martes, 31 de mayo de 2016

Reseña: El pájaro de ébano - Valentina Toro


La palabra es un sonido con un significado, y según leí por ahí, una categoría gramatical. Las palabras van llegando a nuestra vida desde el preciso instante en que entramos en el óvulo luego de una carrera a muerte por la supervivencia. Los antojos de nuestra madre, los cuchicheos de sus allegados, la gritería estridente en medio del parto... Todo son actos que en el fondo, esconden palabras.

Desde muy pequeño la palabra bruja hizo parte de mi vocabulario. En las telenovelas que mi tía veía en las tardes era común escuchar expresiones como "vieja bruja" y "maldita bruja", entre muchas otras por el estilo. En las mañanas de los fines de semana logré aprender que las brujas tenían un cutis verdoso, nariz aguileña, cabello despeinado, vestimenta oscura y una escoba siempre a la mano. Tiempo después, una bruja en medio de su idolatría por un viejo cascarrabias que le daba coscorrones a un niño que vivía en un barril, sería la encargada de hacerme morir mientras hacía las tareas para el colegio. Viéndolo bien, he tenido una relación más que agradable con estas señoritas.


Subí escalón por escalón sin siquiera imaginar con lo que me iba a encontrar. De repente allí, en medio de muchos otros candidatos, una pequeña pelirroja me observaba tímidamente tratando de ocultarse detrás de una ventana. Sus exorbitantes y gigantescos ojos negros no desprendían de mí su atención, y cuando menos lo esperé, ya la tenía tomada de la mano. El libro del que vengo a hablarles en esta oportunidad es "El pájaro de ébano" de la escritora e ilustradora paisa Valentina Toro, el cual llega al mundo gracias a Intermedio Editores.

Esta obra nos cuenta la historia de Abril, una joven de 15 años que ve como su vida da un giro de 180 grados al cambiar su lugar de residencia, dejando atrás la gran ciudad, para adentrarse en Panansia, un pequeño pueblo alejado de la civilización. Una serie de sucesos irán mostrándole a Abril una realidad completamente desconocida en donde el frío es el común denominador, un cuervo su fiel compañero, las brujas un pensamiento constante, y los seres de la oscuridad su recurrente martirio.


Lo primero de lo que vale la pena hablar, y quizá el punto más fuerte de este libro, es el apartado gráfico que lo acompaña. El talento de Valentina es algo del otro mundo. Sus ilustraciones hipnotizan, encantan y enamoran. El sentido enigmático y enternecedor de los trazos de la autora es algo que no pasa desapercibido, y que se roba tu atención sin que puedas oponer la menor resistencia.

Pasando a otro terreno, es imposible no destacar la narrativa cálida y elegante que impregna la historia de Abril. Esta es una obra escrita de manera impecable, con descripciones excepcionales, una atmósfera perfectamente estructurada, y un par de tonos claramente pintados y que se fusionan de buena manera. Es importante ahondar en el tema de las descripciones, pues Valentina Toro nos regala escenarios vívidos, lúgubres, aterradores, inhóspitos, y ante todo, concebidos y llevados a la realidad portentosamente. Saliendo de una biblioteca en donde las páginas albergan mil ojos espías, las arpías se posan sobre tus hombros en tanto la lluvia baña tu cabeza y oculta un camino en donde los árboles parecen no parar de crecer y las sombras se vuelven tus guardaespaldas, mientras la oscuridad encubre misterios que solo un fuego fatuo podrán vislumbrar.

Pero dentro de lo valioso de las descripciones, encontré un problema en la lectura. Todo está muy bien construido y la historia te ambienta de manera inmejorable, pero ese sentido detallista por momentos luce exagerado y le quita ritmo a la historia. Hace mucho no tardaba tanto tiempo en cerrar un libro.

La construcción de personajes es otro punto muy fuerte dentro del trabajo de Valentina, puesto que lo refuerza y complementa con lo ya hecho con las descripciones. Cada lugar, cada escenario y cada momento en la historia, dan una pincelada más en el lienzo de cada uno de los partícipes de la obra. Pormenor a pormenor, los habitantes de Panansia nos van mostrando su rostro, su vida, su obra, su pasado, su presente, y especialmente, sus miedos. Aquí nos encontraremos con un cuervo distinguido y gentil, con tres abuelas carismáticas y olvidadizas, con alumnos arcanos e incomprensibles, y con una protagonista seria, contemporánea, amante de las notas y las letras, con más pecas que certezas, algo asustadiza y temerosa, pero agradecidamente cercana y muy bien acoplada con su entorno. ¿Mi favorito? Édgar sin duda alguna; necesito un pájaro de ébano impertinente y protector en mis días.

Punto importante a tener en cuenta, es la cantidad de cosas que en medio del espacio sombrío los protagonistas de esta historia te van enseñando. El respeto, el valor de la amistad, el amor propio, la importancia de la confianza en uno mismo, y el valor de los riesgos, son algunas de las cosas con las que nos encontraremos en esta novela.



A medida que las noches pasaban y que los hechos inexplicables se iban haciendo cotidianos, la historia va mostrándonos una serie de elementos que denotan una investigación juiciosa en lo que respecta a estas señoritas que viajan en escoba y ríen estruendosamente, y todo lo que las rodea. Este es evidentemente otro factor que debo destacar, pues no hay nada que agradezca más dentro de la propuesta de un autor, que la seriedad con la que realice su trabajo y el compromiso de ofrecer algo bien hecho al lector.

Otra de las cosas que me gustó mucho, es la escogencia de papel blanco dentro de la impresión de la obra, puesto que con esto la fuerza que traen consigo las ilustraciones de Valentina Toro, toma un plus que se agradece; lo anterior se condensa en páginas grandes en donde las márgenes son casi inexistentes, para así permitir que cuando el apartado gráfico comparta escena con el escrito, la experiencia sea más agradable. Además de ello, la voz cantante del libro es un tercero a quien no conocemos, y que por momentos deja espacio para que Abril nos regale lo que deja plasmado en su diario. La manera en que este último es llevado al papel, es muy interesante pues rompe el esquema regular de un libro al insertar elementos que reflejan y hacen más certera la relación con lo que Abril está contando.

Pero en lo mencionado previamente, encontré un par de fallas que a mi modo de ver, restan mucho a lo que es la obra en su conjunto. La primera de ellas apunta al tipo de letra de Abril, pues los trazos que realiza en su diario son demasiado finos y dificultan la lecturabilidad. Lo segundo, y mucho más importante, va a la experiencia que viví al tener páginas tan grandes y con un margen tan reducido, lo cual es acertado cuando se da la interacción que menciono en el párrafo anterior, pero que en las páginas en donde el texto es el único que hace presencia, termina por cansar. Entiendo el objetivo de hacer esto, y que con lo mismo el tamaño del libro fuera más cómodo, pero realmente hubiese preferido un libro de 500 hojas de más fácil lectura, a uno de pasadas las 350 con esa percepción de pesadez con la que este me dejó.

