jueves, 30 de junio de 2016

Reseña: La viuda - Fiona Barton

Bien dicen por ahí que nunca llegamos a conocer completamente a una persona. Y es que ni siquiera somos capaces de conocernos a nosotros mismos. Nuestros instintos responden de manera inesperada hacia ciertos estímulos, y ahí, cualquier resquicio de cordura o de control de nuestras acciones termina perdido en un mar de sorpresas y de incertidumbres. Por más racionales que seamos es virtualmente imposible predecir cómo actuaremos ante un desastre natural, la pérdida de un ser querido, un robo en plena calle, u otra serie de sucesos que ponen en jaque nuestra estabilidad. Lo impredecible es simplemente natural. La incertidumbre es la pimienta existencial.

Hace poco recibí un paquete de la gente de Planeta Colombia, el cual contenía material promocional del libro del que vengo a hablarles en esta oportunidad. Un tono negro predominante, acompañado de lirios inmaculados, fue suficiente para hacer click en mi cabeza y generar la necesidad imperiosa de hacerme con un nuevo habitante en mis estanterías. El día de hoy vengo a hablarles de, sin duda alguna, uno de los libros del momento a nivel mundial: "La viuda" de Fiona Barton.


La ópera prima de esta importante periodista nos cuenta la historia de Jean Taylor, una ama de casa como muchas otras en el mundo, quien un día debe enfrentar una trágica realidad que se le planta de frente: su marido ha sido acusado de un horrendo crimen. Ya absuelto de la transgresión de la que lo acusaban, el esposo de Jean muere, pero lo transcurrido durante esos años de suplicio es un completo enigma para todo mundo. ¿Qué pasó realmente?, ¿qué hará Jean ahora que su marido ha muerto?, Si él hubiera hecho algo terrible, ella lo sabría ¿o no?

Mi primera y única experiencia con el thriller había sido "La chica del tren" de Paula Hawkins, libro que disfruté y que me mantuvo pegado de principio a fin. Reza uno de los ganchos publicitarios de "La viuda":

"La chica del tren" de este año.

Soy testigo de que muchas veces, esas frases y recomendaciones que acompañan las acciones de mercadeo de un producto literario, no son más que argumentos agrandados y mentiras "inocentes"; pero bueno, debía cuando menos darme la oportunidad de averiguar si tantos bombos y platillos eran una simple orquesta con playback, o si de verdad el sonido de la misma era merecedor de tantos reconocimientos.

Desde el primer momento en que te encuentras con la narrativa de Fiona Barton, el aire periodístico es notorio. La novela se teje a dos voces que te van contando con cierto aire a reportaje lo que ocurrió desde el momento en que el supuesto crimen fue perpetrado, hasta que el acusado fenece y el pasado reclama acciones. La primera de ellas es la de nuestra protagonista, Jean Taylor, y la segunda es la de un tercero que capítulo a capítulo cambiará de entrevistado para darnos diferentes perspectivas del delito y de las consecuencias que vienen con él amarradas. 

Por momentos estamos del lado de la esposa abnegada e incondicional, luego andamos con grabadora en mano y astucia activada de la mano de Kate Waters (la más real de las visiones, ya verán el motivo), sin pensarlo somos un manojo de retazos y de hambre de justicia gracias a Dawn Ellitot, y en muchos otros un policía ávido de verdad y sediento de reconocimiento como Bob Sparkers. Este intercambio de perspectivas, de actitudes, de realidades y de objetivos, hace que el ritmo de la novela, aunque en ocasiones se torne lento, sea difícil de abandonar.

La autora emplea un estilo de escritura sumamente sencillo, en donde las palabras rimbombantes no tienen cabida. El objetivo de "La viuda" es claro, y a mi modo de ver, se cumple a cabalidad: ofrecer algo digerible para cualquier lector, que logre emocionar y le genere una necesidad constante por saber que sigue a la vuelta de la página. No puedo decir que el libro es increíblemente sorpresivo o que está cargado de giros excepcionales, pues a pesar de hacerme mantener en un estado de intriga casi permanente por saber quién era el verdadero culpable y qué había pasado en realidad, la trama peca en ser ligeramente predecible desde el mismo punto inicial.

Pero a pesar de la sencillez con la que está estructurada, "La viuda" plantea un recorrido más que interesante por la mente humana, por las maneras en que podemos llegar a reaccionar frente a lo desconocido, por las razones que nos llevan a actuar de maneras que jamás hubiésemos imaginado, y por un sinnúmero de recovecos cerebrales, sensitivos y sentimentales.

Tomada de: www.penguin.co.uk
Y es de este recorrido de donde surge uno de los puntos que más me agradó dentro de la lectura: los personajes. Como ya mencioné, cada uno de ellos de manera individual o por medio de un interlocutor son los constructores de la historia, van creciendo con ella, haciéndose más complejos y destapando cada una de las capas que la cubren. Resulta más que interesante el viaje de reconocimiento personal que plantea el libro y lo que narra para cada uno de ellos, ser testigo de sus crisis, de sus victorias, de sus miedos, de sus arrebatos, de sus certezas y sus derrotas. Jean Taylor, nuestra protagonista, es un personaje que evoluciona a raudales y nos regala una serie de matices sumamente humanos y reales por difícil que pueda parecer; de tener una vida perfecta en donde decide acomodarse al esquema de conducta que su marido quiere, pasa a ser una víctima que de a poco nos va develando lo que está en el fondo de su ser.

