracias a ellos, y desde ahí he aprendido que es importante saber desprenderse del gusto personal y entender un libro en sus propios términos y desde el deseo del autor, tratando de no crear reglas de lo que debe ser, porque no las hay.

Por ejemplo existen decálogos que quieren fijar reglas para escribir un cuento, y estoy seguro que por cada una de esas reglas, hay un ejemplo de algo maravilloso que se ha escrito salido de ellas. Creo que la literatura se trata de eso, de buscar y descubrir cosas; si no hay algo, se puede hacer y ya está.

Hace un tiempo estuve en Iowa en un taller de literatura en donde el profesor nos decía que íbamos a ser lectores profesionales y que para ello teníamos que tomar la obra desde sus propios términos y desde las reglas que el autor ha impuesto, y no desde lo que nosotros pensamos que debería ser.

Recuerdo que Oscar Collazos tenía una frase respecto de la oleada de nuevos autores en Colombia que más o menos decía que ya nuestro cielo no tenía un solo sol (Gabo), sino uno lleno de estrellas. 

La literatura, como la vida, debe ser un terreno de creación y no de prescripción. Muchos dicen que una novela debe ser esto, esto y esto... Y no. Una persona escribe de un modo y otra escribe de otra. Una persona vive de un modo y otra de otro. No existen las verdades absolutas.

No estoy de acuerdo con decir que esta mal estar en Grindr si tienes 40 años, o que si tienes 25 ya deberías tener carro, o que si no usas traje y corbata no estás en nada. Cada ser humano es diferente.

En un país como Colombia en donde la biblia tiene más poder que la Constitución política, ¿por qué escribir sobre temas relacionados con la comunidad LGBTI?

Las cosas que trato en la novela hacen parte de mi mundo. No me considero transgresor, ni provocador, ni es mi objetivo romper tabús ni nada por el estilo. Simplemente estoy retratando un mundo que conozco y que respeto. Retratando unas vidas que admiro.

La experiencia de leer “Un mundo huérfano” fue bastante particular. En su mayoría agradable y satisfactoria, e incluso enternecedora, pero hubo una parte que me perturbó bastante y de la cual me gustaría hablar: el sauna.

Las partes del sauna y la ruleta las trabajé desde la perspectiva de construir un punto en donde el padre estuviera alejado de su hijo por primera y única vez en la novela, pero al mismo tiempo más presente que nunca.

La idea de estos apartados es que fueran largos para reflejar de cierta manera los excesos, tal como lo hace Roberto Bolaños en la descripción de los crímenes en “2666”. En su novela cada crimen es distinto y aquí cada cuerpo es distinto, y creo que todos merecen su espacio.

De todas maneras el lector tiene la posibilidad de pasar el capítulo si lo aburre y lo asquea, y continuar desde otro punto de la historia, pero con la advertencia de que puede estar perdiéndose de algo importante.

Para mí la conclusión que queda de ese par de momentos es que todos los hombres en la vida del hijo son intercambiables excepto el papá, lo cual creo es el punto de conexión más fuerte con el resto de la novela.

A mi modo de ver, la literatura es un elemento de cultura ¿cómo podría esta ayudar a construir una sociedad colombiana más incluyente?

La literatura está en todo su derecho de ser lo que quiera ser y un autor está en todo su derecho de escribir lo que quiera escribir. Yo escribo porque amo hacerlo, pero estoy convencido que un libro puede llegar a marcar alguna diferencia.

Por ejemplo “Al diablo la maldita primavera” me ayudó a salir del clóset y me dio una narrativa, me regaló cosas que yo no veía en mi cotidianidad. La literatura puede ayudarnos a visibilizar escenarios y sensaciones, a mostrar socialmente a personajes que están ocultos, y muchas otras cosas más.

¿Con qué Colombia sueña Giuseppe Caputo?

Un país en el que exista un disenso, pero en paz. Yo celebro el choque de ideas y la confrontación intelectual, pero sin que la violencia tenga que entrar en el debate.

Tengo cinco palabras y me gustaría que me ayudaras a encontrarles una definición: amor, padre, libro, sexo y justicia.

Dios mío. Amor y amistad tienen la misma raíz, así que esa sería mi definición de amistad.

Mi papá es amor.

Un libro es un amigo.