Las pesadillas, los rituales y los descubrimientos me fueron acompañando por un camino que desembocó en un final que si bien sentí muy apresurado, me sorprendió por completo, y me dejó un muy buen sabor de boca a pesar de los detalles que ya he mencionado en esta entrada.

"El pájaro de ébano" es un libro que transita de manera peligrosa entre lo infantil y lo juvenil, una obra fina y cuya construcción se percibe impecable, un juego interesante en el que las ilustraciones toman la batuta y sirven de respiro ante páginas que lucen interminables, una sutil crítica a la peligrosa labor de la religión en nuestra sociedad, una novela seria y madura en donde lo tierno se hace oscuro, y el miedo te obliga a descubrir a tu verdadero yo.

Espero algún día poder mover la escoba, y tener pase directo al Escarabajo de oro para tomarme un café con mi amada Walpurga.



Una vuelta por la ciudad de los libros


En cuanto me enteré de la visita de Rick Yancey, el autor de la trilogía "La quinta ola" a Argentina, los planes de vacaciones quedaron definidos, los tiquetes no tardaron en ser facturados, y las maletas se desempolvaron de inmediato. La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires era el camino a seguir.

Luego de mucha espera, un café y un sándwich acompañaron la eterna madrugada que precedió el vuelo de conexión a Perú, en donde despelucado, hambriento y muerto de sueño, me monté en el avión que horas después aterrizó en las pistas del Aeropuerto de Ezeiza. Al fin había llegado a mi destino.

El pop rock amenizó el trayecto en un taxi con ruta de $120.000 pesos colombianos hacia un hotel en plenas inmediaciones de la Plaza del Congreso, lugar al que desde el primer vistazo bauticé como el Capitolio argentino, aunque en medio de las protestas y manifestaciones pacíficas y valederas que adornaron mi estadía en la ciudad, no tuve la oportunidad ni siquiera de ver de lejos al presidente Snow.



El día que decidí ir a conocer "El Ateneo", la segunda librería más linda del globo terráqueo, me encontré con calles plagadas de historias, con esquinas minadas de letras, con aceras infestadas de mundos y con lugares en donde la vida cobraba un sentido diferente. Un día alguien me dijo que en Bueno Aires hay más librerías que panaderías, y dudo que esta aseveración esté equivocada.

En el subte, en el tren, en los parques, en las cafeterías, en las plazas y en el lugar menos esperado, te encuentras gente con un libro en la mano. Ya sean las principales novedades editoriales, libros de culto, clásicos de toda la vida o pequeños olvidados por un mercado depredador, en las librerías de Buenos Aires puedes encontrar lo que te imagines. No importa el sexo, la religión, la clase social o la inclinación política, hay libros para todos. Aquí en Colombia te encuentras con contadas vallas publicitarias destinadas para promocionar libros, pero en Argentina el asunto es muy distinto, pues los libros parecen perseguirte al lugar que decidas ir.



Volviendo a mi visita a "El Ateneo", es poco lo que puedo mencionar, pues este es uno de esos lugares que te dejan con la boca cerrada y los ojos abiertos. La majestuosidad que la impregna, la suntuosidad que la reviste y el silencio que la caracteriza, hacen de esta librería un sitio turístico de obligada visita en la capital mundial del libro del año 2011. Además de todo, el lugar cuenta con una oferta musical y cinematográfica interesante, así como con una muestra de arte permanente que le otorgan un aire diferencial y único. Puedes tomarte un café, quizá comer algo, charlar con sus amables y conocedores libreros, y por qué no, hacerse a un nuevo amigo entre ese océano literario.

Pero si "El Ateneo" me dejó con una sonrisa en el rostro, lo que me encontré de regreso al hotel me movió todas las fibras. En medio de la cantidad de hoteles para nuestros amigos compuestos de puntos e historias, las casualidades de la vida me llevaron a hacer check-in y enamorarme perdidamente de uno de ellos. "El Glyptodón" tiene un no sé qué en no sé dónde que te transporta en el tiempo, te atrapa por completo y hace latir tu corazón a mil por segundo. Paredes cubiertas de libros adultos, en donde el amarillo predomina y el aroma a sabiduría cubre cualquier rincón, le dan a este lugar una atmósfera inigualable. No puedo explicar lo que viví en esos 30 minutos de recorrido, en medio de hojas experimentadas, con dedicatorias sorpresas, y con una librera sumamente amable que sirvió de guía en mi travesía por ese mágico lugar. Un rato inolvidable.

Entre caminatas interminables, fotos por doquier, comida a raudales y cantidades navegables de cerveza, vino tinto y coca cola, uno de los momentos que más aguardé, al fin llegaba. Aún no me explico cómo el taxi resistió cargar con una maleta repleta de libros y un corazón hinchado de emoción hasta las instalaciones de la Editorial Del Nuevo Extremo, la cual es la encargada de traer al mundo muchos de los títulos que en Colombia distribuye Ediciones Urano.

La encantadora, altísima y sumamente amable Vanesa Florio nos recibió con un abrazo de esos que se atesoran de por vida, y nos dio la bienvenida a un encuentro imborrable. A la izquierda Perú, a la derecha Chile, y frente a mí Argentina. Bloggers y booktubers de distintos lugares del continente reunidos frente a galletas, dulces y gaseosa, en medio de estanterías que me quería llevar en mi equipaje ya suplicante de descanso, y unidos por un solo mensaje. Es increíble todo lo que los libros pueden llegar a generar, todo lo que la literatura puede crear, y todo lo que tengo que agradecer a ese día en que terminé de leer "Amanecer rojo" de Pierce Brown y decidí contarle a quien quisiera lo que pensaba al respecto.

De un momento a otro, una pequeña señorita de labios de fuego y blazer azul, abrió la puerta y entre la multitud de rostros, me encontró y me regaló una sonrisa de esas que alegran para siempre. Minutos después me encontraba con una torre esperando por ser autografiada, con los nervios a flor de piel y con la emoción desmedida que da el conocer a alguien a quien aprecias y admiras. Frente a mí tenía a Romina Russell, la autora de la saga "Zodíaco"Aún no dimensiono la cantidad de pendejadas que dije en esos minutos en donde más que lector y escritora, me sentí en un espacio en donde estaban dos amigos hablando de la vida y celebrando un encuentro. Sin duda alguna, de los ratos más increíbles en estos 25 años de carrera.

Con una "Estrella errante" de más en la mochila, tomé rumbo a la siguiente parada. La Rural me esperaba para ser parte de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Un espacio inmenso, en donde Snoopy daba la bienvenida a todos los asistentes, sería mi hogar por ese fin de semana. Entre el viernes y el lunes, viví una experiencia sin igual.