Pero además de ella y de muchos otros personajes que estructuran una historia sólida, confortable, amena, y perdón si sueno repetitivo, agradablemente sencilla, tuve la fortuna de encontrarme con un tipo encantador, sórdido y enigmático. Mi personaje favorito dentro todo este embrollo es sin lugar a dudas Glen Taylor, a quien odie, compadecí y sufrí como no tienen idea. Y bueno, valga hacer mención especial a la pequeña Bella Elliot, con quien compartimos el gusto por los gatos y por los skittles.

Si bien ya he comentado varios puntos positivos y algunos negativos dentro de "La viuda", debo decir que lo que más me sorprendió (y gratamente) y me hizo tremendamente feliz con el pasar de las páginas, fue el panorama de 360 grados que te pinta respecto a lo que puede llegar a significar el enfrentar un juicio de tamaño social, y el papel que pueden llegar a ejercer en él los medios de comunicación. Barton aprovecha de manera soberbio su profesión en este aspecto, sin abandonar la simplicidad con la que toda la obra está revestida. Los diálogos son convincentes, las secuencias son muy buenas, y la manera en que la historia va siendo cocinada por diferentes chefs, termina por convertirse en un plato curiosamente suculento.

En una furgoneta azul, con un computador portátil escondido y unos cuantos periódicos en la silla del copiloto, me encontré con un final que a pesar de verlo venir (mucho, personalmente), fue satisfactorio a mi modo de ver, y me hizo reflexionar sobre muchas de las cosas que suceden día a día en un mundo convulsionado y enfermo como el nuestro, y el rol que cada uno puede llegar a interpretar en las tragedias o los aciertos de nuestro prójimo.

"La viuda" es un primer acercamiento a la literatura sobresaliente y cumplidor. Fiona Barton nos regala un libro universal, que no requiere de un nivel de experticia supremamente alto en el ejercicio de la lectura para disfrutar de algunas horas de emoción e intriga. Una novela que merece la atención que se le está prestando, pues sin ser una obra maestra ni tener apartado un espacio en los anaqueles de la historia de la literatura universal, o estar a la altura de los grandes clásicos de su género, cumple y con creces con uno de los objetivos principales de un libro (quizás el principal): entretener.



martes, 28 de junio de 2016

El principito y yo

Gracias a Cindy Roa por las fotos
Aún recuerdo como si fuera ayer aquel día que mis papás llegaron con un libro de pasta endeble, pequeño tamaño y pintoresca portada. Un joven de rubia cabellera, traje verde, cinturón rojo y un cielo brillante de fondo, me invitaba a viajar por un universo de asteroides y estrellas luminosas.

La liberación de Francia trajo consigo la liberación de uno de los personajes más significativos de la historia de la literatura universal (y me atrevería a decir que es el más importante). "El principito" aterrizó en nuestro planeta en el abril del año 1943 gracias a la mente prodigiosa de Antoine de Saint-Exupéry quien desde la Tierra no pudo ser testigo de la relevancia que ha cobrado su obra, pero que seguramente lo ha podido notar viajando entre las pequeñinas de puntas doradas que adornan la noche, o por qué no, sentado junto a una rosa en el asteroide B 612.

Junto a este jovencito bastante inteligente y terriblemente brillante para su edad, disfruté de mi primer buen acercamiento a la literatura. Fue una lectura obligada para el colegio, pero el viaje intergaláctico que me proponía me resultó avasallador y en menos de lo que dura un zorro en ser domesticado, ya lo había terminado.

Por aquellos tiempos los viajes por el espacio, la presencia de animalitos, y el papel dominante que termina ejerciendo el principito sobre los adultos, fueron las cosas con las que me quedé de esta obra, cuya enseñanza se forjó en la posibilidad de que podemos encontrar a nuestro mejor amigo, incluso en el lugar y en la persona que menos esperamos.

Los años pasaron y muchas cosas se dieron lugar en mi existencia, pero la huella del principito, aunque pequeña e imperceptible, seguía estando presente.

Casi 5 años después, los libros llegaron a mi vida en forma tímida, y decidí con mis textos académicos empezar a montar mi propia biblioteca; decían muchos que todo hombre debería tener una, así solo tuviera un habitante, entonces me dí a la tarea de arrancar con la mía. Para empezar, mis libros de matemáticas, sociales y biología se hicieron los dueños del diminuto mueble de madera que tenía a mi disposición, relegando un pequeño espacio para las cinco o seis historias sugeridas por mis profesoras de español que hasta ahí habían llegado a mis manos. Pero para mi sorpresa, en una de las mágicas limpiezas que mi mamá hacía en la casa, mi edición del principito había desaparecido. Aquel chico encantador se esfumaba sin siquiera darme una nueva oportunidad. El amor en su máxima expresión.

Llegó el primer beso, la primera materia perdida (religión, por imposible que parezca), las fiestas de quince años, los amigos para toda la vida, el grado de bachillerato, el primer desamor, las primeras sesiones de conocimiento personal, y el primer trabajo por allá a los 15 años cuando me decidí a ser caddie de golf. Cargar esas pesadas bolsas, dejaron más que gotas de sudor y dolor en mis pies. Bien dice el principito que caminando línea recta no puede uno llegar muy lejos. La primera cosa que compré cuando logré ahorrar lo suficiente, fue una estantería color café que me espera cariñosa todos los días. Mi eterna y pequeña gigante.

