lunes, 16 de enero de 2017

Hasta pronto...

Cuando cerramos un libro, casi siempre vemos el punto final de una historia, pero no somos conscientes del universo que se abre ante nosotros por ello.

De pequeño fui escritor de cuentos sobre perros guerreros que volaban por cielos llenos de nubes de mil colores con la misión de liberar a su mundo del ataque de malvados seres del espacio, o de historias sobre cómo la lluvia se hace presente en los días en que los buenos hombres se despiden por última vez (lamento no haberlos guardado. Los extraño más de lo que pueden imaginar).

El comienzo de todo, el primer lanzamiento al que asistí, la primera foto de mi biblioteca, mi primer envío editorial, y uno de mis autores favoritos firmando mi libro.
En el colegio siempre participé en las eliminatorias del concurso de ortografía que un importante medio de comunicación en mi país realizaba año tras año, y habitualmente llegaba a las rondas finales (tengo todos los diplomas guardados en mi archivador). Recuerdo con agrado que la editorial de textos escolares más grande de Colombia por ese entonces, organizó un concurso para hacer un libro recopilatorio sobre textos sobre la paz, y tuve la fortuna de que el mío estuviera ahí incluido (no conservo copia de esa obra, pero estoy en la búsqueda).

El mes de más envíos, Pierce Brown, mensaje de Mónica Pradilla, compromiso con la literatura colombiana e inauguración del club de lectura.
Aunque no lo crean soy un romántico tremendo y durante mucho tiempo fui el encargado de hacer que las niñas de mi colegio dieran el sí definitivo, pues esas cartas que iban acompañadas de chocolates, flores o peluches (que también muchas veces eran una petición de perdón y algunas otras un lejos estamos mejor), aunque escritas con una letra diferente, transmitían un mensaje que salía de mí, y de la forma en que veía las situaciones que mis compañeros me contaron y las intenciones que tenían. Fui la llave de unas relaciones, y la salvación de muchas otras.

Primera entrevista, primer conversatorio, amigas de la casa, lanzamiento 531 y Janne Teller










Mis cuadernos estaban llenos de palabras al viento, historias cortas, frases de amor, y letras que contaron mis sentimientos, narraron mis cuitas, y plasmaron mi vida en el papel. 

Aunque muchos me decían que tenía madera para el periodismo, las letras, el mercadeo o la publicidad, el haber estudiado en un colegio comercial influyó sobremanera en el proyecto de vida que me fijé en ese momento. El conocer por completo a una entidad, hacer que su realidad económica se mostrara fielmente ante los usuarios de la misma, y de esa manera contribuir a la construcción de una sociedad más transparente, se me pintaba como aquello a lo cual quería dedicarme por el resto de mis días. Así que decidí ser contador público.

Conversatorio con Alberto Villarreal, entrevista a Jordi Sierra, campaña con OIE, charla sobre "Oscura redención" y Si no le gusta, no lea.
A pesar de que los números, cifras, leyes, jurisprudencias, doctrinas e indicadores se hicieron dueñas de la mayor parte de mi vida, las letras nunca dejaron de estar presentes, y latiendo en lo más profundo de mi sistema. Y fue por ello que en marzo del 2012 tomé la decisión de abrir un blog en el cual dejé consignados mis intentos de hacer poesía, y al cual llamé "Liberando Letras".

FilBa, el chispa de la revolución, la primera persona que me abrió las puertas de este mundo, primera sesión del club de lectura y la última entrevista.
Gracias a todo lo que sucede en la vida universitaria y al despertar intelectual que esto puede llegar a plantear, "Liberando Letras" también se convirtió en un espacio para hablar de mi país, de las cosas con las que no me sentía conforme, de aquello que pensaba se estaba haciendo bien, y en conclusión, en un lugar para hablar de las cosas que me interesaban.

Durante mi formación como profesional siempre tuve metas muy claras y tiempos de ejecución definidos para todo: profesional a los 22, maestría a los 24, senior de una importante firma de auditoría a los 25, apertura de una firma de contadores tributaristas a los 28... No importaba el precio que tuviera que pagar por alcanzar todo lo que me había puesto como meta, siempre y cuando llegara al destino planteado. Afortunadamente un día desperté, y dije no más. Quería algo diferente para mi vida.

Esto es lo más bonito que me dejó Liberando Letras... Gente increíble y experiencias inolvidables.