Algo que me gustó muchísimo dentro de la logística que maneja la feria, son los cupones de descuento que te entregan por el simple hecho comprar tus entradas (no sé si solo funcione con aquellas adquiridas por internet), y por la magnífica idea del chequelibro. Que te reembolsen el dinero de tus entradas por créditos efectivos para comprar libros, no tiene precio.

Caminando por pasillos amplios y amables de cara a la relación que debe generarse entre el demandante y la oferta, me hallé frente a stands imponentes, libros a los que hace rato les estaba siguiendo la pista, y precios que mataron mi ilusión de poner mi tarjeta de crédito en rojo. 

En un abrir y cerrar de ojos, estaba de haciendo una fila ordenada como no veía hace mucho, en la que al final un sonriente y carismático personaje esperaba con un bolígrafo para dejar su huella en mi libro. Le hablé un poco de mi país, y entre el estricto sistema de seguridad, logré robarle una foto a quién era el causante de mi viaje por tierras argentinas. Un mar infinito de emoción.

En esos días tuve la oportunidad de conocer una mente visionaria, iluminada y con ideas claras. Cristina Alemany es la encargada de toda la movida juvenil dentro de la FILBA, y vaya buen trabajo el que realiza. El mundo se mueve, y si no nos movemos con él, buen viento amigo mío.

En el lapso de vida de la FILBA, bloggers, booktubers y bookstagramers (si, todos tenían un tiempo en la agenda) se dieron lugar para mostrarle al mundo que todo es dinámico, que lo que ayer fue, quizá hoy no lo sea, y que las nuevas generaciones están ávidas de nuevas formas de interacción con lo que les gusta. Si bien la manera en que los dos eventos a los que asistí (el de bloggers y el de booktubers) distaron mucho de lo que esperaba y me decepcionaron en cierta parte (uno en donde el foco de atención eran los autores invitados y el otro un conversatorio interminable y algo repetitivo), es de aplaudir la generación de este tipo de espacios por parte de un escenario de tal magnitud, que seguramente con el tiempo y la madurez irán creciendo y haciéndose más y más importantes. Grossa Cris, necesitamos más personas como tú.



En los mencionados encuentros y en todo lo que de ello devino, conocí voces, caras, historias y letras que se mantendrán en pie aún si el alzheimer decide visitarme. Muchas gracias a Vanesa Florio por su amabilidad, por su sonrisa, por su profesionalismo y por abrirle las puertas a un colombiano comelibros; muchas gracias a Romina Russell por ser quien es, por el amor a quienes la leemos, por la pasión por su trabajo, y por la alegría que difunde en el ambiente cada vez que sonríe; muchas gracias a Candela y Agustín Sohn (Los Librothers) por engañarme con sus edades y por mostrarme que a los jóvenes sí les importa su futuro y están dispuestos a trabajar por él (grande Agustín); muchas gracias a Laly, Piero y Alejandro (perdón por robarme tu foto) por la amabilidad, la buena onda y el intercambio cultural; muchas gracias a Sil Quintana por su buena memoria y por ese ángel tan lindo que lleva consigo (también, perdón por robarme tu foto); muchas gracias a Cristina Alemany por dentro de todo el ajetreo, abrirme las puertas de su feria, eres una anfitriona de lujo; muchas gracias a Sol Funes... mujer, sos lo más bello y especial de este planeta, jamás dejes de sonreír; muchas gracias a Oriana por darme uno de los momentos más chéveres que han desencadenado el haber abierto este blog, me llenaste de felicidad (y sí, perdón por robarme tu foto); muchas gracias a Malena Krueger por hacerme mala cara y al otro día recibirme con un abrazo jajaja, esta anécdota la enmarcaré por la eternidad.


MUCHAS GRACIAS a Angie Figueroa e Ignacio Rebolledo por ser mis compañeros de ruta, por los minutos al ritmo de la calculadora, por el léxico confuso y los divertidísimos malentendidos idiomáticos, por ser parte de mi caminata a media noche por una ciudad desconocida (ya podemos marcar el check de perdidos en Buenos Aires), por hacerme tomar vodka a las 11 de la mañana, por ser un contraste memorable de una país que muero por conocer, por abrirme las puertas de su ser habiéndonos conocido hace apenas unas horas, y por todas las demás cosas que no vale la pena traer a colación, pero llevaré bien guardadas en la memoria, los quiero mucho; muchas gracias a Juliana Zapata por mucho de lo anterior, por abrirme las puertas de su ciudad, por darme la oportunidad de conocerla, puede que no compartamos opiniones en muchas aspectos, pero la buena onda es lo que vale y lo que queda (vamos a romper la FilBo 2017); gracias infinitas a Javier Rodríguez por decidirse a vivir esta aventura conmigo, por soportarme, por ser el camarógrafo elegido, y por estar siempre ahí, gracias por tanto y por lo que sigue; y muchas gracias a los que se me pasan en este momento (perdonen mi pésima memoria, por favor), pero que con una simple sonrisa y un inolvidable abrazo, hicieron de esta una experiencia indeleble y memorable.



Cuando menos lo noté, un taxi a 40 kilómetros por hora atravesaba la calle 26 de la ciudad de Bogotá, la cual a pesar de los contrastes vividos en el viaje, que en la mayoría de casos le jugaron en contra, extrañaba con todas las fuerzas. A mi lado reposaban maletas al límite de su capacidad, una memoria SD cargada de imágenes, un mar de libros que fueron mi compañía, y un océano de vivencias de esas que te marcan y que te definen. Gracias totales a la ciudad de los libros por ser mi hogar de paso. Nos vemos muy pronto.



jueves, 26 de mayo de 2016

Reseña: La máquina de niebla - Carlos A. Rojas G.

Dice un viejo y conocido dicho que los mejores perfumes y los más efectivos venenos siempre vienen dentro de un frasco pequeño. Podríamos hacer una analogía al respecto, diciendo que los mejores relatos, al menos en la mayoría de los casos, son esos que no sobrepasan las 20 páginas de extensión. Escribir cuentos puede parecer una tarea fácil, pero el mundo no se creo en un día. Un espacio reducido en donde la atención del público se puede perder en lo que un ojo vuelve a ver la luz, resulta ser una labor que requiere de esfuerzo, de talento y de un chip que no todos tienen. Muchos se atreven a contar historias, pero no todos salen ilesos de ellas.

El cuento es normalmente asociado con narrativas infantiles y con entretenimiento para los más pequeños, pero su espectro dentro de la literatura abarca los tonos oscuros del terror, los rojos de la erótica, los azules de lo policiaco y los amarillos de lo popular, solo por sacar de la caja algunos colores.

Los cuentos me han acompañado desde que tengo memoria, y bien podría decir que mi vida es un cúmulo de cuentos, en donde por momentos juego a ser autor, por otros me visto de negro y soy la bruja malvada, y en cuestión de segundos muto y la corona del príncipe azul se posa sobre mi cabeza. A la imaginación hay que dejarla volar.