El tiempo pasó y terminé una carrera, me emborraché por primera vez, perdía algunos amigos y conseguí un par nuevos, descubrí el amor por los mojitos, establecí una relación de amores y odios con mi profesión, y entre muchas otras cosas más, volví a creer en el amor. Aprendí que las apariencias engañan, que crecer no es tan chévere como alguna vez llegué a imaginarme, que debí aprovechar mejor mis años en el colegio (aunque les saque el jugo hasta más no poder), y entre muchas otras, que la felicidad llega de la manera más inesperada. A mis 24 años un grupo de facciones se hizo presente en mi universo y reavivó la llama de un sentimiento que parecía extinto. Mi nivel de lectura por entonces estaba algo por encima del promedio nacional, pero distaba montones del que ahora me acompaña.

A partir de ahí, los libros académicos, las fotocopias de la universidad, y un montón de bobadas que se habían apropiado de mi biblioteca (y de unos cuantos megabytes en mi disco duro), fueron siendo desplazados a espacios más apropiados para ellos, pues la literatura (y unos cuantos muñequitos) había llegado para ganarse el espacio que creo, ocupará por el resto de mis días.

El dinero que invertía en fiestas y alcohol, había quedado perdido y sin destino alguno desde que mi afán por seguir creciendo profesionalmente se hiciera presente. Pero esa situación no duraría mucho.

Los meses pasaban y los espacios vacíos en la biblioteca eran cada vez menos visibles. Horas de aventuras, risas, nostalgia, dolor y mil emociones más se fueron quedando con mis ratos libres, a cambio de experiencias que ni en un millón de años pensé vivir. Pero un día todo cambió. En la navidad del 2014 recibí a un invitado de alas rojas que despertó una necesidad imperiosa por contarle al mundo lo que sentía con lo que leía. Allí nació "Liberando letras". Allí, sin pensarlo, el reencuentro con aquel jovencito de bucles color sol empezaba a maquinarse.

El blog me pedía a gritos alimento y mi billetera fue haciendo caso a sus súplicas. Luego llegaron regalos de amigos y familiares que veían como la literatura había llegado para quedarse. Más tarde algunos premios de concursos le daban más insumo a mis pasiones. Tiempo después mis letras me premiaron y trajeron el apoyo de editoriales. No solo hojas llegaron a mis horas, sino experiencias y mil vivencias que atesoro y cuido como un niño a su rosa ante los vaivenes del sol y la luna.

Un día desperté y la estantería tenía una vecina. Ese par de gordas a quienes tanto quiero me miraban a la vuelta de unos meses suplicantes de una hermana y dos pequeños hijos que llegaron al poco tiempo después. Nuevos libros fueron llegando y los espacios vacíos nuevamente iban desapareciendo.

Era un fin de semana, lo recuerdo muy bien, cuando la pantalla gigante me regaló un viaje en el tiempo que puso mi corazón a latir como pocas veces lo ha hecho. El jovencito de ojos inexpresivos y dueño de un asteroide me saludaba nuevamente. Ese día, las estrellas iluminaron más fuerte que nunca y me mostraron el camino de regreso al principito.

He dejado ir personas que tenían que marcharse, y otras que quizá no supe cuidar. Pero no iba cometer el mismo error con el principito. Desde ese momento lo tomé de la mano y decidí ver las cosas más a su manera. No quiero decir que me haya sometido a sus exigencias ni que me haya convertido en un ente sin capacidad de razonar, sino que su visión de la vida merece mucho la pena, y el devenir de las cosas me ha dejado claro que sus teorías y enseñanzas son muy ciertas.

En la navidad del 2015 decidimos traernos a vivir al zorro, quien tieso y majo se instaló como el señor de mis sueños y el benefactor de mis abrazos. En la navidad del 2015 ese amor casi fraternal e indeleble por aquel risueño jovencito se hizo más grande que la avaricia del empresario y la altivez del vanidoso. Vale decir que el amor no es solo aquel que sientes por tu pareja, sino ese sentimiento que inspiran en ti tus padres, tus amigos y las cosas que te llenan de vida. El amor va más allá de un beso y un abrazo. El amor es como ese elefante que ante los ojos del ciego es un simple sombrero.

Hoy que miro mis estanterías atestadas de historias, de recuerdos y de alegrías, noto como en cada una de ellas, siempre ha estado presente el principito. El no solo es el guardián de mi biblioteca (pues los varios ejemplares que tengo de la obra que cuenta sus aventuras cuidan desde las alturas a sus compañeros de tinta y papel), sino la primera llamada a mi puerta que dio el mundo de la literatura.

Hoy que miro mis estanterías me doy cuenta que desde pequeño he robado muchas cosas del principito, aunque algunas se tardaron mucho en aparecer y otras aún no las he podido encontrar. Soy un alma vieja como muchos dicen, hablo y escribo con palabras adornadas como algunos otros aseveran, y miró la vida no de una manera tan loca como lo hacen mis contemporáneos.

Mi cabello no es rubio y no tengo ropa verde, pero creo que de a poco y con ayuda de una rosa y un peludo cuadrúpedo, he aprendido a valorar muchas cosas que la mayoría deja de lado y a entender que la vida es más bella si tenemos siempre a la mano los anteojos de la niñez.