En marzo del 2013 obtuve mi título de contador público, y como aliciente, una oferta de trabajo que sería el punto de inflexión que marcó de manera importante lo que hoy soy y lo que planteo ser en un futuro. En abril del mismo año empecé a hacer parte de la editorial jurídica y contable más importante del país, y gracias a esto pude conocer un universo completamente diferente al que venía habitando, y a explorar y explotar otras aptitudes en mí que no conocía o que estaba desperdiciando.

Siempre fui un lector promedio y mi lista de libros leídos al año no pasaba de 10, pero en diciembre del 2014 una serie de obras se hicieron presentes en mi realidad y fueron la bomba de tiempo que cambió mi vida por completo. El 14 de enero del 2015 "Liberando Letras" dejó de lado a mi poeta frustrado y se convirtió en un blog literario, en donde hablaba de los libros que leía, las cosas que me había encontrado en ellos, la opinión que me merecían los mismos, y algunos otros temas relacionados con la literatura. El 14 de enero del 2015 nació un nuevo "Liberando Letras".

Gracias a esto adquirí una dinámica de lectura completamente diferente, que me llevó no solo a hacer más grande mi biblioteca, sino a interesarme en todo lo que había detrás de la construcción de un libro. Empecé a buscar información al respecto en internet y a indagar con la poca gente que conocía en el medio, y en ese aprendizaje e intercambio de conocimiento, mis reseñas y escritos fueron evolucionando y adquiriendo una identidad clara que estoy muy feliz de haber conseguido.


Con el paso de los días conocí más y más personas de distintas etapas de la cadena del libro que me enriquecieron y brindaron diferentes puntos de vista frente al espacio que gracias a mi blog estaba conociendo. "Liberando Letras" pasó de ser una serie de momentos de relajación y desahogo, a transformarse en un proyecto que hizo parte de mi día a día, y al que dediqué los esfuerzos que fueron necesarios, y todo el ánimo y las ganas del mundo. Invertí cualquier espacio libre en buscar nuevos autores, nuevas propuestas, en tratar de identificar tendencias, en conocer nuevos estilos, en rastrear novedades y en interactuar con el universo de la literatura que tanta pasión empezó a despertar en mí.

El pequeño proyecto creció un poco, y algunas editoriales decidieron apoyar lo que estaba haciendo, y colaborar conmigo. También autores tuvieron la gentileza de entregarme sus obras y conocer mi opinión al respecto, e incluso llegué a participar en presentaciones de libros y a hacer parte de charlas sobre literatura (pocas cosas disfruto más en la vida que hablar de libros y no quiero dejar de hacerlo nunca).


Con el paso de los semestres el amor por la contaduría se marchitó, pero no fue sino hasta que decidí especializarme que fui consciente de que a pesar de gustarme lo que estaba haciendo y de lo bueno que era para ello, ya no era algo que me apasionara, ni mucho menos a lo que quería dedicarme por el resto de mi vida. En esos momentos de confusión y desesperación, "Liberando Letras" fue el oasis en medio del desierto en el cual encontré calma, y del que sin ser completamente consciente empecé a alimentar un amor por algo completamente diferente a lo cual me venía dedicando.

Siempre tuve en mente dar el salto que hoy doy, pero pensaba que no era el momento oportuno, ni me había tomado el tiempo de tocar alguna puerta para hacerlo. La cosa es que la vida es bastante curiosa e inexplicable, y sin saberlo, "Liberando Letras" había hablado por mí mismo y se había encargado de abrir esa puerta que tal vez no había buscado, pero que con todas las fuerzas de mi ser quería encontrar.


Y sí, gracias a "Liberando Letras" me di cuenta que el mundo de la literatura y de todo lo que este comprende es lo que realmente me apasiona y me hace feliz. Hoy soy consciente de que esto es a lo que quiero dedicarme por el resto de mis días, y en lo que planteo ser uno de los mejores.

Bien dicen que los grandes cambios y las grandes decisiones casi siempre vienen acompañadas de grandes sacrificios, y el proyecto que ahora emprendo me pide uno mayúsculo, pero que debo dar para que todo valga la pena.