Ya decía el maestro Julio Cortázar: "El cuento gana por knock out, mientras la novela gana por puntos".



El protagonista en esta oportunidad es una autopublicación que en sus más de 150 páginas nos cuenta una serie de historias bastante cotidianas y muy cercanas para cualquier habitante de este mundo, es decir, para cualquiera que esté leyendo esta reseña, o que haya llegado hasta este punto por mera equivocación. En esta oportunidad, vengo a hablarles de "La máquina de niebla" de Carlos A. Rojas G, el cual pueden adquirir haciendo click aquí (para digital) o aquí (para físico).

Desde que leí hace un par de meses "Dalila dreaming" de Carlos Castillo, la locura interna por recuperar el tiempo perdido con los cuentos y por volver a sentir el frenetismo de su propuesta fue imposible de ocultar. Navegando por el nido del pajarito azul, me topé con una portada BÁRBARA y con la propuesta que quizá necesitaba en ese momento. En medio del humo del cigarrillo, smock y maquinaria industrial, me vi en el interior de una máquina de niebla.

Lo primero que vale la pena mencionar, es el esfuerzo del autor por dar a luz un libro limpio en cuanto a diseño se refiere, casi perfecto gramaticalmente hablando, y con un trabajo de gráfico de cubierta soberbio. Esta autopublicación se siente fuerte, trabajada y muy bien lograda. Este tipo de dinámicas deben valorarse sobremanera, pues aventurarse en el mundo de la literatura sin el espaldarazo de una editorial, es algo digno de admirar. A los sueños hay que perseguirlos, y a las metas hay que alcanzarlas, por más peliagudo que resulte el camino.


Desde la letra inicial del primer cuento, el estilo narrativo del autor se hace evidente. De manera pulcra, sin mayores pretensiones y con un lenguaje sumamente cotidiano, Rojas se pone a la tarea de hacer de lo recurrente algo más grande. Las palabras rebuscadas y las estructuras complejas no son el común denominador de este libro, el cual sin hacer uso de eso, logra entregarnos un material muy bien escrito y unas letras que emocionan.

En la acera de una ciudad caótica, en los hilos de una red social, en la muralla donde el amor muere, en los sueños que un día fueron inalcanzables, en la bendición en donde nace el corrupto, y en el balón de fútbol que construye pasiones, estos cuentos van retratando una Colombia que duele, que enternece, que resiste y que enferma. Relatos de una noche de tragos, de un bazar de fin de semana, de un instante efímero frente a un teléfono, de un almuerzo en el asadero de la esquina, o de una misa de domingo y arroz con leche.

Uno de los elementos más valiosos dentro del libro, es la capacidad que tiene de hacerte reflexionar, de recordarte que somos humanos, y de que errar es una de nuestras características. Les recomiendo prestar especial atención a la carta de Matías a Alejandra; mucho más no puedo anotar al respecto.

"La máquina de niebla" es un libro de la calle, detallista, bien cuidado y que no te deja soltarlo luego estar sentado. Un paquete de pequeñas y medianas historias algo diferentes, que no se esmeran por verse bien (aunque después de todo terminan haciéndolo), sino por valer la pena. Es todo un gusto encontrarse de la nada con talentos como el de Carlos A. Rojas. G., ante quien lo único que hay que refutar, es el no tener más material para vivirlo.

Hay dos cosas que uno nunca debe olvidar: el nombre y el camino a casa.


martes, 24 de mayo de 2016

Reseña: Estrella errante (Zodíaco #2) - Romina Russell

El hombre nunca está contento con lo que tiene; su hambre de conocimiento y exploración lo instan a ir más allá de los límites que sus coterráneos mismos le han impuesto, y encontrar rumbos completamente insospechados. El hombre se mantiene en una búsqueda constante de espacios, sensaciones y momentos que le aporten nuevas experiencias a su lapso de aire y que enriquezcan su bitácora existencial. El hombre elimina las barreras que el mismo se lastra y edifica nuevos horizontes a su camino. El hombre pretende hacer suyo todo lo que toca, y su ansia colonizadora es tal que las fronteras no son un concepto valedero y el espacio sideral es un término alcanzable...

Luego de la sorpresa que significó "Zodíaco" de Romina Russell, los astros conspiraron para que mi universo abriera un sinfín de agujeros no tan negros que me trasladaron a galaxias lejanas en donde vivencias que ni en el Imaginarium soñé que sucedieran, sucedieron. Un encuentro inolvidable, un abrazo imborrable y un plan por cumplir me dejaron, entre otras cosas, al protagonista del día de hoy. La gente de la Editorial Del nuevo extremo nos trae desde Argentina la segunda entrega de la saga "Zodíaco" (distribuida en Colombia por Ediciones Urano): "Estrella errante".


Después de la tormenta viene la calma. Luego de la muerte de Mathias, del ataque del Marad a ciertas zonas del Zodíaco, de los engaños y las tretas de Ocus, y de perder su status dentro de la Casa Cáncer, Rho llega a la Casa Capricornio para buscar tranquilidad, y porqué no, para reencontrarse con ella misma. Pero las estrellas tienen otras cosas marcadas en su camino.

Cuando vi "Zodíaco" en las estanterías de una librería, me quedó la sensación de estar frente a un texto de autoayuda o algo por el estilo. El diseño de portada de "Estrella errante" es el primer gran acierto que encontramos en esta obra, pues desde el acercamiento inicial, cautiva y no deja lugar a dudas respecto de su contenido. Tonos blancos que mutan al azul espacial, guardan dentro de sí mismos a una tímida sirena y a un imponente bovino. Se agradece profundamente el cuidado con el contenido de las solapas, y el incluir "Saga Zodíaco" como detalle distintivo.

Una vez das los primeros pasos por esta segunda estación dentro del metro tetralógico, notas un cambio evidente dentro de la construcción de la historia, y de lo que está pasando con su protagonista. La manera en que Romina Russell presenta a Rho después de todo lo que vivió, resulta sencillamente fascinante. La niña confundida y con buenas intenciones empieza a tener una serie de transformaciones apoyadas por el Marad, por Ocus, por algunos líderes del Zodíaco, por sus amigos, por su familia, por Hysan, por el recuerdo de Mathías, por su pasado, y por ella misma, que se plasman de manera casi inmejorable dentro del papel. La autora confecciona una hoja de ruta para este personaje que se siente muy real, que se teje entre transiciones acertadas, que navega entre un mar de sentimientos y sensaciones bien logrado, y que va tomando forma de manera muy creíble. La canceriana sigue conservando rezagos insoportables, pero ahora cuenta con otros elementos para poner su mano en la mesa.