Reseña: Los diletantes - Antonia Romero

Recuerdo que en una de las cadenas de televisión nacional de mi país, por allá entre 1997 y 1999, los sábados en la noche eran espacios dedicados exclusivamente al cine de terror. Precisamente una tarde de sábado, mi prima y yo nos encontrábamos en plena disputa intergaláctica con la sala de la casa como campo de batalla y los cojines de los sofás como nuestras armas de contienda. De repente, un sujeto de abrigo rojo, tez pálida, ojos grises y dos senos de cabello en su cabeza, apareció en la pantalla de 14 pulgadas sin control remoto que habitaba la casa de mis papás. El juego se detuvo y no pudimos más que quedar hipnotizados ante lo que nuestros ojos estaban viendo y nuestros oídos escuchando:

"Hoy, a las 10:30 de la noche, no se pierda en Premiere Caracol la aterradora historia de Drácula"

Corrimos hasta la cocina y le pedimos a mi mamá que llamara a mis tíos y les dijera que por favor dejaran quedar a mi prima esa noche en casa para poder seguir jugando y de paso, ver a ese sujeto maligno que en medio de un oscuro paisaje se nos había presentado.


Cuatro horas después estábamos tirados en el suelo, con palomitas en un tazón gigante en frente nuestro, un vaso de gaseosa en nuestra mano derecha, y nuestros ojos abiertos de par en par ante la pantalla del televisor. Mi primer encuentro con un vampiro no fue tan espeluznante como hubiese podido imaginar, y es que el cansancio de un día de juegos, y un inicio inentendible para nuestras jóvenes mentes terminó dándole la bienvenida a Morfeo.

A pesar de la importancia que los vampiros tienen en el mundo del terror y las historias de miedo, desde ese momento mi relación con ellos no ha sido la mejor, y la cosa se puso aún peor cuando hace algunos años la hórrida atmósfera que los bañaba fue vilmente permeada por la cursilería de las etapas de la luna hechas libro y luego una adaptación cinematográfica. A partir de ese momento mi historia con los colmillos sangrientos quedó en el baúl de los recuerdos.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá en su versión 2016, me encontré con una de las portadas más desagradables con las que haya podido toparme alguna vez en la vida. La gente de Ediciones B cometió un descache tremendo con el apartado gráfico utilizado en "Los diletantes", la primera entrega de la pentalogía "El quinto sello" de Antonia Romero. Puede que para algunos la cosa no sea tan grave, e incluso hasta les llegue a gustar, pero el 100% de las personas a la que he consultado han estado de acuerdo conmigo: el primer plano de la señorita en la cubierta no es nada llamativo, sino todo lo contrario.

Pero si algo he aprendido con los libros, es que uno no puede dejarse llevar de las apariencias (Lean "La reina roja" y se darán cuenta porqué lo digo), así que dejé a un lado los prejuicios tanto por la portada como por el universo de los vampiros, y me di una oportunidad en este mundo desconocido.

"Los diletantes" nos cuenta la historia de Ada, una adolescente que pierde a sus padres en un accidente automovilístico y se ve obligada a mudarse a casa de su hermana, pasando de una metrópoli a un pequeño pueblo, y así cambiar por completo su manera de vivir. Con motivo del accidente, Ada empieza a experimentar una serie de cosas sumamente extrañas cuando toca a alguna persona; visiones de la vida de todo aquel que entra en contacto con ella empiezan a pasarse por su cabeza.

Pero lo que Ada no sabe es que la muerte de sus padres, sus constantes y extrañas visiones, y su amor por tocar el piano la llevarán a descubrir más sobre sí misma y sobre el orden del mundo de lo que ni en su peor pesadilla o en el más bello de sus sueños hubiese podido vislumbrar.

Como lo mencioné anteriormente, este libro llegó a mí bajo una ola de prevenciones y un halo de prejuicios que me llevaban a tener las menores expectativas sobre el mismo. Pero para mi sorpresa, me encontré con cosas bastante interesantes.

Lo primero que te encuentras una vez abres el libro, es una narrativa sumamente sencilla, cero pretenciosa, agradecidamente cercana y tremendamente contemporánea. Antonia Romero crea una historia vivamente digerible y disfrutable en donde los conflictos de una adolescente muy creíble se ven envueltos en un mundo fuera de su entendimiento en donde la elegancia, la guapura y la crueldad se entremezclan.

Dentro de ese aire contemporáneo y modernista que impregna a "Los diletantes", la creación de los escenarios y las situaciones por las que se mueve Ada en el colegio, en la calle o en su casa, son completamente verosímiles (exceptuando el toque de ficción que implica encontrarse con un vampiro en la esquina de tu casa y ciertas cosillas romanticonas que dentro de esto parecen completamente salidas de los cabellos y de las cuales ya habrá espacio de comentarios). Es muy fácil creer lo que las líneas te van contando y sentirte identificado con muchas de las cosas que pasan; y si a eso le sumamos el hecho de que la autora se dio a la tarea de darle una banda sonora a su obra, que seguramente a muchos nos traerá recuerdos y nos robará unas sonrisas nostálgicas, la experiencia que se construye fue claramente atractiva a mi modo de ver y de sentir la propuesta planteada.

En esta primera entrega el sentido introductorio es evidente, pero no por ello deja de lado la emoción y se dedica netamente a la ambientación; Antonia Romero es muy astuta y a medida que te va contando el día a día de Ada, lo que sucede en su colegio, lo que la llevó a convertirse en la joya de la corona para los diferentes clanes de vampiros, y la historia detrás de cada uno de estos, va poniendo en el camino una serie de actos que plagan el recorrido de una emoción con un aire de sutileza intensamente agradable y que se goza a la lectura.