Pero antes de que mis ojos se llenen de lágrimas (les juro que no es nada fácil escribir esto), debo dar las gracias a quienes han hecho de este tiempo algo sin igual. Gracias a Javier Rodríguez por regalarme el amanecer rojo que hizo que toda esta rebelión contra mí mismo empezara, a Cindy Roa por ser la primera persona del medio en mostrarme su mundo y que aún se pueden hacer cosas de calidad (te quiero así como Grandulón al Sr. Peluche), a mi mamá por aprender a amar las letras que poco a poco le fui mostrando, a mi hermana por ser ese alguien que está ahí para hablar de lo que vivimos y de los lugares que visitamos gracias a las páginas de un libro, a Mónica Pradilla por enseñarme que las apariencias engañan y que una fangirl puede llegar a ser una lumbrera intelectual de miedo (gracias infinitas por ser mi camarógrafa oficial), a Ileana Bolívar de Ediciones Urano Colombia por ser la primera persona en confiar en este proyecto y por dejarme ver que no todo es cuantitativo sino que hay cosas que van mucho más allá (y gracias por presentarme a Navona), a Estefanía Trujillo de Ediciones B Colombia por permitirme decir que tengo una nueva amiga en el mundo (gracias por los envíos masivos, me hacían muy feliz jajaja), a Néstor Rivera de Editorial 531 por sus adjetivos ante mi trabajo y por su incansable y valiosa labor por la literatura colombiana (hombre, sos un teso en lo que haces y agradezco profundamente ese "lo tuyo no es de cantidad, sino de calidad, y eso no se encuentra muy seguido"), a Julián González por su buena onda y por poner mi nombre a sonar al momento de elegir a alguien para hablar de libros, a Margareth Tibavizco del FCE y al propio Fondo por creer en mi voz y por hacer realidad mi sueño de abrir un club de lectura, a Margarita Arenas por las pizzas y por recordarme lo que es verdaderamente importante en el camino (me temblaron las piernas como no imaginas pero fui inmensamente feliz hablando de esa mariposa azul), a Vanesa Florio de Del Nuevo Extremo por recibirme en su casa y abrirme las puertas de su país (sos lo más), a la pequeña gigante Valentina Quiceno por ser un ser excepcional y que espero conservar por mucho tiempo (ahora puedes volar sola y ser más grande que el mismo infinito, aunque siempre encontrarás un limón agrio para aconsejarte), a Alejandro Jiménez de Words and Books por su principito a la colombiana y por regalarme un poco de su inagotable pasión por todo esto (no he tenido mejores charlas sobre libros como las que tuve con este hombre), a Laura Forero por ser mi gigante saltamontes (GRACIAS), a Sol Funes por hacerme parte de "Qué estás leyendo" y por sus rulos que son un hit, a Isabela Cantos por permitirme conocerla y disfrutar de su sonrisa cada vez que nos vemos (algún día iremos de cacería, no lo olvides jajaja), a Juliana Zapata por enseñarme que aún a pesar de las diferencias se pueden crear grandes lazos y por permitirme hacer parte de su historia (mi rodilla raspada y los litros de aguardiente quedarán para la posteridad), a Angie Figueroa e Ignacio Rebolledo por ser un par de seres jodidamente especiales y mis chilenos favoritos después de Fuguet (tenemos que encontrar otra ciudad para perdernos), a Sergio Ocampo Madrid por ser Sergio Ocampo Madrid (caballero, espero leer muy pronto tu nueva historia), a Abril Kakera por tantos gustos compartidos y por creer en los libros (mujer, te admiro como no imaginas), a Camila Melo (te amo de una manera astral y algo utópica jajaja) y Margarita Montenegro (eres mi alma gemela literaria) de Panamericana por todo lo que me han dado y que espero algún día poder retribuirles, a Luis Fernández de Betoño por regalamer tus letras desde tan lejos, a Cristina Alemany por enseñarme que nunca hay que dejar de creer en los libros y que con ellos se pueden hacer grandes cosas (sos mi idola), a Andrés Salgado por la confianza (hombre, no puedo decirte más que gracias), a Carlos Rojas por su lecciones de creación literaria y por regalarme una de las mejores lecturas de mi 2016, a Alvaro Vanegas por ser el primero en mostrarme que Colombia tiene más que drogas y violencia (seguiré su carrera hasta el infinito y más allá), a Fredy González de Planeta Colombia por seguirme la cuerda en todas las locuras que se me ocurrían, a Cecilia Curbelo por su energía y sus ganas de crear un mundo mejor (nadie dijo que es una tarea fácil, pero mil gracias por nunca dejar de intentarlo), a Shannon Kirk por existir, a Romina Russell por la conexión y por tener la sonrisa más bella de las 13 casas del Zodíaco (espero poder presentarte cuando vengas a Colombia), a Hugo Marroquín por su energía inagotable y amabilidad desmedida, a Luisa Adriana Casas por Matías, y menciones especiales a Tulio Fernández y Gabriela Montoya de Penguin Random House, a Katherin Velandia, a la editorial Libros de Seda, al equipo de Laguna Editores, a María Fernanda Medrano de Calixta Editores, a Lucía Donadío de Sílaba Editores, a la gente de Intermedio Editores, a Ian Schneider, a Felipe Gamboa, a Laura Bonilla, a Andrea Luna, a Mariana Chiquillo, a Eliana Castillo, a Bri Cortés, a Filipe Polydoro, a Antonio Ortiz, a Claudia Vega, a Sol Monroy, a Tania Castillo, a Eliana Quintero, a quienes alguna vez entraron a este blog y leyeron una entrada, y a todos los que se quedan por fuera de mi retentiva en este momento, pero que de un modo u otro hicieron parte de esta aventura.