Pero no solo Rho crece en este libro, sino que el descubrimiento personal se extiende por el resto de personajes. Una guerra deja huellas imborrables en todos la que la viven, ya sea de manera directa o indirecta, y en "Estrella errante" esto es algo que se agradece. Todos, incluyendo al mismísimo Ocus, ven como su camino se tuerce y los lleva a lugares muy diferentes a los que antes de las revueltas tenían en mente. Junto a los ya conocidos Nishi, Deke, Agatha, Lord Neith, Rubidum y Stanton (entre otros), nos abrimos paso por una forma suave pero adecuada a la hora de tratar el instinto, el impulso, y muchas otras expresiones de nuestra humanidad. El libro trae nuevos personajes como Aryll, pero prefiero no extenderme en hablar de ellos, pues no quiero llenarlos de spoilers ni dañarles el viaje espacial.

La ya mencionada búsqueda que emprende Rho, y las intenciones de los demás actores dentro de la historia, son lo que nos permiten deleitarnos con, quizá, el punto más fuerte dentro del trabajo de la autora: la construcción de un mundo. La manera en que Romina Russell se sienta en la silla del creador y aprovecha sus siete días de trabajo, es merecedora de todos los aplausos. Si la luz del sol de Virgo, el magnánimo cielo librano y lo ingenioso del Imaginarium les parecieron increíbles, la autora pone la vara aún más alta, y nos regala un viaje inolvidable y singularmente vívido por otras casas del Zodíaco en donde la extravagancia, los lujos, el costumbrismo y la innovación marcarán la parada. Pero Romina no se queda en construir un gran paisaje, sino que va al detalle y nos regala un universo completo y bien cimentado: medios de transporte, aparatos tecnológicos, equipos de comunicación, prendas de vestir, y muchas otras cosas más no hacen falta dentro de lo que propone este segundo libro, el cual se las arregla para hacer que esta saga se acerque al campo de la ciencia ficción con argumentos necesarios. Bravo genia.

Hay un halo de misterio que recubre este libro de principio a fin, pero quizá sea este el punto que menos me gustó dentro del mismo. No sé si es problema mío o qué, pero en ciertos parajes todo me resultaba demasiado evidente y los misterios no me resultaron nada misteriosos; a pesar de que la narrativa que maneja la historia es bastante atrapante (lo leí en un día y medio), ese toque predecible le restó puntos a mi experiencia con la obra. Además, en muchos otros parajes los dejà vu no se hicieron esperar, pues las situaciones (ojo, las situaciones) ante las que se me estaba poniendo, se me hacían muy (muy) parecidas a otras ya vividas en este basto mundo de la literatura juvenil.

Raudo y sin freno me vi abocado a un tramo final más que emocionante, pero que me dejó sin la cereza del helado, por un cierre que al menos a mí, no me inyectó la necesidad imperante y el nerviosismo enfermizo de tener en mis manos y devorar ipso facto "Luna negra".

Con "Estrella errante" el adjetivo de genia se le queda corto a Romina Russell. Un segundo paso en la saga "Zodíaco" en donde la madurez es el elemento central, en donde la guerra y sus estragos son protagonistas principales, y en donde las lágrimas tienen un lugar asegurado. Un crucero espacial por los recovecos de la mente humana en el cual el amor cobra un valor impresionante, y en donde la confianza se iza en lo más alto. En un espacio de cinco, hubo una estrella errante a la cual espero atrapar en la etapa más oscura de la luna...

Querida Romina, y por supuesto querida Vanessa, espero que el Marad no impida que nos reencontremos, que Ocus se apiade de nuestras almas y que los cañones apunten en el sentido indicado. Todo el amor del mundo para ustedes.



lunes, 23 de mayo de 2016

Reseña: Matías - Fernando Ponce de León

En esta oportunidad he dejado la introducción que siempre acompaña mis reseñas a un lado, pues el libro del que vengo a hablarles, no la necesita. "Matías" de Fernando Ponce de León, es el invitado especial para esta oportunidad.


Considerada una de las 100 mejores obras de la literatura colombiana en el siglo XX por la Biblioteca Luis Ángel Arango, "Matías" nos cuenta la historia de Tomás, un niño que pierde el sentido de la vista y debe afrontar el nuevo destino que se le planta de frente.

Parece muy sencilla la premisa ¿verdad? Pues sí, luce bastante sencilla, pero lo que se encuentra impreso en las 352 páginas que componen este libro (el tomo que tengo es el de Taller de Edición Rocca) dista mucho de ser algo sencillo. 

Por medio de una narrativa prodigiosa en el sentido íntegro de la palabra, Fernando Ponce de León nos regala la memorable e hija de puta voz de Tomás, quien nos involucra sin pedir permiso en su quehacer diario, en su encuentro con la cotidianidad, en los sentimientos que lo permean, en la soledad que genera la diferencia, y en la rabia que concibe la intolerancia. La construcción de este personaje es algo completamente inusual para mi entender, pues me habla desde un lugar desconocido, bajo escenarios muy lejanos y sensaciones que seguramente jamás podré experimentar. Quizá los ojos sean la ventana del alma, pero no hay nada que nos ciegue más que ellos mismos.

La vida de Tomás transcurre en la normalidad de su familia, en las calles que no ha recorrido, en los pasos que retumban en su alma, en los maullidos de un gato absorto de diversión, en la naturaleza humana que irrumpe en cualquier lugar, en la racionalidad que se destartala con el pasar de los segundos, en los abrazos impíos de una madre socavada por su realidad, y en muchas otras cosas que ya conocerán cuando se decidan a vivir en carne propia esta novela. 



Nuestro protagonista se monta en un avión que transita por los parajes más recónditos de la mente humana, permitiéndonos ser pasajeros de un viaje por los recovecos de nuestra propia existencia. "Matías" es una obra oscura, melancólica, desalmada, lúgubre y agradecidamente humana, que nos pone en unos zapatos muy parecidos a los nuestros, pero que tienen la capacidad de ver el mundo desde una perspectiva completamente diferente. Desde su desconocimiento, él mismo se encarga de abrir nuestros ojos y sumergirnos en una ciudad depredadora y tendiente a la indolencia, en donde el avivato es rey y la injusticia es Dios.

Pero no todo es mérito de Tomás, pues la fuerza de su voz es forjada por todos y cada uno de los invitados a esta historia. Alabo la manera en que Fernando Ponce de León ha construido a sus personajes, los ha dotado de una capacidad irrefutable para transmitir sus sentimientos, y los ha puesto en el lugar y el momento indicado para sacarles todo el jugo posible a la "sencilla" premisa de esta novela. Hablar de cada uno de ellos implicaría horas interminables en la confección de ensayos respecto de la idolatría, la envidia, el orgullo, la importancia del concepto "familia" dentro de la construcción de una sociedad, la violencia y el sentido de la humanidad, entre muchos, pero muchos otros aspectos. Me limitaré entonces a hacer una mención especial a Matías y Josefa, quienes desde realidades opuestas le dan matices increíbles a lo que es Tomás; mis personajes favoritos.