Y es el elemento de los clanes, su conformación, sus características, su leyenda y su trasfondo, el elemento que más me atrapó dentro del desarrollo del libro. La autora batea un home run en la construcción del universo de los vampiros bajo el que decide trabajar, y esto lo soporto en la buena manera en que describe las diferentes razas, el porqué de sus actitudes, las escalas jerárquicas bajo las que se manejan, y un sinnúmero de detalles que no queda más sino sentarse y disfrutar. No solo imagina una sociedad, sino que se encarga de a punta de pinceladas darle matices atrayentes que le dan un color más vistoso al cuadro en su totalidad.

Dentro de estas razas o clanes de vampiros, y sumando por supuesto a los seres humanos, vamos encontrándonos con una serie de personajes con los que personalmente me sentí muy cómodo dentro de la lectura. Resalto a los amigos de instituto de Ada que me recordaron viejos años de colegio, y a los vampiros que dentro de su aire actual tipo "Crepúsculo" tenían un trabajo de fondo importante y que los alejaba levemente de ese pasado oscuro. Ada es una niña con resquicios de ese sentir insufrible que tanto me molesta, pero a la que terminé tolerando y queriendo a pesar de todo; David es un personaje encantador y que espero encontrarme más adelante desenvainando sorpresas a diestra y siniestra; y Verner es un tipo rudo de esos que le dan un toque picante muy necesario a una historia tan calcada a las novelas de vampiros empalagosos que fueron moda hace unos años.

Y es esta parte de rosas, corazones y mariposas en el estómago la que le quitó muchos puntos a la calificación final del libro. La relación de amor que se crea más que instintiva, luce absurdamente apresurada y rebuscada. La construcción de lo que nace entre Ada y Andrew (su maestro de piano y miembro importante dentro del mundo de los vampiros) es poco pulida, muy poco propositiva y tristemente postiza. No es que sea un ogro que no cree en el amor ni mucho menos, sino que la inclusión de este tipo de elementos puede llegar a ser una bomba de tiempo, y creo que en este caso explotó en el lugar equivocado.


En medio de música, algo de sangre, muchos descubrimientos y un preciso toque de acción, nos encontramos con un muy buen final, que se potencia en el soberbio epílogo que deja en punta la lectura y en alto las ganas de continuar con la historia.

Salirse de la zona de confort no es fácil, y mucho menos hacerlo con algo contra lo que tienes tantos prejuicios y reservas. Sin embargo y contra lo que todo aquel que me conozca pueda pensar, la sencillez bajo la que se construye "Los diletantes" me generó una experiencia de lectura amable, afable y agradable. Tengo muchas ganas de saber que le depara el destino a la pequeña y musical Ada :)


No hay que juzgar a un libro por su portada. Lección confirmada.

martes, 14 de junio de 2016

Mi tiempo con Javier Mahecha...

Cuando ves un libro en una estantería, no puedes alcanzar a imaginar todo el trabajo y todas las personas que están detrás de él. Sin duda alguna, uno de los personajes más importantes detrás de estos compañeros de vida y contadores de historias, son los editores, quienes son pieza clave en el universo literario. El día de hoy tengo como invitado a Javier Mahecha, quien cumple con esta labor dentro de Panamericana Editorial, y nos contará mucho más sobre su papel en la llegada de un libro al mundo...


Del archivo de la editorial

¿Quién es Javier Mahecha?

Soy un editor, un intermediario entre el autor y el lector, un barrendero que se ocupa de evitar que las personas resbalen mientras leen. Soy amigo de los libros, lector de oficio.

Una mente iluminada se despierta un día con la idea de escribir algo y contarle al mundo lo que le está pasando por la mente ¿hacer un libro es algo tan aparentemente sencillo como eso?

Aún la mente iluminada requiere tiempo y oficio para terminar de escribir algo. Un libro es el resultado de ir entretejiendo varias cosas, los libros no salen de la noche a la mañana, hacer un libro es un trabajo que requiere constancia y respeto por el lector.

¿Qué hace un editor?

Un editor de libros coordina el trabajo de varios profesionales para llevar el original del autor a la forma final que es lo que tiene el lector en las manos. Los autores no escriben libros, escriben originales, y el editor se encarga de que ese original sea un libro.

¿Lees mucho?

Sí, en realidad leo como parte de mi oficio y como parte de mi vida. Los libros que editas están dentro de los libros que estás leyendo. Si no lees no tienes alimento.

¿Cuál es tu género literario favorito? ¿Y tu autor?

Soy multigénero pero me apasiona la poesía. Recorro con especial dedicación la poesía de Cavafis y de Whitman. La poesía te permite reencontrarte con tu esencia, te produce espacios de libertad únicos.

¿Qué puedes decirme de “Juegos mentales”? ¿Qué tal fue el trabajo con este libro?

Fue un libro interesante para editar, la historia atrapa al lector y constantemente lo cuestiona, por eso es la palabra "juego" en el título. Es una historia que tiene un desenlace inesperado. 

¿Qué debe tener un libro para ser publicado por Panamericana Editorial?

Calidad. Esa es la palabra que define una publicación. Al momento de mirar un original se piensa en el lector, ¿vale la pena publicar esa obra? ¿Cómo vas a permitirle al lector disfrutar eso que estás leyendo?

Desde hace un año hasta el presente, es notorio que Panamericana Editorial le ha empezado a apostar a la literatura juvenil y contemporánea ¿por qué se da esto?

Porque los lectores van pidiendo nuevos temas, nuevas atmósferas, nuevos espacios. Siempre le hemos apostado al público juvenil, por eso tenemos literatura clásica y contemporánea.  Les brindamos un espectro amplio y les decimos: "ahí los tienes, escoge lo que quieras".