Hoy, 16 de enero del 2016, dos días después del cumpleaños número dos de este blog, debo despedirme de esta etapa de "Liberando Letras" por tiempo indefinido, no sin antes decirle que las lágrimas que en este momento me acompañan son de tristeza pues duele mucho dejar algo que se quiere tanto, pero al mismo tiempo de felicidad y agradecimiento infinito por todo lo que gracias a él he logrado, y por todo los retos y las satisfacciones que dibuja el horizonte con este nuevo ciclo que hoy emprendo. Por supuesto que habrán otros espacios y seguiré hablando de libros en todos los que pueda, pero nada será como esto... 


Gracias "Liberando Letras" por las experiencias, las enseñanzas, las lecciones, los amigos, las oportunidades, las alas que hoy me brindas y la luz que me ayudaste a encontrar. En serio, gracias totales y espero que más pronto que tarde, podamos encontrarnos en el camino.


Reseña: "La vida es Linda" - Linda Guacharaca

En Colombia las calles tienen un común denominador, y no son los huecos, la basura en el suelo o los vendedores ambulantes, sino los animales sin hogar. En cada esquina vemos perros y gatos escarbando entre lo que para nosotros es basura, en busca de algo de lo cual puedan alimentarse. Ellos son víctimas de peleas territoriales con los de su misma especie, del maltrato proveniente de los seres humanos, del ataque inmisericorde de máquinas con ruedas y sin alma, de discriminación por ser más criollos que la chicha, o de los diferentes estados de ánimo por los que pase el clima día tras día.

Ellos son seres vivos como ustedes o como yo, con derechos al igual que todos, y con un merecido espacio en este planeta al que llamamos hogar. Ojalá algún día entendamos el precioso, aunque maltratado, concepto de convivencia.

Linda Guacharaca es una perrita criolla de color dorado, caminado sensual y sonrisa diabólicamente encantadora. Ella, al igual que todos, carga con una historia a cuestas, pero créanme, su vida es merecedora de ser contada, y es por eso que el proyecto independiente Ediciones Guacharaca ha decidido darle un espacio. Es hora de meter el hocico y hablar de “La vida es Linda”.

Yamila, la mamá de Linda, es la administradora del blog elmundoa4patas.com, mediante el cual hizo una campaña de financiamiento conjunto para hacer que lo que en su momento fuera un simple sueño, se convirtiera en el proyecto tangible con que contamos ahora. Un libro físicamente maravilloso, lleno de detalles visuales que van muy de la mano con la historia que dentro de pasadas 200 páginas se cuenta.


Esta es una novela autobiográfica en la cual Linda Guacharaca, de su pata y letra, nos cuenta todo lo que tuvo que atravesar desde el día que una mujer de un acento extraño y al que ella no estaba acostumbrada, decidió tomarla en sus brazos y darle un giro de 180° a su existencia. Aunque el estado de Linda no podía ser peor (desnutrida, con la columna maltrecha, una pata inservible, miles de pulgas que la habían hecho su hogar, y con problemas psicológicos graves debido al maltrato al que había sido sometida), la vida le tenía muchas cosas en el camino a esta luchadora incansable.