Si hay algo interesante y que disfruté dentro de la lectura de este libro, es la visión del amor que nos regala. Un sentimiento sumamente etiquetado desde el principio de los tiempos parece tener formas diferentes de desarrollarse, y es ahí donde "Matías" se convierte en algo abrupto para la época en la que fue escrito (y lastimosamente para la que vivimos actualmente) y en un suceso literario enteramente revolucionario para la literatura colombiana. Fernando Ponce de León se atreve a romper paradigmas, traer a la mesa temas ocultos, centrar nuestra atención en tabús, y ofrecer una experiencia de lectura que aún hoy en día se siente atrevida y audaz. Como mencioné antes, los ojos muchas veces lo único que hacen es cegarnos.

"Matías" es uno de esos libros que duele, que se sufre, que desgarra, que devasta, que aprisiona, y que se vive desde la primera letra hasta el inexplicable y doloroso punto final. Sin necesidad de ir por un discurso elaborado y sumamente exquisito, Fernando Ponce de León le regala al mundo una obra valiosa y merecedora de una ovación eterna. Un clásico de la literatura colombiana censurado en su época, pero al que deberían dar cabida más personas en la nuestra. Seguramente, uno de los mejores libros que habré leído cuando este año marque sus segundos finales. Seguramente, uno de los mejores libros con los que alguna vez me encuentre en la vida.

viernes, 20 de mayo de 2016

Reseña: La Morpho - Margarita Arenas


Hay objetos en la vida que te marcan para siempre. Ya sea la chaqueta de tu promoción en el bachillerato, las entradas a los conciertos que has asistido, la carta escrita en hoja de cuaderno de aquel primer amor eternamente recordado, las monedas extranjeras que has ido recolectando en el camino... Todos ellos traen consigo un sinfín de recuerdos y de experiencias en su interior, que con solo verlos nos llevan en un viaje por el tiempo lleno de risas, nostalgia, y por qué no, algunas lágrimas.

Uno de esos objetos que me han marcado, y que son capaces de montarme en el Delorean y llenarme de alegría, es el libro del que vengo a hablarles hoy, el cual es un recuerdo indeleble que llevaré hasta el día en que esté volando en forma de cenizas por encima de sus cabezas. No todos los días presentas algo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá...



La Editorial 531, en su labor de seguir abriendo las puertas a caras colombianas dentro del universo de la literatura, abre las alas de "La morpho" de Margarita Arenas, con quien ya me había encontrado en "Donde guardas tus miedos".

Aquí hallamos a Valerio y Antonio, dos hombres con vidas completamente diferentes que verán como el aleteo de una mariposa cambiará por completo su entendimiento del mundo en el que viven. Valerio es un campesino, trabajador y tímido joven como los que impregnan nuestro cada día más maltratado campo; Antonio es un empresario, buen mozo y desenfrenado, como los que cada día nos topamos más a menudo. Dos caminos, una sola historia. El plato está servido.

Lo primero de lo que vale la pena hablar, es el total acierto que se dio al momento de elaborar la portada de este libro. Los trazos al óleo en medio de un tono azul general que le apuesta al negro y al blanco, acompañados de una topografía pincelada y unos toques café de soporte, resultan irrefutablemente seductores. Es imposible no prestarle atención a este libro. Es imposible no enamorarse de esta mariposa. 

La historia se desarrolla desde dos puntos de vista distintos, desde dos mentalidades apartadas, desde objetivos de vida claramente separados, y desde percepciones del mundo que bien valdría la pena analizar en una clase de sociología. Margarita delinea de manera sutil y apropiada el ambiente y los sucesos que rodean tanto a Antonio como a Valerio. Resulta un trayecto sumamente agradable pasearte entre campos donde las vacas pastan y el color es vívido, y en un abrir y cerrar de ojos terminar en una metrópoli colapsada, enfermiza y despiadadamente gris. Las descripciones a que acude la autora en la construcción de su libro son precisas, no lucen exageradas ni sobrepuestas, sino que permiten que la obra se edifique sobre una atmósfera propia, que permite transitar en escenarios contrapuestos con la mayor naturalidad posible.

Es esa atmósfera tan particular la que permite de lleno que la gran mayoría de personajes implícitos en la novela se luzcan. Valerio es un tipo del cual es imposible no enamorarse, un ser humano tierno, puro e incansable, al cual podemos admirar de mejor manera desde una casa pequeñita ahí en medio de la inmensidad del campo, rodeado de materas diminutas en donde las flores sonríen al sol, y en donde las sonrisas de la gente están a la vuelta de la esquina. Antonio es un personaje realista, concebido por nuestra sociedad consumista, sumamente calculador, con objetivos aparentemente claros que lo llevan a actuar sin miramientos, detalles que bajo la extravagancia y los lujos de una ciudad en donde el tiempo es el peor enemigo, se perciben con más atención. Mención especial en este apartado hago a Sara, quien sin duda alguna es mi personaje favorito, a la tierna y perfecta Matilde, y a Margarita por la destacable labor que hizo en este aspecto. Además de ello, es de resaltar la inclusión de ángeles alrededor de toda la novela; ojalá que en nuestra vida misma no los alejemos, sino que les demos la bienvenida.

Pero no todo es color de rosa en lo que a los personajes se refiere, pues así como la autora acierta en muchos aspectos, hubo otro muy importante en el que falló. Cada personaje cuenta una historia y tiene un propósito en la misma, por pequeño que parezca. Sentí que en muchos casos los trayectos de ciertos seres dentro de la novela se cerraron de manera abrupta (si no es que ni siquiera se cerraron) y que quedaron en el tintero muchos diamantes en bruto por pulir.



Además del contraste entre dos mundos, "La morpho" nos ofrece un viaje por la mente humana y por la construcción de nuestra sociedad sin igual. Margarita Arenas tiene una sensibilidad única a la hora de escribir, y es eso lo que hace de este libro una experiencia sentida, auténtica y legítima. La autora toca temas tan álgidos pero tan comunes como la guerra, la pobreza y la desigualdad, entre muchos otros, de una manera perspicaz, agradecida y casi imperceptible. La novela te lleva al cielo para de un momento a otro mostrarte de frente el infierno con una exquisitez admirable. "La morpho" te llena de esperanzas y te las rompe en cuestión de segundos (por favor, no dejen de vivir el capítulo 36, y por si acaso, tengan pañuelos a la mano). La capacidad creativa de Margarita es una tela en donde quedan tremendas cosas por cortar.

Si en algo me quedó debiendo el libro, sin ser algo que afecte en absoluto el resultado final, es en la confección de diálogos algo más elaborados, en donde los mismos personajes nos permitieran adentrarnos un poco más en ellos; los que se presentan no están mal, y aunque las descripciones son bárbaras y llenan de muy buena manera el libro, por momentos extrañé conversaciones y café.