¿En qué proyecto andas inmerso actualmente?

Sigo buscando historias para publicar en Narrativa contemporánea que es la colección donde se encuentra "Juegos mentales". En este momento estoy trabajando un libro de una escritora venezolana llamada Jacqueline Goldberg, es un libro llamado "El niño que desayunaba de noche", estará en almacenes en un par de semanas.

Si pudieras elegir un libro en la historia el cual editar ¿cuál sería?

Leí en alguna parte que los errores de los editores son las publicaciones de los otros editores. Son muchos los libros que me hubiera gustado publicar, por decirte uno, solo uno, me hubiera gustado ser el editor de Joseph Conrad.

¿Cuál es tu lugar preferido para leer, y con qué sueles acompañarlo?


En realidad leo en todas partes por asuntos de tiempo y de movilidad, no me cuesta trabajo acomodarme y comenzar a hacerlo. Cuando puedo hacer de la lectura un asunto individual busco especialmente un espacio con luz suficiente, con eso me refiero a que evito espacios muy iluminados o muy tenues, y bueno con un café todo es mejor. 

viernes, 10 de junio de 2016

10 razones para amar Jours de papier


Cada relación de pareja es un universo completamente diferente y cada una se va escribiendo de un modo distinto. El amor es como el cuerpo mismo, hay que cuidarlo, alimentarlo y protegerlo; exactamente igual pasa con las relaciones de pareja.

Este es el nuevo libro de este par de genios
Cuando nos sentimos mal, nos duele algo, o vemos que nuestro cuerpo no está funcionando como debería, hay que visitar el doctor, tomar vitaminas, o buscar las medidas adecuadas para solventar dichos malestares; en una relación de pareja la cosa no difiere nada, pues si hay factores que molestan y que sentimos que no van bien, hablar es lo más importante para poder establecer acuerdos y evitar malos entendidos.

Usualmente salimos de compras, vamos a comer lo que nos gusta y hacemos actividades que nos hacen felices; en las relaciones de pareja esas cosas que rompen con la rutina y hacen de la cotidianidad algo lindo son sumamente valiosas. Un detalle puede ser el sostén de la aventura más bonita de sus vidas. Pequeño consejo.


No sé si fue en un supermercado, en un antro, en el cine, por intermedio de amigos, en una feria, viendo lucha libre, comprando gatos, o tomando jugo de horchata, pero un día Tania Camacho y Esteban Martínez prendieron una chispa y el mundo no volvió a ser el mismo. Las hojas en blanco empezaron a llenarse de letras, de dibujos y de anécdotas. Un cuaderno empezó a ser el diario de su vida... Y tiempo después (quién iba a pensarlo), ese diario terminó convirtiéndose en el reflejo del día a día de muchos otros, yo incluido.

Así los conocí. En esta situación, yo soy Tania.
Hace un año y medio, aproximadamente dos, la persona que lleva haciendo más feliz mi vida hace ya casi tres vueltas al sol, me envió una imagen que mostraba de manera jocosa y algo exagerada, algo que pasaba muy a menudo y de lo cual hablábamos en nuestro día a día. Desde ese preciso momento Tania y Esteban en versión animada fueron (y siguen siendo) protagonistas de muchas de nuestras conversaciones, y artífices de risas y momentos para enmarcar. En ese instante, me volví un seguidor loco y furibundo del proyecto Jours de papier.

¿Cómo definir lo que hacen Tania y Esteban? Esta ilustradora y este programador, de la mano de felinos y un peluche llamado Señor Rodríguez, han creado un proyecto increíble del que me he enamorado perdidamente, y el porqué, se los dejo en las siguientes 10 razones.

1. Tania y Esteban son como usted o como yo: A todos nos duele la cabeza, todos tenemos dolores de estómago que nos hacen amigos íntimos de nuestros baños, todos tenemos mal aliento en las mañanas, todos tenemos manías que nos da pena aceptar en público, todos tenemos un lado oscuro que mantenemos oculto, todos somos perfectos sin importar lo que otros digan. Así, como usted o como yo, son Tania y Esteban.

2. Tania y Esteban son felices: En la televisión, los periódicos, las redes sociales, el cine, y demás medios de comunicación y difusión de contenido (incluso en los libros), nos venden un modelo de vida en donde la felicidad solo es posible si tus músculos están marcados, si cambias de carro cada dos años, si tu teléfono móvil es de última generación, si tus medidas son 90x60x90, si sales de fiesta a los lugares de moda, si te hidratas con agua de precio híper inflado, o si tu ropa es de una marca en específico, entre muchas otras cosas. Pues he descubierto que eso no es tan cierto; siendo bajito como un hobbit, flaco como un espagueti y feo como un golpe en el estómago, puedo decir que soy feliz y no he necesitado ninguna de esas cosas para serlo. Así nos lo muestran Tania y Esteban, quienes con una tarde de arrunche, con un intento fracasado de cena familiar, o con una película de terror en casa, nos enseñan como la felicidad crece de formas diferentes a las que nos vende la sociedad.

Pasa. Lo digo por experiencia propia.
3. El sexo como parte importante de una relación: El sexo no lo es todo en una pareja, pero no nos digamos mentiras, importa, y mucho (MUCHO). Tania y Esteban salen por el pan, cocinan, hacen aseo, duermen, van al baño y en medio de todo, hacen de la cama (y de muchos otros lugares) su templo de placer. 