El de Linda es un recorrido que en materia editorial, textualmente hablando, puede dejar por momentos mucho que desear, pues ciertos apartados lucen como charlas apresuradas, palabras al viento o pensamientos sueltos que no se conectan de manera adecuada o que lucen precipitados, pero todo eso queda de lado ante lo inspiradora que puede llegar a ser.

Linda y Yamila son un ejemplo de vida para cualquiera de nosotros, pues se sobrepusieron a un sinfín de situaciones que las llevaron al límite, para llegar a ser la familia que son hoy en día (sí, una familia, porque, aunque algunos se mantengan en la cerrada posición de afirmar que solo hay un tipo de familia, la realidad nos muestra otra cosa).

Capítulo a capítulo vamos a ir conociendo todas y cada una de las cosas por las que este par de luchadoras tuvieron que pasar en el proceso de resocialización de Linda y de adaptación de Yamila: visitas al veterinario, miedo a la calle, compartir un espacio, buscar una nana, salidas al parque, conocer a los abuelos, hacer amigos, tomar un baño, viajar, extrañar el pasado, habituarse al presente y plantearse un futuro.

Foto tomada de elmundoa4patas.com
Cada paso que damos junto a esta perrita de espalda en forma de “S” y su mamá, está cargado de dosis precisas de inocencia, jocosidad, rabia y tristeza. La vida no es nada fácil, todos tenemos problemas, y textos como el que Linda nos regala son un bálsamo poderoso de cara a ejercicios de reflexión y al fortalecimiento de nuestras cualidades sociales, pues la voz de esta cuadrúpeda es inimitable, poderosa y esperanzadora.

Pero además de esas precisas dosis ya mencionadas, el texto está minado de mensajes y enseñanzas funcionales y pertinentes para todo momento de la vida, y no solo en nuestro relacionamiento con los animales, sino con otros seres humanos y en nuestra interacción con nosotros mismos. Aquí nos encontraremos con una definición bastante válida de lo que son el amor y la amistad, una forma de vida más que interesante, un reflejo de cierto tipo de actitudes que bien podríamos reprocharnos, y, en fin, un montón de cosas que vale la pena leer, problematizar y vivir.

“La vida es Linda” es una oda a la felicidad, a la lucha constante, al no darse por vencido, al amor sin medidas y al deseo indeterminado de vivir a pesar de todo. Una historia valiosa en todo el sentido de la palabra, que me hizo reír como loco y aprender mucho. Esta señorita se lleva en su lomo una de mis lágrimas.

domingo, 15 de enero de 2017

Reseña: El club El Nogal amordaza al escritor- Daniel Emilio Mendoza

En Colombia vivimos un momento coyuntural que puede, o no, llegar a ser determinante en lo que como nación y como personas podemos llegar a ser de cara al futuro. La guerra es el pan de cada día desde hace más de 50 años, y aunque muchas cosas parecen no estar en el camino correcto, y muchas personas insisten en transitar las mismas vías que no nos han permitido transitar por terreno seguro, las cosas poco a poco van cambiando.

Pero hay que tener algo claro, y es que la paz que tanto anhelamos no se logra únicamente con la firma de un acuerdo, o con el cese del fuego de un grupo armado. La responsabilidad en la construcción de un país diferente no es exclusiva del gobierno de turno, sino de todos y cada uno de nosotros.

En las entrañas de nuestra sociedad hay un cáncer que nos hemos encargado de alimentar y hacer más y más grande, y que va más allá del conflicto armado que nos afecta desde hace mucho, y es la indiferencia.

Resulta común ver en la acera de enfrente un asalto y decenas de personas presenciándolo sin hacer absolutamente nada para evitarlo. Es normal ver en los puentes a familias desplazadas siendo atacadas por el inclemente sol y necesitadas de alimento mientras pasamos por su lado atentos a nuestros teléfonos móviles tratando de escaparnos del mundo. Se convirtió en una rutina criticar al vecino por su forma de actuar, sin pararnos a pensar qué lo ha llevado a ser lo que es.

Hace algunas semanas una niña de siete años fue violada y asesinada por un hombre de la clase alta bogotana. Este caso puso en evidencia dos realidades que permean nuestra sociedad y que la carcomen por completo. En primer lugar, el odio ilimitado y exacerbado de quienes menos tienen por los que más tienen, y viceversa (guardando las proporciones y no generalizando), fundamentado en una estratificación social perversa y en todos los problemas estructurales que devienen de ella; y, en segundo lugar, lo lastimado que están nuestros conceptos de justicia y convivencia, y lo fragmentados que estamos como sociedad.

