jueves, 12 de octubre de 2017

Un cuento llamado edición

La escritura es un ejercicio universal, al alcance de todos, indistinto de la rama académica en la que nos desempeñamos, independiente de la historia que estemos relatando, totalmente desapegada de nuestro nombre o nuestro credo. Escribir es algo humano, es algo tan normal como mi zapato golpeando el suelo insistentemente mientras escribo estas palabras, o como el afán de un escritor por tener al lado el mejor padrino posible para sus letras.

No es necesario sentarse frente a un computador, como lo estoy haciendo yo en este preciso instante, ni imprimir el carboncillo del lápiz en el papel, pues cada acto que realizamos y lo que ellos provocan en el entorno es en sí misma una forma de escribir, un modo de contar, una expresión narrativa.

Escribimos para recibir a cambio un salario, para distorsionar la sensibilidad de la persona que hace que mariposas gástricas vomiten en nuestro interior, para expresar lo que nos genera la mierda de mundo que hemos creado, para olvidarnos de todo y descubrir nuevos espacios, para que las historias que rondan nuestros días no se queden en el olvido. Sin importar cuál sea la motivación, escribimos para existir.

Y es en las motivaciones en donde el editor dice presente. Cuando el narrador decide que tiene algo que contar y quiere compartirlo con aquel lector desprevenido que tropieza insistentemente con estanterías cargadas de vida, es donde la literatura le da la bienvenida al editor.

¿Qué hacen los editores? Esa es la pregunta que más veces me han hecho durante los últimos meses, y para serles sincero, aún me cuesta responder.

Los editores también somos ilustradores y diseñadores...
Muchos dicen que el editor es un asesino de sueños, que no entiende los propósitos de una historia y con ello mata la ilusión de quien escribe por ver sus palabras publicadas. Estoy seguro de que varios de los autores con quienes he trabajado verán mi labor como la de un cirujano que es contratado para quitar algunas páginas de más. Algunos comentan que los editores no somos más que eslabones inútiles en la cadena de publicación de un libro. También he escuchado que el editor es solo un negociante buscando lo que genere mayor rentabilidad para las compañías editoriales.

¿Y saben qué? De un modo u otro, todo eso es cierto. Rechazar decenas (incluso centenares) de propuestas mediante un correo electrónico frío y totalmente parco me hace pensar que soy un asesino de sueños. Discutir con los autores la forma de hacer más eficiente una historia y de contarla en el espacio pertinente me hace un cirujano. Cuando recibo proyectos por encargo que están totalmente pulidos al llegar a mis manos, siento que soy un eslabón inútil dentro de la cadena del libro. Cuando busco a un personaje mediático y del que tengo certeza venderemos muchos libros, sé que estoy pensando en mostrar cifras en un estado financiero como propósito principal. Sí, eso hace parte de la vida del editor y no hay nada de malo en ello.

El orgullo de ser editor.

Pero nuestro ejercicio tiene otros matices. Los editores somos los auditores del trabajo del escritor, y según nuestro criterio y conocimiento, vamos pavimentando los espacios maltrechos dentro del texto y haciendo brillar el diamante en bruto que espera por ser pulido. Los editores tenemos la tarea de reconocer las necesidades de los lectores y buscar las mejores maneras de satisfacerlas, de encontrar a quien tenga en su cabeza eso que otros requieren. El editor es un pescador en la maratónica e interminable labor de atrapar a los mejores peces del estanque, aquellos que tienen algo por decir en el enorme acuario llamado mundo editorial. El editor es un detector de tendencias en potencia, que tiene la necesidad de estar enterado del entorno en el que se mueve y de lo que está pasando en el mundo para así ser oportuno en sus apuestas. 