4. Tania y Esteban aman los gatos: Esos seres de cuatro patas, bipolaridad alborotada, inteligencia innegable, belleza desbordante, hambre constante y pereza casi permanente, son los dueños del mundo y no hay nada que podamos hacer contra ello. Al igual que muchos de nosotros, Tania y Esteban también viven bajo el tierno y mimoso yugo de un felino que los acompaña y les alegra la vida. Gracias a Tita por existir.

5. Hay que aprender a reírnos de nosotros mismos: Todos tenemos defectos, cosas que hacemos mal o momentos en donde la vida parece jugar en nuestra contra. Muchos tratamos de esconder eso por pena o vergüenza. Tania y Esteban nos enseñan que a pesar de las diferencias, todos y cada uno de nosotros somos seres humanos, y como tal, estamos proclives a caernos mientras caminamos en la calle, tener un calambre mientras hacemos el amor, ponernos nerviosos mientras hablamos en público, o llorar  viendo películas infantiles, entre muchas otras cosas. Tania y Esteban no tienen pena de mostrar esas cosas que muchas parejas ocultan por miedo al qué dirán; ellos se ríen de ellos mismos y en el proceso, nos enseñan también a nosotros a hacerlo.

6. El valor de la familia: En la gran mayoría de los casos dentro del planeta en que vivimos, la familia resulta un soporte y un elemento tremendamente valioso dentro de la forma en que nos movemos en el mundo. Son nuestro apoyo, nuestro soporte y nuestro polo a tierra. Son ese abrazo que nunca falta y ese regaño que nunca está de menos. Son una parte de nosotros, y así lo entienden y lo reflejan Tania y Esteban en su diario animado.

7. La importancia de enamorar todos los días a tu pareja: Para muchos un detalle se mide con el número de ceros a la derecha que muestre la factura que soportó su compra. Para muchos una invitación es válida solo si es a un lugar fino y de abolengo. Pero puedo decir con convencimiento absoluto, que tal y como lo muestran Tania y Esteban, lo más valioso del cuento es el amor con el que se haga y de eso se trata todo. Un abrazo, una cita sorpresa, una invitación a "ver" películas en la casa, un libro inesperado, un dulce, una salida a comer empanadas, una llamada de vez en cuando, y muchas otras acciones, son vitales para mantener vivo el fuego en una relación. El amor está ahí, pero necesita de nuestra ayuda.

¿Quién fue el primero en la fila para conocer a Tania y a Esteban?
8. La sencillez puede ser sumamente atractiva: Las ilustraciones que dan vida a la cotidianidad de Tania y Esteban no tienen inmersa la última tecnología en animación, ni una paleta interminable de colores, o las técnicas de dibujo más avanzadas del planeta. Jours de papier apuesta por algo limpio, jocoso, tierno y sumamente sencillo para acercarse a su público, y vaya que lo consiguen.

9. Tania y Esteban son mexicanos: Amo México. Amo Jours de papier. Punto final.

10. Al igual que al Esteban de los dibujitos, a mí también me agarran seguido las nalgas (lo siento, pero los Esteban somos jodidamente sexis): Dicen por ahí que el mejor antídoto para el enojo, es un buen apretón de nalgas. Pues a mí eso me hace muy feliz, no importa el lugar y el momento. Qué vivan los apretones de nalgas.

Para quienes ya conocen este proyecto, pues sigamos apoyándolo, y para quienes no, pues ojalá lo que aquí les he contado, sea suficiente para invitarlo a un café, y por qué no, darle una bienvenida a sus vidas. Viva México cabrones.


jueves, 9 de junio de 2016

Reseña: Sexy - Andrés Salgado

Los postes de luz se alzaban portentosos ante una versión hasta ese entonces desconocida de mí mismo. Una bolsa llena de panes en una mano y una llena de leche en la otra me obligaban a seguir el camino. Cada paso que daba era una estaca que se me clavaba en lo más profundo del alma; cada paso era un escupitajo a mi inexperta existencia.

Deje el mandado en la mesa y sin nada más por decir, los escalones fueron llevándome más cerca de la infinidad. La oscuridad brotaba imponente ante mis ojos ya fastidiados por esas compañeras saladas que obstinadas se negaban a sucumbir ante mi dignidad. Las estrellas fueron testigos de un corazón enamorado que vio como aquella musa a la que le había entregado su custodia, tenía otros cuantos encargos más en el camino. La luna me prestó su hombro y allí quedó marcada la humedad que suele dejar el abrir los ojos. El pequeño Esteban aprendió que el amor también duele.

Hace un año aproximadamente llegó a mí una novela completamente apartada de mi zona de confort y de todo aquello a lo que había leído hasta el momento. No es que el amor no se haya pasado de una u otra forma por mis lecturas, sino que simplemente la manera realista, subyugada y atrevida con que Andrés Salgado (el mismo de "Celia" o "De pies a cabeza") lo mostraba en "Martirio", era un terreno virgen para mis sentidos. Pero como el que es caballero repite, había que ver qué más tenían por decir las letras de este autor colombiano, y es por eso que estamos aquí, para hablar de "Sexy".

Este libro nos cuenta la historia de Katia Gerlein, una niña parida en las entrañas de la costa Caribe colombiana, con una ternura desbordada y con un deseo inexplicable de amar al mundo y a todo lo que en él habita. Ese deseo la lleva a descubrirse como ser humano, con lo mejor y lo peor que ello conlleva.