De principio a fin "La morpho" de Margarita Arenas es un libro sorprendente, entrañable y conmovedor; un recorrido por un campo de flores en donde las espinas surgen sin darnos cuenta, y en donde la sensibilidad no tendrá tiempo para un recreo; un reto totalmente cumplido en donde se asume el riesgo de salir de la zona de confort para ir por más; un canto a la vida y a lo trascendente, a lo que realmente vale la pena. Una lección de sutileza en donde lo explícito abunda.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Mi FilBo 2016


El 19 de abril desperté sabiendo que el 2016 sería un nuevo año para asistir a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, pero que esta edición, sería una experiencia completamente diferente a las anteriores: En primer lugar, porque la primera publicación profesional para la editorial en la que trabajo tendría un espacio monumental en la FilBo; segundo, porque una mariposa azul se posó sobre mi hombro y me pidió dar con ella el primer paso en su mundo por la literatura; y tercero, porque la revolución mexicana me abrió las puertas para participar de algo que jamás imaginé.

Soy asiduo visitante a la FilBo desde que estaba en primaria, pero en todas las ediciones anteriores mis visitas a la misma no superaron los tres días. En la edición 2016, la cosa tuvo un tono distinto. Desde la apertura de Corferias a todos aquellos interesados en estar un poco más cerca del mundo de la literatura, estuve ahí para darme cuenta que de lunes a jueves los pabellones se asemejan a uno de esos callejones solitarios de película de terror, en donde solo curiosos y uniformados con la camisa fuera del saco (además de quienes atendían los stands, obviamente) se hacían presentes. Por supuesto, algunos días ocurrió algo extraordinario que hizo que el panorama fuera otro (como por ejemplo, el conversatorio de la principal invitada a la Feria, Svetlana Aleksiévich), pero el común denominador durante los días que menciono, fue desolador. Quizá hace falta una programación más surtida, que no se recargue en los fines de semana, sino que incentive la asistencia también dentro de ella, pueda hacer que la cosa cambie de color.


Otro punto que pude notar al estar más tiempo en la feria, es que la misma es estática: los stands están en los mismos lados todos los años y por acuerdos comerciales estarán así hasta la eternidad. Claro, hubo cambios en el diseño de algunos de ellos y las novedades de este año no son las mismas que las del anterior, pero vaya, el recorrido por los pabellones es un total dejavu, y si a eso le sumamos que por la falta de espacios adecuados, muchas editoriales realizan firmas de autógrafos en sus stands, los diminutos pasillos no dan abasto y resulta casi una proeza la movilidad dentro del recinto. Una fotografía que no para de repetirse.


Quizá lo más preocupante de todo con lo que me encontré, y lo cual califico como una completa falta de respeto, fueron las alzas en los precios que algunas distribuidoras y editoriales realizaron para mostrar descuentos que no existían durante la feria, y así capturar un mayor número de compradores. Para muchas personas, la FilBo es el único espacio de acercamiento a la literatura, y por tanto tragan entero las supuestas promociones que tanto se difundieron, pero para quienes estamos en constante interacción con este universo, es una desfachatez en todo el sentido de la palabra lo sucedido. No mencionaré nombres, pero el color naranja de quien ostenta el monopolio distribuidor en el país está por ahí.

Aquí, con Raiza Revelles
Uno de los temas más sonados de esta edición de la FilBo, y que se asomaba desde el año pasado, fue la presencia de los youtubers dentro de la programación. Germán Garmendia con un libro de consejos y tips llamado "Chupa el perro" colapsó Corferias y se llevó el título del más vendido durante la feria, pero también dejó en el tintero el tema de estos nuevos protagonistas dentro de la realidad actual que nos compete. Los libros escritos por youtubers (o con su nombre en el espacio de autor) abarcan un espectro bastante interesante que van desde las biografías pretenciosas, textos de autoayuda, libros infantiles, sandeces mal empaquetadas, cómics, y narrativa común y corriente. Este espectro de libros no es exclusividad de los youtubers ¿o acaso no han visto la cara de Jota Mario o de Ámparo Grisales en una portada?, ¿no han notado que el rastro de Paulo Coehlo es indeleble año tras año? Hombre, no comparto lo que youtubers como El Rubius hacen en lo que a la literatura respecta (basta con pegarle una hojeada a "El libro troll", lo cual es pura y física basura), pero hay otras cosas que sí comparto y que me parece que están bien encaminadas. No quiero extenderme mucho en este aparte, porque la entrada completa será casi tan larga como "El nombre del viento" de Patrick Rothfuss, así que me limitaré en dejar las siguientes como mis conclusiones al respecto.

1. Libros buenos y libros malos siempre existirán, y ese calificativo no solo depende de lo que la crítica experta diga, sino también de quien esté del otro lado de la estantería. 

2. Carolina Nieto del canal Caro Lee me dijo algo que es muy cierto, y es que gracias a las ventas de los libros de estos muchachos, las editoriales tienen recursos para publicar a los autores que llevan tocando puertas hace rato, y con material que vale la pena dar a conocer al mundo.

3. La academia ha optado por tratar de convertir a los más pequeños en eruditos cuando apenas empiezan la primaria, poniendo dentro de sus planes de lectura clásicos pesados y lecturas ladrilludas que más que motivación, generan aversión hacia la literatura. Sentarse y evaluar contenidos apropiados para ellos, acorde con lo que están viviendo, es una tarea que queda pendiente. Una interesante conversación al respecto sostuvimos con Katherin Velandia del canal Leyendo por ahí.

4. No estoy de acuerdo con muchas de las cosas que hacen los youtubers, y me parece que algunos de ellos plantean modelos a seguir que considero equivocados ¿pero acaso durante toda la vida no ha sido así? Hombre, los youtubers son un fenómeno moderno, pero que repite sucesos que ya hemos vivido con anterioridad.

5. Los padres han relegado el cuidado de sus hijos a la web. No diré más al respecto.

6. La FilBo, Corferias, la Editorial, o quien sea que organizó la firma de Germán Garmendia, se hizo en los pantalones. Desastroso lo ocurrido ese día, y no por la firma en sí, sino por el notable desorden que permeó todo. En esto va punto positivo a la Editorial Planeta, que se llevó su evento de youtubers a la carpa de las Américas, para no afectar el desarrollo del resto de la feria.

Uno de los motivos de mayor alegría que me dejó la FilBo, fue ver la tendencia creciente que están teniendo las editoriales independientes en el país. Es un placer ver apuestas diferentes, contenidos para todo gusto, y gente que se la juega por dar al público otro tipo de experiencias. Mención especial aquí para la gente de Laguna Libros: PEDAZO de stand se cargaron, PEDAZO de novedades nos regalaron, y BACATAZO TOTAL su apuesta por los cómics nacionales.