Con el sexo se me vienen dos palabras, rico o desastroso. Para encontrarse en el sexo hay que pasar por muchos lugares y muchos de ellos suelen llegar a lo rico, pero también pueden encontrarse en lo aburrido, lo asqueroso o lo desolador. En el capítulo de la ruleta trato de reflejar eso.

Justicia es comprensión.

Este ejercicio es bastante difícil (risas).

¿Qué estás leyendo?

A Herta Müller, a quien amo con todo mi corazón.

Un autor colombiano al que deberíamos seguirle la pista…

Evelio Rosero. Cada vez que lo pienso reconozco su trabajo como algo más y más importante.

¿Cuál es el siguiente paso?

La Feria Internacional del libro de Bogotá del 2017 en donde vamos a celebrar su cumpleaños 30 y la idea es hacer algo muy hermoso a propósito pues creo que va a ser mi última feria, y después de eso me pondré a escribir.



Reseña: Wink Poppy Midnight - April Genevieve Tucholke

El profesor X es un personaje insignia en la universidad donde cursé mi pregrado; muchas personas salían de sus clases contentas y muertas de risa mientras que otras simplemente guardaban silencio y seguían su camino.

Finalmente en sexto semestre tuve la oportunidad de conocerlo y ver qué tenía de particular su cátedra. Me senté en la tercera silla de la segunda fila, saqué mi agenda cinco materias, mi bolígrafo negro y mi corrector. La puerta se abrió y alguien nos saludó de manera efusiva, como si nos conociese de toda la vida.

El profesor X es un tipo ilustre que ha dedicado la vida entera a su formación intelectual tanto dentro como fuera de su espacio de desarrollo profesional. Sus días se han escrito a punta de los libros que ha leído, lo cual a primera vista puede lucir extraordinario, si obviamos que dejó de vivirla y permitió que las historias que leía se adueñaran de ella. El profesor X vivía en una realidad muy diferente a la de nosotros y eso lo noté en el preciso instante que empezó la clase; tenía frente a mí a una persona brillante y con un mar infinito de conocimiento dentro de su cabeza, pero que no era capaz de enfocarse en una sola idea y darle rienda suelta, sino que divagaba entre mil y un mundos sin lograr explicarnos a ciencia cierta ninguno de ellos. En plena clase de teoría contable estábamos pintando cerdos y escribiendo versos sobre el color del pavimento y el aroma del pino. En sus momentos de lucidez y con un café en mano disertamos de manera brillante sobre temas de la profesión que nos preocupaban, pero cuando el vaso estaba quedando vacío, nuevamente su cabeza volaba a otro universo.

Cuando terminamos el semestre, muchos salieron felices y muertos de risa por la nota perfecta que les salvaría el promedio, mientras otros simplemente guardamos silencio y seguimos nuestro camino.

Durante mi visita a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires fueron muchas las historias que se pasaron por mis ojos y me dejaron antojado, pero sin duda alguna la premisa de la que vengo a hablarles hoy me robó toda la atención. En esta oportunidad vamos a hablar de “Wink Poppy Midnight” de April Genevieve Tucholke, distribuido en Colombia por Ediciones Urano.

Wink, Poppy y Midnight son tres adolescentes de un pequeño pueblo. Wink es adicta a la lectura. Poppy la abeja reina del lugar. Midnight una sombra silenciosa que no sabe qué hacer con su propia existencia. Hay algo entre ellos. Algo que no saben explicar. Algo que los conecta. Algo que solamente descubrirán cuando las páginas se vayan agotando.

Lo primero que debo mencionar de este libro es la estrecha y magnífica relación que tienen la portada y su contenido. La puerta de entrada a esta historia es a todas luces de las más bonitas que tiene mi biblioteca. Llena de detalles y curiosidades, tal como los tiene el libro en sí.

No solo la pluma, sino la inventiva de April Genevieve Tucholke, son de las más extrañas e interesantes con las que me he encontrado últimamente. Parece que estuvieras caminando con los ojos vendados y hacia ninguna parte, pero todo lo que la autora te va contando tiene un propósito y una razón de ser (si hay cabos sueltos, no logré detectarlos). Es una voz omnipresente que te guía aun cuando no la escuches.

Otro punto a destacar es lo bien que se siente la inclusión de metáforas dentro del texto. Pasas una tras otra y no parece que están forzadas ni que puestas así sin más solo por hacer lucir el libro más valioso y genérico, sino que van conectadas con lo que está pasando y son necesarias tanto para el Héroe y el Villano de la historia, como para el Secreto que la cubre.