El ego del editor.
El editor es un lector incansable que no tiene límites en la exploración de historias, en tener citas con personajes, en irse a visitar mundos, en reconocer esquemas para hacer más fuerte una narración y en sumergirse entre letras así tenga el texto hasta el cuello. El editor es un compositor encargado de encontrar los acordes necesarios para que la melodía sea interpretada de la mejor manera, con las entonaciones pertinentes, con las pausas adecuadas, con el ritmo apropiado. El editor es un consejero (sí, se aconseja, no se impone) que solo quiere asegurarse de que la historia que llego a sus manos llegue a la de los lectores de la mejor manera posible, de que todas las virtudes de la obra sean expuestas. El editor es un experto en pintar de rojo y azul un texto con el único propósito de verlo negro reluciente en el futuro. El editor es un visionario que cumple mil roles sin importar el tiempo que deba invertir (reuniones comerciales, encuentros con promotores, jornadas de trabajo con diseñadores y diagramadores, visitas a librerías…), con tal de que el proyecto a su cargo sea de la mayor calidad posible y tenga un buen comportamiento en el mercado. El editor es el padrino de los libros que edita, y como tal, solo quiere lo mejor para ellos; nunca lo olviden.

Por supuesto, hay excepciones en las cuales esto no se cumple, todo depende de la forma de trabajar de cada uno y de la pasión que se imprima en lo que se hace. Lo que sí puedo decirles es que los libros que leen (en su gran mayoría) tienen una cantidad de trabajo de fondo enorme, de noches enteras de correcciones, de jornadas interminables de charlas de revisión con el autor, de eternas idas y vueltas en el cuadre de las cajas y de los detalles que cada libro lleve en su edición, y de amor incalculable, para que ustedes, los lectores, tengan siempre la historia que esperan (y mucho más) al alcance de sus manos.


Soy editor. Fin del cuento.



Editor trabajando a las 2 A.M.

lunes, 16 de enero de 2017

Hasta pronto...

Cuando cerramos un libro, casi siempre vemos el punto final de una historia, pero no somos conscientes del universo que se abre ante nosotros por ello.

De pequeño fui escritor de cuentos sobre perros guerreros que volaban por cielos llenos de nubes de mil colores con la misión de liberar a su mundo del ataque de malvados seres del espacio, o de historias sobre cómo la lluvia se hace presente en los días en que los buenos hombres se despiden por última vez (lamento no haberlos guardado. Los extraño más de lo que pueden imaginar).

El comienzo de todo, el primer lanzamiento al que asistí, la primera foto de mi biblioteca, mi primer envío editorial, y uno de mis autores favoritos firmando mi libro.
En el colegio siempre participé en las eliminatorias del concurso de ortografía que un importante medio de comunicación en mi país realizaba año tras año, y habitualmente llegaba a las rondas finales (tengo todos los diplomas guardados en mi archivador). Recuerdo con agrado que la editorial de textos escolares más grande de Colombia por ese entonces, organizó un concurso para hacer un libro recopilatorio sobre textos sobre la paz, y tuve la fortuna de que el mío estuviera ahí incluido (no conservo copia de esa obra, pero estoy en la búsqueda).

El mes de más envíos, Pierce Brown, mensaje de Mónica Pradilla, compromiso con la literatura colombiana e inauguración del club de lectura.
Aunque no lo crean soy un romántico tremendo y durante mucho tiempo fui el encargado de hacer que las niñas de mi colegio dieran el sí definitivo, pues esas cartas que iban acompañadas de chocolates, flores o peluches (que también muchas veces eran una petición de perdón y algunas otras un lejos estamos mejor), aunque escritas con una letra diferente, transmitían un mensaje que salía de mí, y de la forma en que veía las situaciones que mis compañeros me contaron y las intenciones que tenían. Fui la llave de unas relaciones, y la salvación de muchas otras.

Primera entrevista, primer conversatorio, amigas de la casa, lanzamiento 531 y Janne Teller










Mis cuadernos estaban llenos de palabras al viento, historias cortas, frases de amor, y letras que contaron mis sentimientos, narraron mis cuitas, y plasmaron mi vida en el papel. 

Aunque muchos me decían que tenía madera para el periodismo, las letras, el mercadeo o la publicidad, el haber estudiado en un colegio comercial influyó sobremanera en el proyecto de vida que me fijé en ese momento. El conocer por completo a una entidad, hacer que su realidad económica se mostrara fielmente ante los usuarios de la misma, y de esa manera contribuir a la construcción de una sociedad más transparente, se me pintaba como aquello a lo cual quería dedicarme por el resto de mis días. Así que decidí ser contador público.