La generalidad de las cosas se ha convertido en un cúmulo de acciones reprochables en busca del bien individual, violentando indiscriminadamente lo que somos en conjunto; la mayoría de nosotros ha olvidado por completo al otro, y eso es algo terrible de cara a cualquier ejercicio de construcción y desarrollo social. Y sí, las esferas de poder y control en el país son quizá las que más afectadas se han visto por este virus, y el peso de sus actos es el de más fácil identificación debido a que todas las cámaras están sobre sus hombros, pero esto no es exclusivo de ellos y no hay que decirnos mentiras. Todos estamos enfermos. Todos somos culpables en cierta medida de lo que somos hoy en día como país.

Daniel Emilio Mendoza es escritor, periodista y abogado. Su posición política es clara, y no se limita de ningún modo en la forma en que la expresa; los textos que salen del ser, tangibles en sus dedos sobre un teclado, no tienen mayor filtro que el que sus ideas puedan crearle. No teme usar expresiones fuertes, palabras tildadas como soeces socialmente, o decir verdades que algunos, quisieran que jamás salieran a la luz pública. Daniel es un personaje atrevido, satírico, progresista, inusual y necesario.

Las visitas al club El Nogal, del cual es socio, ocupaban un espacio de su vida hasta que fue sancionado por las directivas del mismo a causa de sus columnas de opinión en donde no se dejaba nada guardado, y del espectro generado por su novela “El diablo es Dios”.

Como ya mencioné anteriormente, Daniel es un personaje que no teme decir las cosas como son, y quizá ese sea su mayor pecado: denunciar por corrupción al corrupto, evidenciar las injusticias del injusto, y muchas otras cosas que son nuestro pan de cada día y nos lastiman, aunque no seamos conscientes de ello.

En “El club El Nogal amordaza al escritor” nos encontramos con un historial de los artículos de opinión más relevantes que ha publicado este autor, y con un bosquejo del caso que les mencioné anteriormente.

En las páginas de esta obra se plasma un caso particular en donde la libertad de expresión quiere ser maniatada por las manos del poder que trata de ocultar la verdad; por “gente de bien” solapada y que cubre sus picardías a costa de lo que sea para poder seguirlas repitiendo. Este es un caso particular cuyo estudio puede llegar a ser de gran importancia para todos, por lo cual es relevante conocerlo. Este es un caso particular que el autor no teme dejar a la vista de cualquiera de nosotros para sentar un precedente, pues nadie está exento a enfrentarse con algo parecido.

Este libro es una mezcla curiosa entre crónica, ensayo y compendio periodístico, en el cual la Editorial 531 ha intentado, con el aval de Daniel Emilio Mendoza, dejar plasmada una problemática inmisericorde que es constante en los anaqueles de nuestra historia y que se repite sin control alguno. Pero es a su vez la naturaleza híbrida del texto y el toque jurídico que, a pesar del trabajo editorial para hacerlo más suave, lo permea, el mayor desacierto de la obra pues en la búsqueda de argumentos se torna exasperantemente repetitivo.

Pero al mismo tiempo esa esencia sin clasificación posible es la que permite conocer todos los detalles de este caso en donde los culpables se incriminan a sí mismos y temen a las represalias que ellos pueda conllevarles, por lo que tratan de tapar sus acciones y callar las voces que los acusan sin importarles nada.

No comulgo con el aire distendido y con el lenguaje transgresivamente desafiante que utiliza Daniel para expresar su opinión frente a muchos de los hecho que construyen la triste, corrupta y camandulera realidad del país, pero sí me apego a lo válido de su ejercicio y a su valentía, aún a costa de su propia integridad (no podemos olvidar el caso de Jaime Garzón, ni el de cientos de periodistas cuyas voces han sido silenciadas por decir lo que muchos quieren que no se diga o por mostrar verdades que algunos quieren mantener ocultas).

“El club El Nogal amordaza al escritor” es un libro no apto para todo público, tanto por su estructura, como por su fondo, y por supuesto, por los sentimientos encontrados que puede llegar a generar una persona como Daniel Emilio Mendoza; pero al mismo tiempo, es un libro que quedará en la historia como el precedente de una voz que quiso dejar su caso particular, como insumo para el estudio de casos en la generalidad.