Adicionalmente a lo ya mencionado, me fascino el triángulo que se construye en la novela, porque no es la típica figura geométrica exasperante, gastada y estandarizada que se duplica indiscriminadamente en el 98,765423% de las novelas juveniles que vemos hoy en día. La autora dota a la relación entre estos tres personajes de un sabor diferente y una mística que va más allá de una relación de pareja en donde llega un tercero en discordia. Por supuesto, es un triángulo al fin y al cabo y tiene algunos elementos comunes con el resto, pero aquí la sensación que queda es muy distinta.

Genevieve nos regala la cantidad necesaria de descripciones como para que tengamos un panorama claro tanto del lugar de la acción como de los actores en ella. Hay soledad, abandono, amor, pasión, odio, rencor, amistades postizas y existencias trastocadas que van paseándose por establos, casas abandonadas y parajes lejanos de un pueblo en el cual se está escribiendo una historia bastante peculiar.

Definitivamente mi personaje favorito es Poppy. Una chica que crece, aprende y se transforma conforme las cosas la van llevando a hacerlo. Siempre me ha inquietado conocer qué lleva a los chicos populares a hacer muchas de las cosas que hacen, y creo que la autora hasta cierto punto logra darme una radiografía de ello.

Adicionalmente la obra tiene giros bastante interesantes y en su mayoría inesperados, lo cual carga a la trama en su totalidad de un aire de intriga que se agradece y que se disemina incluso hasta el punto final.

“Wink Poppy Midnight” es una de esas lecturas que no esperas, que por momento sientes lenta y sin propósito, pero que terminan por pasarte por encima. Una obra curiosa en todo el sentido de la palabra. Una novela corta cargada de elementos que la hacen valiosísima. Los libros son un resguardo y muchas veces una salvación, pero no hay que olvidar que hay tenemos una vida y no hay nada más gratificante que vivirla al máximo.

martes, 4 de octubre de 2016

Reseña: Los guardianes del amuleto (Tombquest #2) - Michael Northrop

La vida es un constante ir y venir. Está llena de cambios y de situaciones que nos ponen a prueba, de retos y desafíos que nos hacen crecer y ser mejores.

Hace un tiempo leí la primera parte de la saga "Tombquest" de Michael Northrop y aunque no me gustó del todo, sí me enseñó bastante y me entretuvo lo suficiente como para decidirme a ver que seguía. Es por eso que el invitado en esta oportunidad es "Los guardianes del amuleto", la segunda entrega de la mencionada serie.

La madre de Álex ha sido raptada y este, junto con su amiga Ren, ha tomado vuelo hacia Londres para ver cuál será el siguiente paso en la aventura en que se ha visto inmerso luego que el libro de los muertos fuera abierto. Una obra se cierra y la otra inicia.

Como ya comenté, el trabajo de Michael Northrop en el inicio de esta saga literaria enfocada en los más pequeños incluye elementos de historia y valores humanos muy importantes dentro de un aula de clase, sin dejar de lado el componente de entretenimiento que es necesario para captar la atención del lector. En esta segunda entrega la apuesta sigue siendo la misma, solo que se afecta un poco el orden de los factores.

En esta ocasión las aventuras de Álex y Ren estarán repletas de acción, emoción e intriga. A medida que su viaje va sumando horas los peligros que se ciernen sobre ellos van a ir creciendo mucho, lo que le da a este segundo tomo un aire muy diferente al de su predecesor, abandonando un tanto el elemento histórico para dar paso a una experiencia de lectura completamente diferente y que en conclusión disfruté mucho más.

En medio de museos, aeropuertos, cementerios y pueblos desolados nos encontraremos de nuevo con mercenarios, caminantes de la muerte, sujetos del más allá, y otros de este lado del agujero, gracias a los cuales viviremos una travesía más que interesante por una de las ciudades más importantes del mundo. 

Los personajes crecen con la historia y se ven afectados por las cosas que suceden a su alrededor, lo cual es realmente valioso de cara a los más pequeños pues resulta en una valiosa lección y punto a observar; algo así como un modelo al cual pueden prestar atención. Sin lugar a dudas lo que más me sigue gustando de este libro es el entrañable lazo de amistad que Álex y Ren construyen, el cual explorará otros horizontes y nos mostrará otras facetas.