Conversatorio con Alberto Villarreal, entrevista a Jordi Sierra, campaña con OIE, charla sobre "Oscura redención" y Si no le gusta, no lea.
A pesar de que los números, cifras, leyes, jurisprudencias, doctrinas e indicadores se hicieron dueñas de la mayor parte de mi vida, las letras nunca dejaron de estar presentes, y latiendo en lo más profundo de mi sistema. Y fue por ello que en marzo del 2012 tomé la decisión de abrir un blog en el cual dejé consignados mis intentos de hacer poesía, y al cual llamé "Liberando Letras".

FilBa, el chispa de la revolución, la primera persona que me abrió las puertas de este mundo, primera sesión del club de lectura y la última entrevista.
Gracias a todo lo que sucede en la vida universitaria y al despertar intelectual que esto puede llegar a plantear, "Liberando Letras" también se convirtió en un espacio para hablar de mi país, de las cosas con las que no me sentía conforme, de aquello que pensaba se estaba haciendo bien, y en conclusión, en un lugar para hablar de las cosas que me interesaban.

Durante mi formación como profesional siempre tuve metas muy claras y tiempos de ejecución definidos para todo: profesional a los 22, maestría a los 24, senior de una importante firma de auditoría a los 25, apertura de una firma de contadores tributaristas a los 28... No importaba el precio que tuviera que pagar por alcanzar todo lo que me había puesto como meta, siempre y cuando llegara al destino planteado. Afortunadamente un día desperté, y dije no más. Quería algo diferente para mi vida.

Esto es lo más bonito que me dejó Liberando Letras... Gente increíble y experiencias inolvidables.










En marzo del 2013 obtuve mi título de contador público, y como aliciente, una oferta de trabajo que sería el punto de inflexión que marcó de manera importante lo que hoy soy y lo que planteo ser en un futuro. En abril del mismo año empecé a hacer parte de la editorial jurídica y contable más importante del país, y gracias a esto pude conocer un universo completamente diferente al que venía habitando, y a explorar y explotar otras aptitudes en mí que no conocía o que estaba desperdiciando.

Siempre fui un lector promedio y mi lista de libros leídos al año no pasaba de 10, pero en diciembre del 2014 una serie de obras se hicieron presentes en mi realidad y fueron la bomba de tiempo que cambió mi vida por completo. El 14 de enero del 2015 "Liberando Letras" dejó de lado a mi poeta frustrado y se convirtió en un blog literario, en donde hablaba de los libros que leía, las cosas que me había encontrado en ellos, la opinión que me merecían los mismos, y algunos otros temas relacionados con la literatura. El 14 de enero del 2015 nació un nuevo "Liberando Letras".

Gracias a esto adquirí una dinámica de lectura completamente diferente, que me llevó no solo a hacer más grande mi biblioteca, sino a interesarme en todo lo que había detrás de la construcción de un libro. Empecé a buscar información al respecto en internet y a indagar con la poca gente que conocía en el medio, y en ese aprendizaje e intercambio de conocimiento, mis reseñas y escritos fueron evolucionando y adquiriendo una identidad clara que estoy muy feliz de haber conseguido.


Con el paso de los días conocí más y más personas de distintas etapas de la cadena del libro que me enriquecieron y brindaron diferentes puntos de vista frente al espacio que gracias a mi blog estaba conociendo. "Liberando Letras" pasó de ser una serie de momentos de relajación y desahogo, a transformarse en un proyecto que hizo parte de mi día a día, y al que dediqué los esfuerzos que fueron necesarios, y todo el ánimo y las ganas del mundo. Invertí cualquier espacio libre en buscar nuevos autores, nuevas propuestas, en tratar de identificar tendencias, en conocer nuevos estilos, en rastrear novedades y en interactuar con el universo de la literatura que tanta pasión empezó a despertar en mí.

El pequeño proyecto creció un poco, y algunas editoriales decidieron apoyar lo que estaba haciendo, y colaborar conmigo. También autores tuvieron la gentileza de entregarme sus obras y conocer mi opinión al respecto, e incluso llegué a participar en presentaciones de libros y a hacer parte de charlas sobre literatura (pocas cosas disfruto más en la vida que hablar de libros y no quiero dejar de hacerlo nunca).