Presentación de "La Morpho" de Margarita Arenas
Los días pasaron y con los pabellones ya completamente mapeados en mi cabeza, llegó el domingo 24 de abril. La mariposa azul tocó mi puerta, se sentó en el sofá a tomar jugo de naranja, mientras mis nervios y mi ansiedad me permitieron vestirme y salir para Corferias. Valerio se pasaba constantemente por mis pensamientos, y de la nada, el taxista me dijo que habíamos llegado a nuestro destino. Ese día tuve el placer de entre manos temblorosas y rodillas a punto de desmoronarse, presentar el precioso libro "La morpho" de la autora colombiana Margarita Arenas. Gracias totales a la Editorial 531 por confiar en mí, al destino por darme un libro increíble para presentar, a Margarita por aguantar mi discurso, y a la vida por darme la oportunidad de hacer algo de lo que más me gusta en la vida: Hablar de literatura.

Carolina Andújar y Leonardo Patrignani
En el intervalo de tiempo que me llevó a hablar de revolución, me topé con una serie de cosas que me gustaron mucho, y otras que no tanto dentro del desarrollo de la feria. De manera tímida la FilBo se va convirtiendo en una fiesta cultural, más que en una celebración a la literatura: Los cuenteros van haciendo más grande su voz, los shows musicales de a poco van teniendo su espacio, y otra serie de expresiones que enriquecen la experiencia de la feria, lentamente se van haciendo un lugar en ella. De igual manera, como en ninguna otra edición de la FilBo, me decidí a asistir a un número considerable de charlas y conversatorios en el marco de la misma, en los cuales me encontré con cosas maravillosas en donde el debate sano y las tertulias exquisitas se hicieron presentes, otras cuantas en las cuales me sentí gratamente sorprendido, y una más en donde no quedó más que ponerme de pie y salir del auditorio. En este espacio debo hacer, primero, un reconocimiento a la escritora colombiana Carolina Andújar por la tremenda charla que sostuvo con Elizabeth Eulberg y Leonardo Patrignani, en donde primó la frescura y la preparación; por el otro lado, un llamado de atención grande: Cuando se va a presentar un libro o se va a sostener una charla, es indispensable, cuando menos, haber leído ese libro o tener algo de conocimiento sobre el tema que se va a hablar. Solo digo.


El reloj marcaba la hora y el momento de compartir panel con una eminencia en materia histórica y literaria llegaba. El 29 de abril participé en un panel sobre el libro "Los de Abajo" de Mariano Azuela, en donde se aborda la revolución mexicana de una manera cercana, pero fascinantemente precisa. Aquí debo dar las gracias totales a Julián González del canal Sopa de Letras por ser mi manager y ayudarme a abrir esta puerta, a la gente del Fondo de Cultura Económica por confiar en la gente joven y en su capacidad de hablar con fundamentos (y por el regalazo que me dieron), a Victor Díaz Arciniega por su desbordante sapiencia, y a Katherin Velandia por ser el polo a tierra necesario para que todo saliera mejor de lo que jamás hubiera imaginado.


El haber tenido la oportunidad de ver las cosas desde el otro lado, sin duda alguna fue una de las mejores experiencias que me dejó la FilBo este año, pero sin temor a equivocarme, las personas que me acompañaron durante esas largas jornadas y las vivencias que en el marco de la feria pude vivir, se llevan el listón del primer lugar. A Julián González por la incondicionalidad; a Laura Forero por darme motivos para decir que tengo una nueva amiga; a Cindy Roa (del blog Si no le gusta no lea) y Mónica Pradilla (del canal Los libros de mamá) por estar ahí sin importar absolutamente nada (señoritas, siempre estarán en mi top); a Néstor Rivera (director, jefe, gerente, o lo que sea en Editorial 531) por darle un espacio a las letras en este mundo plagado de contenido audiovisual; a Andrea Luna (del canal Andrea Luna) por soportarme durante todo un día en la Feria; a Felipe Borbon (el pequeño Otaku) por tanto talento y alcoholismo; a Sol Monroy (del canal Gato en la biblioteca) por las sonrisas y el jugo de mora, a Mariana Chiquillo (del canal homónimo) por su profesionalismo, ternura y el inolvidable jugo de naranja; a Estefanía Trujillo (el alma de Ediciones B Colombia) por enseñarme tanto y permitirme conocerla; a Hugo Marroquín (el mismo de "Los años de los amantes") por ser tan chido, buena onda, y por dejarme hacer parte de su aventura por estas tierras (no puedes irte de Colombia sin darme esa entrevista); a Bri Cortés (del canal Bri Cortés) por ser mi compañera en nuestra locura colectiva llamada Édouard Louis; a Diego Alejandro González (del canal Di Algo) por hacerme caer en cuenta de lo inútiles que fueron mis clases de geografía; a William Francisco (del canal William Francisco) por sus jornadas de imitación que casi me hacen morir de la risa; al excelentísimo Sergio Ocampo Madrid por darme una primera fila para escuchar a la Nobel; a Juan Pablo Agredo por ser un fiel seguidor de mis reseñas (te debo la foto); a Eliana Castillo (del blog Estado lector) por recomendar lo que hago; a Ileana Bolívar por darle un nuevo espacio a mis letras; a Carolina Nieto (del canal Caro lee) por ser una caja de pandora literaria y por dejarme abusar de su status de librera; a Alejandro Jiménez del Grupo Editorial Words & Books... Hombre, en mi vida había conocido alguien que hable con tanta pasión de lo que hace; a Jennifer Moreno (del canal Nos gusta leer) por enseñarme cositas varias de la literatura romántica; a Valentina Quiceno (del canal The Grey Lady) por permitirme ser su manager, por dejarme clarísimo que la gente joven SI puede hablar de manera seria de muchas cosas, y por ahorrarme el dinero de Servientrega (admiro mucho lo que haces jovencita); y a todo aquellos que se me quedan por fuera de esta lista, pero que por uno u otro motivo, hicieron que esta fuera la mejor Feria Internacional del Libro de Bogotá de mi vida.


La FilBo 2016 me dejó muchas compras (a pesar de los elevados precios en la mayoría de editoriales, pude hacerme con algunas buenas cosas por ahí) y muchos regalos (los cuales podrán ver al final de la entrada, junto con las compras obviamente), enseñanzas, experiencias, sonrisas, planes, alegrías, un problema en la columna, y ante todo, la expectativa por el año que vendrá y por todo lo que está por llegar...

PDTA: No me podía quedar sin decir que es terrible que teniendo a la más reciente premio Nobel de Literatura en el país, el libro más vendido de la FilBo no haya tenido el nombre de Svetlana Aleksiévich. Chao.

PDTA 2: Los bloggers también merecemos un espacio en la FilBo. Ahora sí, adiós.

PDTA 3: Falta la foto de "Zelic" de Raiza Revelles y Sebastián Arango. Vamos a hablar de lo que escriben los youtubers, con conocimiento de causa. Ya estoy como Vicente Fernández... Nos leemos luego.