Si hubo algo que no me gustó en esta oportunidad, es la baja en materia de descripciones. Además de las escasas referencias a la cultura egipcia, hubiese sido muy interesante un recorrido más a fondo de la ciudad de Londres, cosa que de cara a un estudiante de colegio hubiera detonado otro tipo de chips muy importantes dentro de su formación.

"Los guardianes del amuleto" logra que la confianza en lo que la saga "Tombquest" puede llegar a ofrecer sea mucho más grande. Un libro emocionante y lleno de secuencias de acción (ojo, es un libro infantil, no esperen cosas tipo Terminator), en donde se mantiene el componente de formación, pero se echa de menos el histórico. La deuda se va saldando. Estoy ansioso por ver qué sigue.

Reseña: Roxy - Esther Gerritsen

Todas las sillas en el parque estaban vacías y lo mismo pasaba con los columpios, el rodadero y la caja de arena. No había señores vendiendo refrescos ni señoras vendiendo mango. El parque estaba completamente solo.

Me senté en el césped ensombrecido bajo la protección de árboles gigantes que se balanceaban al antojo del viento. Se movían lento y luego despacio, dejando que sus hojas secas cayeran sobre mis hombros y cabeza.

La autopista estaba vacía y el ruido de los carros era solo un recuerdo en mi mente. Las tiendas estaban cerradas, los andenes vacíos y los semáforos sin luz. En el cielo las nubes se escindían y se fusionaban, como si el sol estuviera tocando algo para que ellas bailaran sin descanso.

Traté de buscar la hora pero en mi muñeca no había reloj.

Abrí los ojos y me retorcí sobre la cama. Cuánta vida he dejado pasar por simplemente sentarme a mirar.

En la Feria Internacional del Libro de Bogotá del 2016 me encontré con una portada en donde las ovejas se adueñaron de la escena, con un nombre en letras rojas frente a ellas que me invitaba a algo más. Tapa dura y buen precio, característicos en las ediciones de Panamericana Editorial, fueron las razones para decidirme a darle una oportunidad a “Roxy” de Esther Gerritsen, la protagonista en esta oportunidad.


Aquí nos encontramos con la historia de Roxy, una escritora adulta que lleva una vida normal y feliz junto a su esposo Arthur y su hija Louise. Todo cambia para ella cuando Arthur muere en circunstancias bastante particulares, lo que la lleva a darse cuenta de muchas cosas sobre sí misma y sobre el mundo que la rodea.

Este es uno de esos libros que mientras lo lees sientes que no pasa ni se cuenta mucho lo cual puede generar una sensación de aburrimiento con el texto, pero que al cerrarlo te pintan algo enorme y lleno de significado. Esther Gerritsen nos entrega un relato con tintes bastante oscuros en donde se realiza una exploración por el interior del ser humano, específicamente por la necesidad de desarrollarnos como individuos y seres autónomos, y no dejar que todo lo que hagamos dependa de la decisión de otros.

La novela no exaspera con explicaciones, sino que le apuesta a la precisión y la mesura como fórmula para conectarnos y hacernos partícipes de las cosas que van pasando y las problemáticas que las acompañan. Se abona de igual manera la sencilla prosa que maneja, gracias a la cual la lectura puede realizarse a la velocidad de la luz.

Tomada de parool.nl
Roxy emprende un viaje no solo físico sino existencial y de reconocimiento como persona, el cual nos llevará a acompañarla y ser testigos de comportamientos que muchas veces adquirimos o que vemos en las personas a nuestro alrededor. La autora aplica una sutileza certera en los mensajes que va incorporando en el desarrollo tanto de la historia como de cada uno de los personajes y las crisis que cada uno de ellos lleva encima.

Más que una historia de misterio como podría llegarse a pensar al leer la sinopsis del libro y por varios detalles dentro del mismo (ciertas cosas me recordaban a “La viuda” de Fiona Barton), lo que nos ofrece esta obra es un reflejo de la vida que cada uno de nosotros podemos llegar a vivir, y los efectos que ellos puede desencadenar no solo para nosotros mismos.

“Roxy” es un libro corto del que no se puede hablar mucho pues se estaría contando todo lo que hay en él, pero que es capaz de encerrar en una historia tan sencilla un estudio complejo y valedero sobre los efectos que tienen ciertas circunstancias sobre una persona. Un libro curioso en muchos sentidos. Un estilo de escritura singular con el cual espero toparme nuevamente muy pronto.