Con el paso de los semestres el amor por la contaduría se marchitó, pero no fue sino hasta que decidí especializarme que fui consciente de que a pesar de gustarme lo que estaba haciendo y de lo bueno que era para ello, ya no era algo que me apasionara, ni mucho menos a lo que quería dedicarme por el resto de mi vida. En esos momentos de confusión y desesperación, "Liberando Letras" fue el oasis en medio del desierto en el cual encontré calma, y del que sin ser completamente consciente empecé a alimentar un amor por algo completamente diferente a lo cual me venía dedicando.

Siempre tuve en mente dar el salto que hoy doy, pero pensaba que no era el momento oportuno, ni me había tomado el tiempo de tocar alguna puerta para hacerlo. La cosa es que la vida es bastante curiosa e inexplicable, y sin saberlo, "Liberando Letras" había hablado por mí mismo y se había encargado de abrir esa puerta que tal vez no había buscado, pero que con todas las fuerzas de mi ser quería encontrar.


Y sí, gracias a "Liberando Letras" me di cuenta que el mundo de la literatura y de todo lo que este comprende es lo que realmente me apasiona y me hace feliz. Hoy soy consciente de que esto es a lo que quiero dedicarme por el resto de mis días, y en lo que planteo ser uno de los mejores.

Bien dicen que los grandes cambios y las grandes decisiones casi siempre vienen acompañadas de grandes sacrificios, y el proyecto que ahora emprendo me pide uno mayúsculo, pero que debo dar para que todo valga la pena.


Pero antes de que mis ojos se llenen de lágrimas (les juro que no es nada fácil escribir esto), debo dar las gracias a quienes han hecho de este tiempo algo sin igual. Gracias a Javier Rodríguez por regalarme el amanecer rojo que hizo que toda esta rebelión contra mí mismo empezara, a Cindy Roa por ser la primera persona del medio en mostrarme su mundo y que aún se pueden hacer cosas de calidad (te quiero así como Grandulón al Sr. Peluche), a mi mamá por aprender a amar las letras que poco a poco le fui mostrando, a mi hermana por ser ese alguien que está ahí para hablar de lo que vivimos y de los lugares que visitamos gracias a las páginas de un libro, a Mónica Pradilla por enseñarme que las apariencias engañan y que una fangirl puede llegar a ser una lumbrera intelectual de miedo (gracias infinitas por ser mi camarógrafa oficial), a Ileana Bolívar de Ediciones Urano Colombia por ser la primera persona en confiar en este proyecto y por dejarme ver que no todo es cuantitativo sino que hay cosas que van mucho más allá (y gracias por presentarme a Navona), a Estefanía Trujillo de Ediciones B Colombia por permitirme decir que tengo una nueva amiga en el mundo (gracias por los envíos masivos, me hacían muy feliz jajaja), a Néstor Rivera de Editorial 531 por sus adjetivos ante mi trabajo y por su incansable y valiosa labor por la literatura colombiana (hombre, sos un teso en lo que haces y agradezco profundamente ese "lo tuyo no es de cantidad, sino de calidad, y eso no se encuentra muy seguido"), a Julián González por su buena onda y por poner mi nombre a sonar al momento de elegir a alguien para hablar de libros, a Margareth Tibavizco del FCE y al propio Fondo por creer en mi voz y por hacer realidad mi sueño de abrir un club de lectura, a Margarita Arenas por las pizzas y por recordarme lo que es verdaderamente importante en el camino (me temblaron las piernas como no imaginas pero fui inmensamente feliz hablando de esa mariposa azul), a Vanesa Florio de Del Nuevo Extremo por recibirme en su casa y abrirme las puertas de su país (sos lo más), a la pequeña gigante Valentina Quiceno por ser un ser excepcional y que espero conservar por mucho tiempo (ahora puedes volar sola y ser más grande que el mismo infinito, aunque siempre encontrarás un limón agrio para aconsejarte), a Alejandro Jiménez de Words and Books por su principito a la colombiana y por regalarme un poco de su inagotable pasión por todo esto (no he tenido mejores charlas sobre libros como las que tuve con este hombre), a Laura Forero por ser mi gigante saltamontes (GRACIAS), a Sol Funes por hacerme parte de "Qué estás leyendo" y por sus rulos que son un hit, a Isabela Cantos por permitirme conocerla y disfrutar de su sonrisa cada vez que nos vemos (algún día iremos de cacería, no lo olvides jajaja), a Juliana Zapata por enseñarme que aún a pesar de las diferencias se pueden crear grandes lazos y por permitirme hacer parte de su historia (mi rodilla raspada y los litros de aguardiente quedarán para la posteridad), a Angie Figueroa e Ignacio Rebolledo por ser un par de seres jodidamente especiales y mis chilenos favoritos después de Fuguet (tenemos que encontrar otra ciudad para perdernos), a Sergio Ocampo Madrid por ser Sergio Ocampo Madrid (caballero, espero leer muy pronto tu nueva historia), a Abril Kakera por tantos gustos compartidos y por creer en los libros (mujer, te admiro como no imaginas), a Camila Melo (te amo de una manera astral y algo utópica jajaja) y Margarita Montenegro (eres mi alma gemela literaria) de Panamericana por todo lo que me han dado y que espero algún día poder retribuirles, a Luis Fernández de Betoño por regalamer tus letras desde tan lejos, a Cristina Alemany por enseñarme que nunca hay que dejar de creer en los libros y que con ellos se pueden hacer grandes cosas (sos mi idola), a Andrés Salgado por la confianza (hombre, no puedo decirte más que gracias), a Carlos Rojas por su lecciones de creación literaria y por regalarme una de las mejores lecturas de mi 2016, a Alvaro Vanegas por ser el primero en mostrarme que Colombia tiene más que drogas y violencia (seguiré su carrera hasta el infinito y más allá), a Fredy González de Planeta Colombia por seguirme la cuerda en todas las locuras que se me ocurrían, a Cecilia Curbelo por su energía y sus ganas de crear un mundo mejor (nadie dijo que es una tarea fácil, pero mil gracias por nunca dejar de intentarlo), a Shannon Kirk por existir, a Romina Russell por la conexión y por tener la sonrisa más bella de las 13 casas del Zodíaco (espero poder presentarte cuando vengas a Colombia), a Hugo Marroquín por su energía inagotable y amabilidad desmedida, a Luisa Adriana Casas por Matías, y menciones especiales a Tulio Fernández y Gabriela Montoya de Penguin Random House, a Katherin Velandia, a la editorial Libros de Seda, al equipo de Laguna Editores, a María Fernanda Medrano de Calixta Editores, a Lucía Donadío de Sílaba Editores, a la gente de Intermedio Editores, a Ian Schneider, a Felipe Gamboa, a Laura Bonilla, a Andrea Luna, a Mariana Chiquillo, a Eliana Castillo, a Bri Cortés, a Filipe Polydoro, a Antonio Ortiz, a Claudia Vega, a Sol Monroy, a Tania Castillo, a Eliana Quintero, a quienes alguna vez entraron a este blog y leyeron una entrada, y a todos los que se quedan por fuera de mi retentiva en este momento, pero que de un modo u otro hicieron parte de esta aventura.