Cuando vi la portada del libro en las redes sociales de la Editorial 531, debo confesar que no me sentí en absoluto atraído por él. Ya habiendo pasado un tiempo con "Sexy" en mis manos, la en su momento desastrosa combinación de colores empezó a cobrar sentido, la tipografía bañada en azul llamó toda mi atención, y el contoneo insolente de una mujer despampanante y atrevida terminaron por embelesarme. Hay que darle tiempo al tiempo dicen por ahí.

En este segundo hijo Andrés Salgado nos entrega una historia sucia, en donde el sexo se explora por completo, en donde las vejaciones son el pan de cada día, y los límites no existen cuando de comerse al mundo se trata. Pero contrario a lo que cualquiera pudiera imaginarse con esta descripción, la narrativa utilizada por el autor es sumamente limpia y se impregna hasta los huesos de un toque poético que resulta peligrosa e inexorablemente cautivador.



Las ilusiones de un cuerpo cegado por el placer y una mente dinamitada por el deseo se visten con sus mejores prendas para crear una experiencia de lectura inolvidable, en donde la alegría que parece revestirlo todo, oculta una serie de suplicios que irán de a poco carcomiendo a Katia y a todos los que se pasen por su vida. En medio del pasar de los años nuestra diosa se las verá con la indolencia, con la desilusión, con el engaño, con el infinito, con la riqueza, con la miseria, y un mar de experiencias que definirán por completo su destino.

Cuando te paseas por los diferentes parajes de la historia, es imposible no notar un lenguaje más ligero y menos estridente que el utilizado en "Martirio", un lenguaje más universal y digerible; sin embargo, la madurez como escritor que ha adquirido el autor le permite crear una atmósfera mil veces más oscura, en donde la podredumbre del ser humano se refleja en su máxima expresión; la novela lleva sobre sus hombros una carga social impresionante, y que en medio de las carcajadas que acompañan la lectura del libro, termina por sobrepasarte y por poner tu mente a trabajar.

Lanzamiento de "Sexy" en la FilBo 2016
"Sexy" viene narrada a tres voces. Una tercera persona que nos cuenta desde el otro lado de la barda lo que Katia, nuestra protagonista, y Alex, uno de los personajes principales de su vida, nos van haciendo saber. El recurrir a este estilo narrativo es un total acierto dentro de la construcción de la novela, pues no te deja ciego ante las situaciones, te clarifica y te confunde al mismo tiempo, y te permite mudar de ojos con cuestión de atravesar un punto a parte. Ese intercambio de micrófono es uno de los puntos más fuertes dentro de la construcción de la obra, pues te permite razonar bajo realidades distantes, puntualizar momentos y hacerlos más ricos, y complementar lo que aparentemente ya lucía listo.

Una vez dicho lo anterior, es necesario hablar de la voz cantante, risueña y esplendorosa de esa morena de ojos verdes, dientes chuecos y magia entre sus piernas. El sabor del Caribe colombiano baña gran parte del camino de Katia por el transcurrir del libro, y ese es otro de los puntos que más me gustaron en la lectura. Escuchar a Katia es como dar un paseo por la playa, como un trago de ron con un vallenato de fondo, como alentar al Junior con cerveza en mano, como pedir una butifarra en una esquina cualquiera, o como ver el contoneo de las olas ante el coqueteo inescrupuloso del atardecer. Pero aquí no todo va bien, pues esa voz en ocasiones se pierde, y el acento se escabulle entre letras y conversaciones. En un momentos estás en Montería, en Barranquilla o en Cartagena, y al segundo estás perdido quien sabe en dónde. La magia dice adiós de vez en cuando y no se toma la delicadeza de despedirse.

Y habiendo hablado de la tierna, inestable, jodidamente sensual y abruptamente sexual Katia, sería iluso de mi parte no dedicarle un espacio al resto de seres que la acompañan por esta descarnada aventura. Es delicioso ver como el tiempo pasa, los personajes crecen y con ellos la historia misma. Cada personaje es vital a la hora de entender lo que es "Sexy", y este es otro de los puntos a resaltar dentro de la novela: la capacidad de hacer que todo trabaje por un mismo fin. Este estudio humano nos llevará a conocer el peso y las consecuencias del pasado, la picardía que trae implícita la inocencia, lo valioso de estar en el lugar y en el momento indicado, lo peligroso de no ver más allá, lo necesario de expiar nuestros demonios, y lo imperioso de darnos cuenta que no todo lo que brilla es oro. Damaris, José Tobías, Pablo, Vanesa, Yésmer (mi favorito sin duda alguna), Alex, Gabriela, Laura, Leonardo, Roberto, y quienes mi memoria injustamente no recuerda en este momento... fue un placer volar de su lado.

En un abrir y cerrar de ojos, este romance con el mundo se iba terminando y dentro del clímax recurrente en la lectura, ciertas presuras iban haciéndose presentes; algo así como un buen polvo que no dura lo que debería. En medio el éxtasis, recibí un final maldito, sobresaliente y, si bien algo descabellado, agradablemente sorprendente.

"Sexy" es una historia de amor insana, como las que vemos a diario en un país convulsionado como el nuestro. "Sexy" es una novela delicada, que roza lo impecable y acaricia lo desquiciado. "Sexy" es una oda a lo imperfecto, al suplicio que representa ese sentimiento transgresivo y puro llamado amor. "Sexy" es un poema tristemente cotidiano y lamentablemente olvidado. "Sexy" es una canción pegajosa, prohibida e intensamente interpretada. "Sexy" es un recordatorio de lo nocivo que puede ser querer a alguien... "Sexy" es un orgasmo desgastante, de esos que deberíamos experimentar al menos una vez en la vida.