Hoy, 16 de enero del 2016, dos días después del cumpleaños número dos de este blog, debo despedirme de esta etapa de "Liberando Letras" por tiempo indefinido, no sin antes decirle que las lágrimas que en este momento me acompañan son de tristeza pues duele mucho dejar algo que se quiere tanto, pero al mismo tiempo de felicidad y agradecimiento infinito por todo lo que gracias a él he logrado, y por todo los retos y las satisfacciones que dibuja el horizonte con este nuevo ciclo que hoy emprendo. Por supuesto que habrán otros espacios y seguiré hablando de libros en todos los que pueda, pero nada será como esto... 


Gracias "Liberando Letras" por las experiencias, las enseñanzas, las lecciones, los amigos, las oportunidades, las alas que hoy me brindas y la luz que me ayudaste a encontrar. En serio, gracias totales y espero que más pronto que tarde, podamos encontrarnos en el camino.


Reseña: "La vida es Linda" - Linda Guacharaca

En Colombia las calles tienen un común denominador, y no son los huecos, la basura en el suelo o los vendedores ambulantes, sino los animales sin hogar. En cada esquina vemos perros y gatos escarbando entre lo que para nosotros es basura, en busca de algo de lo cual puedan alimentarse. Ellos son víctimas de peleas territoriales con los de su misma especie, del maltrato proveniente de los seres humanos, del ataque inmisericorde de máquinas con ruedas y sin alma, de discriminación por ser más criollos que la chicha, o de los diferentes estados de ánimo por los que pase el clima día tras día.

Ellos son seres vivos como ustedes o como yo, con derechos al igual que todos, y con un merecido espacio en este planeta al que llamamos hogar. Ojalá algún día entendamos el precioso, aunque maltratado, concepto de convivencia.

Linda Guacharaca es una perrita criolla de color dorado, caminado sensual y sonrisa diabólicamente encantadora. Ella, al igual que todos, carga con una historia a cuestas, pero créanme, su vida es merecedora de ser contada, y es por eso que el proyecto independiente Ediciones Guacharaca ha decidido darle un espacio. Es hora de meter el hocico y hablar de “La vida es Linda”.

Yamila, la mamá de Linda, es la administradora del blog elmundoa4patas.com, mediante el cual hizo una campaña de financiamiento conjunto para hacer que lo que en su momento fuera un simple sueño, se convirtiera en el proyecto tangible con que contamos ahora. Un libro físicamente maravilloso, lleno de detalles visuales que van muy de la mano con la historia que dentro de pasadas 200 páginas se cuenta.


Esta es una novela autobiográfica en la cual Linda Guacharaca, de su pata y letra, nos cuenta todo lo que tuvo que atravesar desde el día que una mujer de un acento extraño y al que ella no estaba acostumbrada, decidió tomarla en sus brazos y darle un giro de 180° a su existencia. Aunque el estado de Linda no podía ser peor (desnutrida, con la columna maltrecha, una pata inservible, miles de pulgas que la habían hecho su hogar, y con problemas psicológicos graves debido al maltrato al que había sido sometida), la vida le tenía muchas cosas en el camino a esta luchadora incansable.

El de Linda es un recorrido que en materia editorial, textualmente hablando, puede dejar por momentos mucho que desear, pues ciertos apartados lucen como charlas apresuradas, palabras al viento o pensamientos sueltos que no se conectan de manera adecuada o que lucen precipitados, pero todo eso queda de lado ante lo inspiradora que puede llegar a ser.

Linda y Yamila son un ejemplo de vida para cualquiera de nosotros, pues se sobrepusieron a un sinfín de situaciones que las llevaron al límite, para llegar a ser la familia que son hoy en día (sí, una familia, porque, aunque algunos se mantengan en la cerrada posición de afirmar que solo hay un tipo de familia, la realidad nos muestra otra cosa).

Capítulo a capítulo vamos a ir conociendo todas y cada una de las cosas por las que este par de luchadoras tuvieron que pasar en el proceso de resocialización de Linda y de adaptación de Yamila: visitas al veterinario, miedo a la calle, compartir un espacio, buscar una nana, salidas al parque, conocer a los abuelos, hacer amigos, tomar un baño, viajar, extrañar el pasado, habituarse al presente y plantearse un futuro.

Foto tomada de elmundoa4patas.com
Cada paso que damos junto a esta perrita de espalda en forma de “S” y su mamá, está cargado de dosis precisas de inocencia, jocosidad, rabia y tristeza. La vida no es nada fácil, todos tenemos problemas, y textos como el que Linda nos regala son un bálsamo poderoso de cara a ejercicios de reflexión y al fortalecimiento de nuestras cualidades sociales, pues la voz de esta cuadrúpeda es inimitable, poderosa y esperanzadora.

Pero además de esas precisas dosis ya mencionadas, el texto está minado de mensajes y enseñanzas funcionales y pertinentes para todo momento de la vida, y no solo en nuestro relacionamiento con los animales, sino con otros seres humanos y en nuestra interacción con nosotros mismos. Aquí nos encontraremos con una definición bastante válida de lo que son el amor y la amistad, una forma de vida más que interesante, un reflejo de cierto tipo de actitudes que bien podríamos reprocharnos, y, en fin, un montón de cosas que vale la pena leer, problematizar y vivir.

“La vida es Linda” es una oda a la felicidad, a la lucha constante, al no darse por vencido, al amor sin medidas y al deseo indeterminado de vivir a pesar de todo. Una historia valiosa en todo el sentido de la palabra, que me hizo reír como loco y aprender mucho. Esta señorita se lleva en su lomo una de mis lágrimas.